Dinero. De entre todos ¿quién puso a rugir las monedas en los cuencos de sus manos?

¿Quién cazó con sus garras la fiesta del pecunio?

¿Quién se amancebó blandiendo la masa del principio financiero?

¿Quién trajo a los menesterosos? ¿Quién los puso frente al público?

Pedro Damián, poeta infra


Cómodamente protegido por los feroces aparatos represivos del Estado –expertos en intimidar, golpear, secuestrar, asesinar o lanzar impunemente gases lacrimógenos a los trabajadores electricistas– y festejado por su indulgente y selecto coro, favorecido de sus políticas oscurantistas, depredadoras y autócratas –los capos de las iglesias violadoras del Estado laico, Norberto Rivera y Antonio Chedraui; la oligarquía beneficiaria del capitalismo como Lorenzo Servitje, Carlos Slim o Roberto González; los dueños del sindicalismo corporativo como Carlos Romero, Víctor Flores o Joel Ayala, y algunos miserables manipulados con las limosnas asistencialistas para darle un “baño de pueblo” a la ceremonia–, Felipe Calderón no sólo festejó la primera mitad de su teocrática administración. Con ese escenario de utilería, el alegre Calderón pudo hacer gala de la exuberante demagogia (la parodia de Pisístrato, conocido como el primer demagogo de la historia) y la mentira que le caracterizan, de sus delirios de grandeza para alterar la realidad y tratar de esconder, detrás de su México alegórico, sus inocultables y ominosos saldos: la mediocridad de su improvisado mandato; su incapacidad para enfrentar el naufragio económico del neoliberalismo local; la crisis social; sus desastrosos yerros y fracasos políticos; la corrupción que supura por las llagas abiertas de la nación; su despótica sedición de la legalidad; su ascendente descrédito y divorcio de la mayoría; las fracturas, resentimientos y la polarización que ha provocado al agitar el avispero de la lucha de clases, que ha desperezado el fantasma de la revuelta y la ingobernabilidad ante unas elites antidemocráticas y su modelo neoliberal antisocial, responsable de la creciente pobreza y miseria de poco más de 70 millones de mexicanos.

Además, con su prosaico patrioterismo, Calderón delineó sus atronadoras amenazas que se ciernen sobre la nación con su pretendido ahondamiento de la contrarrevolución reaccionaria, económica y sociopolítica, que sin el consenso de la mayoría pretenderá imponer en la segunda mitad de su gestión. Su éxito dependerá del respaldo de la oligarquía y sus hermanos de sangre, la derecha priista que, sin duda, lo harán porque ambos serán los principales beneficiarios. Los priistas tratarán de capitalizar las contrarreformas calderonistas, porque una vez aprobadas en el Congreso, les otorgaría un mayor margen de maniobra en caso que regresen a la Presidencia en 2012; además que buscarán endosarle los costos de las antipopulares y antinacionales medidas a los panistas, y presentarse ante la oligarquía como administradores confiables de sus intereses, ya que ésta se aleja cada día de Calderón, a quien ven con progresivo y ríspido recelo, merced a su “traición” fiscal y su incompetencia. Según Gerardo Gutiérrez, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana, los “avances” en el primer trienio han sido “insuficientes para darle al país un rumbo firme en el mediano y largo plazo”. Se “conserva la estabilidad macroeconómica, pero [la economía] no puede crecer de manera sostenida a una tasa anual superior a 2.5 por ciento”, por lo que “es necesario sentar las bases para crecer a 7 por ciento anual en el mediano plazo, ya que es la única forma de reducir significativamente la pobreza, la cual debe de ser la prioridad para los próximos tres años”. Calderón “tiene [que] trazar las líneas esenciales de un nuevo modelo económico de largo plazo y convocar a un gran pacto social para implementarlo” (El Universal, 30 de noviembre de 2009).

