Sustituyen policía fiscal pero no acaban con la corrupción

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La sorpresiva destitución de casi 1 mil 500 agentes aduanales de las 49 unidades de despacho fronterizas se realizó bajo el argumento de que la policía fiscal se había corrompido y era ineficiente, los mismos argumentos que sirvieron para desaparecer a la anterior corporación e imponer a los que hoy son despedidos. Cambian los elementos, pero no el sistema que genera la corrupción


José Manuel Meza y Gerardo Ramos / Contralínea Tamaulipas

Reynosa, Tamaulipas. La renovación aduanera forzada por la lucha antiterrorista del gobierno de Estados Unidos y el combate al crimen organizado de la administración calderonista han dejado en shock a centenas de policías fiscales que hasta hace unas semanas eran los encargados de supervisar los cruces fronterizos del país.

Por instrucciones de la Dirección General de Aduanas (DGA), al menos 1 mil 400 servidores públicos fueron cesados de su cargo presumiblemente por tener un nivel de vida muy por encima de sus percepciones como agentes y tolerar la corrupción.

El Servicio de Administración Tributaria señaló que con esta acción “continuó el proceso de modernización” de las aduanas en México, para lo cual suplió los puestos vacantes con elementos denominados como “oficiales de comercio exterior”, quienes fueron capacitados por la Secretaría de la Defensa Nacional.

La vorágine de despidos inició con la remoción de 167 empleados del área de Operación Financiera de la aduana de Ciudad Juárez del 15 al 18 de agosto pasado. Este precedente sembró temor e incertidumbre en el resto de la plantilla laboral.

Según la DGA, otro de los objetivos con la depuración de las unidades de despacho es frenar el contrabando de miles de automóviles procedentes de Estados Unidos, así como de armamento para los cárteles de la droga.

Los agentes fueron notificados por la misma Dirección General de Aduanas y no tuvieron otra opción que ya no presentarse a trabajar.

Ahora los nuevos fiscales llevan la encomienda de realizar labores de revisión con rayos “X”, “Gama” y emplear el sistema Siave (Supervisión y Control Vehicular), que sirve para leer placas, revisar reportes de robo y pesar los vehículos.

Lo cierto es que desde mucho antes el Ejército Mexicano ya había sido enviado a las aduanas para vigilar el tránsito internacional.

Si bien se redujo la incidencia de corrupción en los puertos fronterizos, para el gobierno federal los aduanales despedidos permitían violaciones a la ley, principalmente en el flujo mercantil.

El despido y la posibilidad de volver

Todo indica que el personal sindicalizado no será removido de su puesto dentro del sistema aduanero mexicano. Y según la Asociación Nacional de Almacenes Fiscalizados, los más de 1 mil 400 trabajadores separados de su empleo tendrán la oportunidad de presentar exámenes de confiabilidad en la Secretaría de Seguridad Pública federal para poder reintegrarse al servicio público estatal, según manifestó recientemente José Aguilar Méndez, presidente de la Asociación Nacional de Almacenes Fiscalizados (Anafac).

Sin embargo, tras el megadespido, exempleados que laboraron para el gobierno durante años ya han interpuesto demandas millonarias ante el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje de la ciudad de México. Acusan que fueron sometidos a un “despido injustificado y a una falta de indemnización”, con lo cual no pueden asegurar el sustento de sus familias mientras se encuentren desocupados.

A condición de anonimato, uno de los afectados –adscrito a la aduana del puente internacional Reynosa-Pharr– relata que el lunes 17 de agosto, cuando se encontraba en campo, a él y a unos 40 compañeros más se les solicitó que se concentraran en la Plataforma de Exportación de las instalaciones fronterizas.

“Nos recibió personal procedente de la capital del país. Nos entregó unos documentos. Entonces llegó el Ejército, nos rodeó y prácticamente nos obligó a ingresar a las oficinas aduanales. Cada uno tuvimos que entregar nuestras credenciales de identificación como agentes y ahí se nos notificó el despido, para enseguida darnos la salida.”

