Los supuestos abusos laborales que padecen los trabajadores de DHL originaron una campaña internacional encaminada a obligar al gigante de la logística y servicios exprés a suscribir un contrato colectivo global que garantice los derechos y prestaciones de sus 310 mil empleados en 220 países

El consorcio DHL Global Forwarding, líder mundial en servicios exprés, logística y mensajería, se encuentra envuelto en un escándalo. El pasado 9 de noviembre, en Bruselas, se desnudaron sus supuestas ilegales prácticas corporativas y abusos en contra de sus trabajadores, prácticamente en todas las regiones donde opera.

Lo anterior durante el lanzamiento de la campaña Respect to Workers of DHL, con la que las organizaciones Uniglobal Union (UNI) y la The International Transport Worker’s Federation (ITF) buscan obligar a DHL a que firme un acuerdo global que garantice los derechos laborales y condiciones dignas para sus 310 mil empleados en los 220 países donde opera, incluido México.

En entrevista con Fortuna, Ivonne Jackelen, coordinadora de la campaña, explica que la iniciativa derivó de las numerosas quejas y denuncias que la UNI y la ITF han recibido. Abusos en contra de los trabajadores de la compañía son motivo de la porfía; “prácticas impensables e inadmisibles”, pues DHL forma parte del Movimiento Europeo en Alemania (Europäische Bewegung Deutschland) –una red de colectivos y movimientos sociales que pugnan porque se respeten los derechos sociales en la globalización y por el combate de la precarización de la vida laboral.

DHL del ejemplo al rechazo

DHL fue fundado en 1969 en San Francisco, California, por Adrian Dalsey, Larry Hillblom y Robert Lynn. En la década de 1970 se extendió a Oriente Medio, Asia, África y América Latina; abrió también su primera oficina en Frankfurt, Alemania. En 1998, la paraestatal Deutsche Post se convirtió en accionista de DHL y cuatro años más tarde se convertiría en su accionista principal. A finales de 2002, la Deutsche adquiere las acciones totales de la compañía.

Si algo caracterizó al Deutsche Post, el servicio postal de Alemania –hasta finales de la década de 1990–, es que sus trabajadores se ubicaban entre los mejor remunerados; recibían un buen trato, pues su trabajo era considerado un servicio social. La paraestatal, que tiene su sede en el emblemático rascacielos Post Tower en Bonn, era una de las compañías de mayor arraigo en aquel país. Todo cambió cuando la Deutsche se convirtió en accionista y luego propietaria de la estadunidense DHL, ya que adoptó la política de ese consorcio.

A medida que se expandió el corporativo, sus prácticas laborales se deterioraron. En muchos países comenzó a operar mediante outsourcing, para eximir sus obligaciones patronales. Actualmente, explica Ivonne Jackelen, ni siquiera a los trabajadores alemanes se les respetan sus derechos laborales, “mucho menos a los de otras regiones”.

Recientemente, el Great Places to Work Institute –una empresa internacional de investigación y consultoría gerencia– incluyó a DHL en la lista Best companies to work for in Latin America (las mejores compañías que trabajan en América Latina), que categoriza la confianza del personal en la compañía donde labora. Sin embargo, ello contrasta con los testimonios recogidos dentro de la campaña Respect to Workers of DHL: historias de jornadas excesivas, salarios bajos y despidos injustificados.

Uno de esos casos es el de Jaime, empleado de DHL en una agencia de la avenida Reforma, en el Distrito Federal. Dice que entró a la compañía “deslumbrado” por su imagen corporativa. “En la etapa de reclutamiento, los jefes nos ofrecían maravillas”. Durante el primer mes, laboró jornadas de ocho horas diarias, como marca la ley; posteriormente (y a la fecha), debió cubrir un horario de nueve de la mañana a ocho de la noche sin pago por sus horas extras. Era eso o el desempleo.

“Que alguien me explique cuándo modificaron en México la Ley Federal del Trabajo, porque DHL se la pasa por el arco del triunfo”, se queja Jaime.