Con pacto o sin él, salvo con los priistas, por necesidad, con o sin crecimiento, sin rumbo o sin él, de todos modos Calderón se prepara para seguir complaciendo a los únicos beneficiarios de su gerencia de los negocios. César Nava, el líder panista que realiza doctas campañas de afiliación con payasos e incorpora a sus “juanitos” de la farándula (la vaca tomasa de Patylu) o luchadores, es cínicamente explícito: “La segunda generación de [contrarre] formas en materia energética” busca “permitir la participación de la iniciativa privada en la exploración y refinación de crudo, así como la transportación de hidrocarburos” (La Jornada, 30 de noviembre de 2009). La nueva embestida neoliberal que se prepara para el segundo trienio es ambiciosa: 1) otra vez su contrarreforma fiscal que, todo indica, buscará imponer la “progresividad” en los impuestos al consumo: que paguen más quienes menos tienen; 2) la mayor destrucción del Estado y la entrega de las riquezas nacionales a los grandes capitales locales y foráneos, con la renovada “modernización-reprivatización” de la industrias energética (la petrolera, la eléctrica), de telecomunicaciones, y de la infraestructura. Seguramente Asea Brown Boveri, Bimbo, Wal-Mart o Nestlé y otras empresas beneficiadas con los 234 permisos en el sector eléctrico, las transnacionales petroleras, Televisa, Telefónica y demás, aumentan sus fortunas al depredar al Estado con las obscuras reprivatizaciones afilan las dentelladas para la segunda parte de la “fiesta del pecunio”; 3) la mayor capitulación del Estado ante tiránico “mercado libre” empresarial, con la profundización de la “desregulación” interna y apertura externa que agravará la mortandad de los pequeños y medianos productores; 4) el anzuelo de la neoporfiriana contrarreforma que proyecta desempolvar la reelección de legisladores y de alcaldes, sin duda el paso anterior para las gubernaturas y la Presidencia para las ambiciones de Calderón, aventura que ya había seducido a Carlos Salinas y que fue sangrientamente abortada por las elites; 5) para garantizar la aplicación de las contrarreformas, los militares se quedarán en las calles. Se mantendrá el estado de excepción, el estado policiaco-militar, pese a la derrota sufrida ante el narcotráfico y el cúmulo de muertos. Será útil para los descontentos sociales.

¿Quién resistirá las incitaciones contrarreformistas de Calderón? Los priistas no porque Francisco Labastida y Carlos Jiménez ya se frotan las manos con la reelección, aunque Porfirio Muñoz Ledo acusó al michoacano de pretender “descuartizar” la propuesta de reforma completa y plural del Estado que ya existe, que incluye 127 pactos, y convertirla en “una mala caricatura” al tomar “sólo cinco cabos sueltos”, con los cuales, con el consentimiento del Partido Revolucionario Institucional, busca darle “terapia intensiva” a su agonizante gobierno. Enrique Peña Nieto las usará para reforzar sus amores con Emilio Azcárraga y los oligarcas que quieren encumbrarlo, al igual que Fidel Herrera que prefiere asesinar y encarcelar a las veracruzanas que deciden ejercer su derecho al aborto, con lo que también prefiere condenar a sus hijos a la miseria y así ganarse los favores carnales de los trogloditas católicos que quieren regresar al país a las cavernas, o Manlio Fabio que ha sido espléndido con sus regalos a las empresas de las telecomunicaciones, en especial a Televisa. Como regalo navideño, el Senado reformará la ley de inversiones extranjeras para abrir totalmente las puertas a las transnacionales de la telefonía fija. ¿La mano de Manlio?

¿Qué importa entonces si la primera mitad del calderonismo se definiera por la peor catástrofe económica desde la Revolución de 1910-1917?

Calderón no se olvidó de la chusma. Sus nobles sentimientos no podían olvidar a los náufragos del neoliberalismo. Era inevitable, no porque a calderón le preocupe que México se haya convertido en un líder mundial productor de pobres, sino porque estropean su imagen externa. Dice la Comisión Económica para América Latina: “El único país en el que se registró un empeoramiento en la situación de la pobreza fue México, lo reflejan los primeros efectos de la crisis económica”. En 2008, afectó a 34.8 por ciento de la población, unos 37 millones, superior al 31.7 por ciento registrado en 2006. México se hermana con los países con mayor tasa de pobreza respecto de su población, cercana al 50 por ciento, nivel similar o comparativo al de El Salvador, Perú y República Dominicana, y se aleja de los niveles de Argentina, Chile, Uruguay y Costa Rica, que tienen tasas inferiores a 22 por ciento. Según el Banco Mundial, la recesión en que cayó la economía mexicana en 2009 sumió en la pobreza a 4.2 millones de personas, aproximadamente, adicionales a los 5.9 millones que cayeron en esa condición entre 2006 y 2008. Hasta 2008 eran 50.6 millones. En 2009 subieron a 54.8 millones, el 51 por ciento de la población (107.4 millones a junio). En sentido estricto superan los 70 millones. El suspirante presidencial Chicago boy Ernesto Cordero se vio obligado a aceptar esa horrenda imagen.