Desconcertados, los extrabajadores aduanales comenzaron a preguntarse qué pasaría con ellos y sus familias. “La mayoría (de los fiscales) tenemos hijos y somos responsables de llevar dinero a nuestros hogares. Habemos personas que acumulábamos 10, 12, 15 años de servicio, y así de sencillo nos dejaron desamparados”, agregó.

No ven claro

El exagente aduanal asegura que laboró para las divisiones de Hacienda, Jurídica y de Fiscalización, pero, para su sorpresa, no fue liquidado por el tiempo que permaneció en ellas.

“Como éramos asalariados de gobierno con plaza, teníamos derecho a las prestaciones de ley como la del Instituto de Seguridad Social y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado y por lo tanto a las indemnizaciones constitucionales. Se habla de entre 800 y 1 millón 200 mil pesos y lo que se acumule, los que tendrían que retribuirme conforme a derecho.”

Sobre los motivos de su separación de la aduana Reynosa-Pharr, este agente no sabe el porqué. “No nos dieron explicaciones de nada, simplemente nos entregaron un documento, eso fue todo. El papel que nos dio la gente de México sólo nos notificaba que era pérdida de confianza y ya.”

Como parte de la reestructuración aduanera se incorporaron equipos de indagación, detectores de intrusos y otros accesorios de inteligencia en cada una de las fronteras, según la Anafac.

Todos los oficiales de comercio exterior que relevaron a los aduanales en su puesto han sido entrenados por el Ejército en el manejo de armas y situaciones difíciles.

Se buscó entrevistar al presidente de la Anafac, quien al cierre de esta edición se encuentra de vacaciones.

Jorge Francisco Ugalde, jefe de la oficina de prensa de esta asociación y de la de agentes aduanales, señala que la reestructuración de los puertos fronterizos es un interés cardinal dirigido desde la Presidencia de la República.

Irónico final

Una de las más grandes ironías en esta historia es que el personal de las aduanas del país se dio de la misma forma y bajo las mismas acusaciones que la corporación que llegaron a suplir: el Resguardo Aduanal Mexicano (RAM). Y es que en 1991 el RAM –una corporación militarizada dependiente de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público– desapareció en medio de acusaciones de corrupción. Cuenta la tradición popular que la orden de terminar con esta corporación fue emitida directamente por el expresidente Carlos Salinas de Gortari quien, con esta medida, buscaba cobrarse una vieja afrenta.

Se dice que antes de convertirse en primer mandatario, Salinas de Gortari tuvo un enfrentamiento con un grupo de aduanales en la garita del kilómetro 30 de la carretera Reynosa-Monterrey. La versión asegura que Salinas de Gortari regresaba de un viaje de compras en Texas cuando fue detenido por un aduanal quien le reclamó la cantidad de productos extranjeros que transportaba.

Supuestamente este aduanero se portó de manera grosera con el entonces funcionario de la Secretaría de Programación y Presupuesto, quien nunca olvidó la afrenta.

Más allá de rumores, la realidad fue que en 1989, recién electo presidente de la República, Salinas de Gortari ordenó que el RAM se convirtiera en la Policía Fiscal Federal, en un intento por “modernizar y depurar” la corporación.

Los años siguientes, el gobierno federal comenzó a desaparecer las viejas corporaciones de protección al fisco como lo fueron el Registro Federal de Vehículos y los vistas aduanales, quienes eran enviados al retiro voluntario ya que sus integrantes contaban hasta con 30 años de servicio.

Finalmente, el 1 de diciembre del 1991, en una acción que fue desarrollada en las aduanas más importantes del país, los 2 mil 600 miembros del Resguardo Aduanal Mexicano fueron inhabilitados de sus puestos y reemplazados por policías fiscales.

Al dar a conocer los cambios, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) reveló que los mismos formaban parte de un programa de renovación que pretendía mejorar la imagen del sector aduanal y el servicio que presta.

Los viejos agentes del RAM –algunos de los cuales tenían 40 años de servicio– fueron sustituidos por agentes egresados de un instituto de capacitación de la SHCP donde, para entrar, tenían que cumplir con requisitos como ser menos de 40 años de edad, haber cursado por lo menos preparatoria y aprobar un curso de cinco meses que se impartió en la capital del país.

