De no planear la sucesión, la continuidad de la compañía puede estar en riesgo. Generar pleitos testamentarios de grandes dimensiones y, sobre todo, detener el crecimiento o afectar la certidumbre de sus operaciones frente a inversionistas de los mercados de valores, son sólo algunos de los riesgos.

 Hace 17 años, el nombramiento de Dionisio Garza Medina al frente del Grupo Alfa, tras la decisión de Bernardo Garza Sada de retirarse de la dirección del grupo en 1994, se presentó en el marco de un cuidadoso proceso de selección a cargo de expertos externos en procesos de relevos generacionales. Garza Medina fue entrevistado por los asesores contratados por el Consejo de Administración del grupo regiomontano, proceso que también incluyó a otros miembros de la familia como Mauricio Garza.

Pero 15 años después, en medio de la debacle financiera del invierno de 2008 y tras las pérdidas registradas por Alfa por sus posiciones en instrumentos derivados, su Consejo de Administración solicitó la renuncia de Dionisio Garza Medina. El corporativo regiomontano exploró, sin embargo, el camino institucional y una de las mejores prácticas del gobierno corporativo para designar al sucesor de Bernardo Garza Sada en una decisión avalada por las legendarias familias regiomontanas que participan en la controladora de empresas con participación en áreas como petroquímicos, plásticos, fibras, alimentos refrigerados y autopartes de aluminio.

Sin embargo, cuando el control de una compañía se concentra en pocas manos o hasta en un solo hombre, las decisiones resultan menos institucionales y sumamente complejas. El escenario se complica si es él quien se encarga de ejecutar las acciones de la empresa. Entonces, a la muerte del patriarca se presenta y, entonces, la disyuntiva de encontrar un sucesor que mantenga el control del negocio pero sobre todo el crecimiento, se convierte en un verdadero vía crucis.  

 Grupo Industrial Saltillo (GISSA) es ejemplo de una sucesión fallida en donde a la muerte del fundado del corporativo, sus herederos Isidro y Javier López del Bosque tomaron la decisión de retirarse del negocio y nombrar administradores profesionales ante los problemas de gestión que enfrentó la compañía.

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