Caetano Veloso

Su música intensa, original, densa y profunda pero sobre todo sin fronteras comunica los más escondidos sentimientos sin importar el idioma de la interpretación. Veloso, una vez más, conquistó a sus seguidores en México.


Tal vez fue con su álbum Fina Estampa, evocando a la folclorista peruana Chabuca Granda, que en 1995 Caetano Veloso se robó el corazón de muchos mexicanos. Pero el verdadero romance se inició siete años después, en la película Hable con ella del cineasta español Pedro Almodóvar, cuando el músico brasileño originario de la provincia de Bahía conquistó a muchos otros que aprobaron con creces su interpretación de la canción escrita por Tomás Méndez: Cucurrucucu Paloma, el clásico de la música mexicana, considerado una de las piezas en español más bellas del mundo.

Esta vez, sin embargo, al presentar su más reciente producción en el Auditorio Nacional Caetano Veloso puso a prueba al público mexicano. No hubo, por lo tanto, espacio para falsos seguidores.

Durante dos horas, Veloso, a sus 68 años, hizo gala de su voz aguda, de barítono – opinan algunos expertos-para presentar su nueva producción: Zii e Zie (que en italiano bien podría traducirse como Tíos y Tías aunque, sin problema, integra otros significados en vocablos populares brasileños). Con esta propuesta, Veloso, sólo por esta ocasión, no quiso ser el excepcional cantante, el poeta o el músico solista.

Su nuevo disco estuvo planeado, concebido y ejecutado para la banda Cé, integrada por Pedro Sá, un joven y talentoso guitarrista – tal vez uno de los más brillantes en Brasil – quien también se hace cargo de la producción del material discográfico de Caetano; por el baterista Marcelo Callado y el bajista Ricardo Dias Gomes. Con aspiraciones orquestales, este trío ejecuta en la nueva producción varias piezas en donde la guitarra es protagonista y las percusiones rescatan la tradición de la música popular brasileña exaltando, por supuesto, a una bossa nova renovada y dispuesta a permanecer en movimiento. La sorpresa es la introducción del rock más puro que Caetano puede concebir y respeta sin olvidar su incursión en el jazz y la fusión de estilos.

Será, entonces, por la influencia de esta nueva generación de músicos, por la cercanía con su hijo Moreno Veloso, quien se hace cargo de su producción, o quizá tan sólo por su obsesión de siempre sorprender y reinventarse, que el intérprete brasileño ofreció a finales de marzo pasado un espectáculo en el Auditorio Nacional en el cual dominó el rock y los nuevos acordes; en donde las guitarras solistas se hicieron presentes sin temor al protagonismo mientras una conjunción exacta de luces, colores y escenarios multimedia transportó a los asistentes de las bahías brasileñas, del Pão de Açúcar – el emblemático morro de Río de Janeiro-, a las calles de Cuba.

No faltó en ninguna de las interpretaciones el sentido de las armonías, el sentimiento y el infaltable blanco en el escenario: el silencio, la pausa exacta. Caetano cantó en inglés, en español, en portugués y como un eficaz juglar contó muchas historias. Dice Veloso que

Zii e Zie también retrata la transición del Brasil de Fernando Cardoso al momento estelar que vive Luis Inácio Lula Da Silva. No se trata, por lo tanto, de un disco apolítico. Las producciones de Caetano nunca lo han sido. Ha cantado contra las dictaduras militares, sobre el exilio, la pobreza, la injusticia y al amor, por supuesto.