Aunque al principio algunos de los integrantes del RAM recibieron la promesa de que serían recontratados, finalmente la mayor parte fue obligada a jubilarse o firmar su retiro voluntario. Quienes no lo hicieron (la minoría) recibieron empleos administrativos en la Secretaría de Hacienda.

Quizás por lo que más se recuerda a los integrantes del Resguardo Aduanal es por las “mordidas” que solicitaban cuando detectaban a un pasajero que intentaba ingresar al país algún artículo sin haber pagado los impuestos correspondientes.

Todo este dinero no terminaba en los bolsillos de los agentes del RAM, sino que se recolectaba en un concentrado conocido como “la polla”, misma que era repartida al final del turno entre todos los agentes de la corporación.

Aunque no existe un estimado de cuánto se llegaba a juntar, se puede decir que esta cantidad era considerable, tomando en cuenta que en cada turno había un comandante, un cabo y ocho celadores. Además, y por obligación, todos los turnos tenían que entregar una parte de su “polla” al jefe del Resguardo y al administrador de la aduana.

De hecho éste era el principal ingreso de los aduaneros, quienes nominalmente apenas tenían un sueldo de 650 pesos a la quincena, que era igual que el de cualquier burócrata mexicano.

Para los integrantes de la corporación, los mejores “servicios” eran las garitas en las carreteras y los puentes internacionales, donde las “pollas” siempre eran mayores. Incluso, recuerdan, entre semana el mejor horario era de las seis de la mañana a las dos de la tarde, y los fines de semana y días festivos los mejores ingresos se registraban de las dos de la tarde a las diez de la noche.

Curiosamente, siempre hubo un respeto entre los agentes del RAM por la “polla”, por lo que raramente se presentaban problemas con la repartición de este dinero. Uno de los motivos de este hecho es que cada integrante de la corporación formaba parte de un mismo equipo conocido como “cuadro”, integrado por un cabo y ocho celadores.

Generalmente, los integrantes de los “cuadros” permanecían juntos en la mayor parte de los “servicios”, lo que permitió forjar sólidas amistades y compadrazgos.

Este sentimiento de compañerismo no fue único entre los elementos del Resguardo Aduanal, muchos residentes de esta frontera todavía recuerdan con nostalgia a los viejos aduanales.

Uno de ellos es José Encinas Rentería, dirigente del tianguis “Nuevo Amanecer” y quien durante los años dorados del Resguardo Aduanal pasaba ropa usada que vendía en su puesto ambulante.

Al recordar al RAM, Encinas Rentería asegura que estos agentes lograron ganarse la amistad de los fronterizos pues siempre se caracterizaron por ser buenas personas.

El dirigente tianguista reconoce que no todos los aduanales eran buenos; hubo algunos que se ganaron el repudio de los ciudadanos, sin embargo éstos eran la minoría.

Incluso, indica, la forma de actuar de estas autoridades fiscales ayudó a que la frontera de Tamaulipas fuera tranquila y no sufriera los niveles de inseguridad de estos momentos.

“Los agentes del RAM casi todos eran de aquí y por eso eran muy accesibles, principalmente con la gente de escasos recursos, a quienes les daban la mano; si las veían pasar con su bolsita de ropa no les decían nada. Las cosas eran muy diferentes en ese entonces”, dice.

Tan estimados eran que, por ejemplo, en la ciudad de Matamoros, quienes se encargaban del “servicio” en los puentes internacionales no tenían que preocuparse por sus alimentos, pues restaurantes como el café Papagayo, el Louisiana, Santa Fe, Garcías, Drive Inn y el 1916 les regalaban el desayuno, la comida y la cena.

A casi 18 años de la desaparición del Resguardo Aduanal, muy pocos de los integrantes originales de esta corporación siguen vivos; sin embargo, quienes aún están aquí recuerdan la manera en la que fueron despedidos por el gobierno federal, imágenes que hoy regresan a su memoria tras ver la manera en la que sus sucesores cayeron en el desempleo.