Pero su situación no dista mucho de la que viven los empleados en Europa. El caso de Connie Vandenbosch, supervisora de DHL Aviation Lost and Found para Europa, África y Medio Oriente en Bélgica, es ilustrativo:

“Nuestros servicios de oficina son muy pobres. El polvo, el ruido, la suciedad, el queroseno y el humo de los motores se cuelan al almacén y oficina. No tenemos ninguna luz natural, ventilación o calefacción y la mayoría de las herramientas que utilizamos están viejas e inservibles –explica Connie Vandenbosch–. Creemos que si la dirección de DHL espera un personal saludable, necesitamos desesperadamente un espacio de trabajo saludable.”

El trabajo de Connie incluye la gestión de los envíos que han sido mal etiquetados o que no se pueden entregar, y cargar la información en una base de datos web. También se ocupa del proceso de rastreo de envíos perdidos y repatriar a aquéllos que no pueden ser recibidos por causas como su peso o si se trata de mercancías prohibidas.

“El techo de cristal”

Mundialmente, la frase “techo de cristal” se utiliza para identificar las barreras invisibles que impiden a las mujeres llegar a los puestos más altos de dirección en una empresa. El término ha sido esgrimido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para rechazar la falta de equidad en las empresas entre hombres y mujeres.


A pesar de que los acuerdos internacionales suscritos con la OIT obligan a las compañías a la igualdad entre géneros, en DHL esta práctica discriminatoria es frecuente, denuncia Connie Vandenbosch:

“El trabajo es sucio y pesado. Si tuviéramos las herramientas de trabajo adecuadas, sería una excelente ayuda. Pero además de las malas condiciones de trabajo, el principal problema en DHL sigue siendo el fenómeno del ‘techo de cristal’, porque hay muy pocos puestos directivos para mujeres, aunque siempre en condiciones inferiores a las de los directivos hombres. Ello, aunque el 50 por ciento del personal es mujer”.

Actualmente, los trabajadores de DHL en Bruselas, como Connie, también enfrentan un futuro incierto, ya que muchas de las actividades de la compañía fueron subcontratadas a una compañía asentada en Leipzing, Alemania, con la consecuente pérdida de 1 mil empleos.

En otros países, las cosas no son mejores. En el aeropuerto de Bergamo, Italia, los trabajadores de DHL organizaron manifestaciones para exigir que se mejoraran las condiciones de seguridad. Aunque llevaban ya varios meses con ese reclamo, el asunto detonó cuando las condiciones de inseguridad por ellos denunciadas provocaron un grave accidente.

Situaciones como la anterior motivaron la creación de la Red de Trabajadores de DHL, cuyo objetivo, explican a Fortuna sus representantes, es “proteger los derechos de los empleados de DHL”. La Red demanda que el corporativo actúe de acuerdo con los principios de responsabilidad social empresarial que promueve oficialmente y que respete las leyes de los países donde opera.

Neil Anderson, jefe de UNI Postal y Logística, explica: “Los trabajadores de DHL en todo el mundo han contribuido a que la empresa sea la empresa global que es hoy. Su arduo trabajo debe ser reconocido. La compañía debe tratar con respeto a cada trabajador, independientemente de su nacionalidad. DHL no puede irse por la libre, aun en los países donde las leyes o el gobierno se hacen de la vista gorda frente a los bajos salarios, las malas condiciones y los ataques a los trabajadores que quieren hacer valer su derecho a sindicalizarse”.


Simulación corporativa

En marzo pasado, la presidencia de DHL, a cargo de Frank Appel, anunció una reestructuración global “para enfrentar la crisis”: la reducción de costos mediante el recorte de diversas prestaciones laborales, paros escalonados, reducciones salariales y despidos masivos.

Los primeros efectos se resintieron en Europa. En Finlandia, la compañía redujo las prestaciones sociales y las contrataciones formales se sustituyeron por contratación por honorarios sin aumento en los sueldos; en Suecia se redujeron las prestaciones y el pago salarial ha presentado atrasos de hasta dos meses; en Dinamarca se despidió a 222 trabajadores y al resto se le eliminaron las bonificaciones; en Estonia se redujeron las prestaciones y se congelaron los salarios.

