Miriam Lira

Festival Internacional de jazz de la Riviera Maya / Foto: Carlos García - Guacamoleproject.com
Festival Internacional de jazz de la Riviera Maya / Foto: Carlos García - Guacamoleproject.com

Un espía revolotea entre la arena y el agua con el primer compás. Como si traspasase por todo, retiembla la arenisca y el mar azul turquesa, los obliga a acoplarse a su ritmo.

Los asistentes no ponen resistencia, están conscientes de que el recorrido está por comenzar, a ellos también los traspasa, emociona e incita.

De pronto, y como por arte de magia, hace que desaparezca el idioma, la procedencia y las tradiciones. Aquello es un lugar sin fronteras dominado por la música, por los acordes del jazz.

La noche cobijó la playa mientras las luces multicolores de un gran escenario a la orilla del mar, poco a poco, descubrieron siluetas. La superposición de ritmos regulares e irregulares con notas a contratiempo y síncopas revelaron a uno de los guitarristas más  importantes del jazz- fusión y jazz-rock de su generación, Mike Stern. Lo acompañaba el baterista Dave Weckl.

La gente se volcó en aplausos. Él los calmó con melodías tranquilas, llenas de romanticismo, elegancia y gentileza. Como si se tratara de un escenario idílico la luna se asomó sigilosamente entre un par de nubes, iluminando el mar y dejando al descubierto un cielo estrellado. La serenidad en segundos pasó a agresividad, rechinó la guitarra. Se convirtió en un solista heroico capaz de llegar a las notas más excitantes de Hendrix. El público gritó, lo alabó. Una montaña rusa de emociones, dominada por el rock, funk, blues, la improvisación.

El turno de las suaves notas llegó con Dave Lins, la superestrella brasileña de bossa nova, que en 2005 ganó el Grammy Latino por su álbum Cantando Historias. A pesar de encontrarse más de ocho mil personas en la playa, “Love dance”, estremeció a la multitud, un silencio delicioso arrullado por el romper de las olas, fue su marco.

Exóticos chicos de jazz progresivo, de pronto se adueñaron del escenario. Provenientes de la tierra del mariachi, con olor a tapatío y sin temor a realizar las más osadas locuras musicales, Troker deleitó y bailó con su producción Jazz Vinil. Parecía que hasta las palmeras se movían al ritmo de “El novio” fusión de melodías pegajosas con un toque de “El sirenito” de Rigo Tovar.

Mientras que, la aparición de Al di Meola, cimbró a la concurrencia con temas de sus afamados discos de jazz fusión, Land of the Midnight Sun, Elegant Gypsy y Casino. A más de uno transportó en el tiempo e impactó a los oídos más estrictos con la explosión virtuosa de su guitarra.

Un gordito bonachón, apodado Bluey, tomó el micrófono para presentar a Incognito, “Cuando la gente viene a los conciertos, lo hace como si necesitará algún tipo de curación, o de sabiduría. No soy un médico ni un profeta, por lo tanto, todo lo que puedo hacer es darles algo a través de la música, un mensaje con las letras de nuestras canciones. Ese es nuestro objetivo. Estamos en el escenario, para unir y animar a la gente.”

Al término de estas palabras las trompetas estallaron. Expresivas y talentosas voces femeninas resonaron y la fiesta comenzó con “Always There”. El acid-jazz que los caracteriza, continuó con temas de sus producciones Bees+Flowers+Things y Tales from the beach. Aún en sus baladas más melancólicas, el mensaje de esperanza y positivismo estuvo presente. Característica extraordinaria del grupo Londinense.

“Espero que encuentren algo en mi música, algo que les hable de una manera que jamás hayan escuchado”, Advertía John McLaughlin presagiando una gran presentación. Así fue. Canciones como “Four Years”, “Human” y “For you from me”, hicieron una velada, de por sí ya asombrosa, un paraíso terrenal.

Al pisar el escenario expresó, “Tengo algunas debilidades, como las rancheras y los boleros, trataré de ajustarme al jazz. Pero no prometo nada lejano a lo que soy: pasión, canto e historias”, era Eugenia León. Acompañada por una banda jazzística bastante sólida, presentó grandes boleros con un toque de jazz. El clímax llegó con “Frenesí”. Su pasión fue tal que pidió a una pareja del público mostrara su amor con un beso. Luego, les dedicó la canción, besó a su esposo Fernando Toussaint y sentencio, “las canciones son como los amores hay que dejarlos ir, ser libres, luego regresarán con más fuerza”.

El final estaba por llegar. “El mejor idioma para el amor son las canciones”, cerraba Armando Manzanero con La Big Band Jazz de México interpretando “Contigo aprendí”, “Voy a apagar la luz”, “Te extraño” y “Esta tarde vi llover”. Canciones tan íntimas que pareciera que fueron escritas para uno mismo.

En la música, algunas veces y en algunos géneros, es más importante el corazón que la técnica, me parece que era eso lo que revoloteaba por ahí.

*El festival Internacional de jazz de la Riviera Maya se efectúa cada año en Playa del Carmen. Fotogalería

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