Por ello Calderón señaló que “es hora de enderezar el rumbo social del país. La primera de [sus] prioridades” será la reducción de la pobreza extrema. ¿Cómo? Con las limosnas y las contrarreformas laborales; el desmantelamiento de las leyes del trabajo para consolidar el triunfo del capital sobre los trabajadores; con la “flexibilidad” que legalizará el fin de la seguridad en el empleo y acabará con los contratos colectivos, las prestaciones sociales y los servicios de salud; el debilitamiento y destrucción de los sindicatos autónomos, como los de los electricistas o las azafatas, y los corruptos premios a las paraestatales: petrolera, electricistas o maestros de Elba Esther; la imposición arbitraria de las jornadas de trabajo y del despido de los empleados; la preferencia sobre los trabajadores temporales, incluso por horas, sobre los permanentes, con la precarización al garantizar el permanente retroceso del poder de compra real de los salarios. La “competitividad” y la acumulación capitalista exigen la creciente pobreza, miseria y exclusión social. Los filosos colmillos y las babeantes fauces del cancerbero Javier Lozano se encargarán de imponer la paz mussoliniana de la “flexibilidad” y miseria laboral.

Calderón, los panistas y los priistas formalizarán la conversión de los obreros en esclavos “modernos” que, de hecho, ya existen. “El esclavo moderno es una población explotada a la que no se le respetan sus derechos y a la que se tiene encadenada a la pobreza”, dice Margarita Nemesio, coordinadora del área de Migrantes del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, Guerrero. Son alrededor 3 millones de trabajadores agrícolas, en su mayoría indígenas y migrantes, hombres, mujeres y niños, originarios de Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Veracruz, Guanajuato, Chiapas y otras entidades, que buscan trabajo en Baja California, Chihuahua, Sonora o Sinaloa o Michoacán, donde las normas laborales son las de los peones acasillados y las tiendas de raya del porfiriato. Es la carne humana que Calderón aspira legalizar su exportación a Estados Unidos. “Son los esclavos del siglo XXI” –dice Lauro Barajas, director de organización de la Unión de Campesinos de América, fundada en 1962 por César Chávez– con los que Estados Unidos no podría vivir, sin embargo, son invisibles: nadie les oye, nadie les defiende, nadie se preocupa por ellos a no ser por las organizaciones que buscan el reconocimiento de sus derechos laborales”.miles de mexicanos tratados como esclavos en el campo y en las ciudades; son trabajadores agrícolas y domésticos, prostitutas, migrantes o niños obligados a las esquinas. (El Universal, 30 de noviembre y 1 de diciembre de 2009). Son los

La primera “prioridad social” de Calderón fue aplastar a los trabajadores electricistas que obstaculizaban la destrucción, reprivatización y desnacionalización de la industria eléctrica, pontificada por la “Suprema” Corte.

Seguramente la señora Margarita Zavala, se conmovió hasta las lágrimas durante el festejo del trienio. En enero de 2009 Calderón inauguró el VI Encuentro Mundial De Las Católicas Familias y ella cortó el listón que abrió las actividades, acompañada por la cavernícola yunquista Ana Teresa Aranda. Allí se vendieron (nada de regalar) mercancías religiosas, medallas, nichos guadalupanos, libelos místicos.

Las trabajadoras electricistas brutalmente despedidas por el rey consorte pidieron dos veces el apoyo de género de la señora Zavala. Una vez las recibió y les dijo que aceptaran la liquidación. Les preguntó: ¿por qué no se dedican a vender en un puesto de celulares? Sus esposos pueden aprender carpintería. Una insolente asalariada le respondió: ¿Por qué no lo pones tú? El presidente podría tomar un curso de carpintería y les salen más baratos los muebles. La segunda vez, la “primera dama”, por la vía marginal, no se dignó a recibir a las sinvergüenzas.

Dícese que María Antonieta de Austria, impopular princesa de Hungría y Bohemia, archiduquesa de Austria, reina consorte de Luis XVI, conocida por su frivolidad, nulas luces y fastuosa vida, fue encarada por el pueblo, en Versalles, debido a falta de harina y trigo, en plena Revolución Francesa. Unos dicen que respondió: “Si no tienen pan, que coman pasteles”, acrecentando la furia y el odio del pueblo. Otros dicen que el filósofo Jean-Jacques Rousseau dijo que la frase fue dicha por la reina María Teresa de Austria, esposa de Luis XIV: “Si no tienen pan, que les den empanadas” (s’il ait aucun pain, donnez-leur la croûte au loin du pâté). Históricamente, cualquiera que haya sido la expresión quedó endosada a María Antonieta.

En 1793, la guillotina hizo rodar los monárquicos y panaderos cráneos de Luis XVI y de María Antonieta.