En Francia hubo 444 despidos. Se desplazó el trabajo directo por tercerizado; en España se impuso a los trabajadores licencias de cinco semanas sin goce de sueldo; en Irlanda se sustituyó la contratación directa por outsourcing; en Inglaterra, la compañía se ha negado a pagar los salarios estipulados, despidiendo a quienes protestan; en tanto, sustituye las plazas laborales por outsourcing. En Alemania hubo 500 despidos; en Italia, 300; en Bélgica, 60; en Portugal se han ejecutado despidos masivos de los que aún no se tienen cifras exactas.

En mayo pasado, la UNI adquirió acciones de DHL para tener presencia y voto en las reuniones de consejo. Al tener acceso a las reuniones corporativas y en sus manos los estados financieros, entendieron por qué DHL ha devaluado las prácticas laborales. El corporativo se puso como meta un ahorro anual de 2 billones de euros, “usando la crisis económica como argumento para justificar el cese de sus obligaciones patronales”, explica en entrevista Ivonne Jackelen, quien participa como accionista en las juntas ejecutivas de la compañía.

Ivonne Jackelen detalla la reunión en que Frank Appel, presidente del Consejo, planteó a los accionistas su proyecto “para reestructurar y reducir costos sin necesidad económica. “Si no hubiera habido una crisis, tendríamos que inventarla”.

Así que después del análisis financiero y tras las reuniones con Appel, “entendimos que la compañía no tiene ninguna necesidad económica de reducir costos y que están usando la crisis como argumento para esconder su interés verdadero: reducir costos y ahorrar a costa del bienestar de los trabajadores”, detalla Jackelen.

Así que “los trabajadores de DHL se ven amenazados por la supresión de miles de puestos de trabajo, un futuro poco seguro y la incertidumbre respecto del manejo del impacto de la crisis económica mundial por parte de la dirección de la empresa”.

Como parte de esa política laboral, en países como Perú, la compañía ha despedido a los trabajadores que se niegan a firmar acuerdos en los que aceptan la reducción considerable de su salario, lo que ha llevado a DHL a tribunales laborales pues las leyes del país suramericano prohíben la reducción salarial.

A ojos de la comunidad europea, una de las prácticas más cuestionables de DHL es su nueva política antisindical, dada su pertenencia al movimiento europeo.

En Irlanda negoció con un sindicato de protección; en Bélgica rechazó los sindicatos y no les permitió estar presentes en algunas reuniones con los empleados; en Alemania, la dirección ha incumplido el contrato colectivo; en Inglaterra se impidió el ingreso a los sindicalistas para organizar a los trabajadores; en Austria no se respetan los derechos de los trabajadores.

Por todo ello, desde el pasado 9 de noviembre, con el lema “no aplasten a los trabajadores”, en todas las regiones del mundo se despliega la campaña en defensa de los trabajadores de DHL, respaldada por el Comité de Empresa Europeo, por los 900 sindicatos que aglutina la UNI en todo el mundo, y por los 656 sindicatos de 148 países que aglutina la ITF.

Ingo Marowsky, responsable de la Oficina Regional e Industrial de la ITF, explica que “esta campaña es acerca de los derechos de todos los trabajadores de DHL, con independencia de si están empleados directamente o de un subcontratista. Se trata de garantizar que los trabajadores de DHL tengan derechos y voz en la empresa donde quiera que estén laborando”.

Marowsky dice que otro de los objetivos es que los trabajadores tengan participación en la reestructuración anunciada por la compañía, y “la manera de lograrlo es a través del diálogo y un acuerdo con la dirección de DHL, los representantes de los trabajadores y los sindicatos en todos los países en que opera la empresa”.

Y mientras la Red recaba en todo el mundo las historias de abusos laborales que podrían llevar a DHL a ser enjuiciada en múltiples tribunales, los conductores y repartidores de DHL entregarán a los clientes prendedores con la leyenda: “Yo respeto las necesidades del cliente; asegúrese de que la empresa también respete las mías”.