La Secretaría del Trabajo ha propuesto que las nuevas tecnologías permitan incrementar las opciones de contratación de personal como las madres solteras que necesitan cuidar a sus hijos y obtener un ingreso. La idea, totalmente acertada, podría extenderse no sólo como una divisa política, sino como una opción para revertir la crisis energética y ambiental del país. Es tiempo de un cambio de sentido.


Roberto Carmona y Antonio Rada

México frente al siglo XXI enfrenta como reto una peligrosa combinación de tasas crecientes de consumo de productos refinados -particularmente gasolinas y diesel- y decrecientes en la producción y en la adición de reservas petroleras, en medio de un escenario de elevados precios de petróleo y productos refinados. Las inversiones tanto en exploración y producción, como en refinación serán necesarias para enfrentar los requerimientos de consumo del país, pero será también necesario ajustar el otro lado de la ecuación: racionalizar la demanda.

Hasta hace poco, la estabilidad macroeconómica del país había facilitado la adquisición de bienes muebles e inmuebles a un menor costo financiero, caso específico es el de los créditos automotrices. En menos de tres años, el número de vehículos en circulación en el país se incrementó  18%. En octubre de 2007 se registraron más de 24 millones, cifra superior en 3 millones 648 mil 789  respecto del total nacional de vehículos en circulación de enero de 2005. Sin duda es un gran beneficio social el contar con crédito barato y un parque vehicular más nuevo, pero las horas de embotellamientos han llegado al borde de lo ridículo. Éste no es un uso adecuado y racional de los combustibles, es un desperdicio que no debemos seguir permitiendo.

Requerimos de ideas sencillas, claras e innovadoras para enfrentar este reto. Una opción es hacer un mejor uso de las nuevas tecnologías de información para implementar horarios de trabajo más flexibles e incluso a larga distancia desde el hogar. ¿Cómo surge esta necesidad? Sabemos y diariamente muchos de los mexicanos que viven en las grandes ciudades padecemos la estrecha relación entre los horarios de tráfico con los laborales y escolares, al entrar casi todas las escuelas entre las 7 y 8 de la mañana se generan problemas de circulación por toda la ciudad; lo mismo sucede con los horarios de entrada a trabajar: la mayoría de las empresas entran entre 8:30 y 9:00 de la mañana, pero no sólo eso, el fenómeno se repite a la hora de la comida en que salen los niños de la escuela y una vez más en las tardes-noches cuando es el horario de salida del trabajo.

Ahora bien, el modelo actual de trabajo es obsoleto, está basado en las épocas en las que no existían computadoras personales, ni correos electrónicos, ni celulares, ni tampoco Internet. Era, por lo tanto, necesario ir del hogar al centro de trabajo diariamente; ahora no lo es tanto, al menos no todos los días, ni todo el personal empleado tiene forzosamente que asistir a su centro laboral para cumplir con sus funciones laborales, he ahí el área de oportunidad que proponemos en este artículo. El beneficio agregado directo de implementar trabajo fuera del centro laboral sería la disminución de los congestionamientos viales, haciendo más eficiente el uso de los combustibles de los vehículos en circulación, reduciendo la tasa de crecimiento de la demanda.

Otros beneficios importantes serían los ambientales. Este nuevo hábito y modelo laboral estaría a favor de las medidas de conservación y preservación del medio ambiente, lo cual permitiría hacer uso del mercado financiero de reducción de emisiones, como el del Banco Mundial. Con esos recursos podría financiarse un sistema de transporte público más moderno o dedicar mayor inversión a la investigación y desarrollo de energías renovables, cuyo uso es  inferior al 2 por ciento del total del consumo de energía en el país, frente a un 8 por ciento del promedio mundial.

Por otra parte, el mercado laboral se vería beneficiado en su conjunto con la implementación de las tecnologías de información. Contaríamos con un modelo laboral más incluyente, pues facilitaría la contratación de discapacitados, de mujeres, en especial de madres solteras, de ancianos y de jóvenes, para quienes las tasas de desempleo son las más elevadas del país. La productividad laboral aumentaría, pues la empresa destinaría menos recursos por empleado, obteniendo los mismos o tal vez mejores resultados, puesto que sus empleados trabajarían con menor estrés (al evitar estar enfrascados en el tráfico) y en horarios donde su desempeño es óptimo (por ejemplo, hay personas cuyo rendimiento es mayor durante las noches). La utilidad financiera de la empresa, así  como el salario real del empleado, se elevarían al reducirse la estructura de costos para ambos, ya que los empleados ahorrarían en transporte y comida callejera, mientras que las oficinas reducirían sus espacios y gastos propios de la labor.

Una reforma real y práctica

El gobierno federal podría hacer uso de un modelo laboral más innovador para promover el empleo, la disminución de sus costos fijos, y también para promover su desconcentración de las grandes ciudades, en beneficio del desarrollo regional, reduciendo al mismo tiempo la carga financiera de la federación a los estados.

Éstas son tan sólo algunas de las ventajas más obvias que podríamos obtener de hacer un uso más eficiente de las herramientas tecnológicas con las que contamos para aumentar la competitividad laboral, que dicho sea de paso, la eficiencia del mercado laboral ocupó la peor posición de México entre las clasificaciones del Índice de Competitividad del Foro Económico Mundial, (lugar número 92 de 131 países evaluados).

Continuar sosteniendo los modelos obsoletos de mediados del siglo XX tanto en el marco laboral como en el energético es la alternativa más costosa que tenemos. Pretender solucionar el rezago laboral, el energético, el financiero o el educativo, por mencionar sólo algunos, como problemas independientes denotaría una visión miope, anticuada y estéril para solucionarlos. La tecnología del siglo XXI puede servirnos para mejorar la competitividad laboral e incrementar la eficiencia energética. Estamos ya acostumbrados al uso cotidiano de la tecnología de información y comunicaciones, simplemente tenemos que sistematizarla y organizarla para aprovechar la sinergia de ambos sectores y conseguir al mismo tiempo, un mercado laboral y una industria de la energía dignas del siglo XXI.

Sin duda, el reto de modernizar a la industria petrolera y al mercado laboral es mayúsculo. ¿Por qué no reducir la magnitud del reto al mismo tiempo que le quitamos presión a la industria petrolera, mejoramos nuestro medio ambiente, nuestra calidad de vida y también de paso incrementamos nuestra productividad laboral?

Producción petrolera diaria en México

PEMEX

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Situación Propuesta Situación Actual

SECCIÓN: INVESTIGACIÓN / NACIONAL

ENTRESACADOS

*El modelo actual de trabajo es obsoleto, está basado en las épocas en las que no existían computadoras personales, ni correos electrónicos, ni celulares, ni tampoco internet.

*El beneficio agregado directo de implementar trabajo fuera del centro laboral sería la disminución de los congestionamientos viales, haciendo más eficiente el uso de los combustibles de los vehículos en circulación, para así reducir la tasa de crecimiento de la demanda.

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