A pesar de las previsiones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de que la cifra de desempleados en el mundo pueda elevarse a 241 millones de personas, y que el Fondo Monetario Internacional (FMI) considere que ello provocará más inestabilidad social y hasta guerra, los miembros del G20, reunidos en Pittsburgh, Pensilvania, el 24 y 25 de septiembre pasado, mantienen un discurso falso y optimista. El mejor ejemplo de esa retórica triunfalista la dio el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, al afirmar al término de esa reunión que “hemos salvado a la economía mundial de caer en el abismo”. Sin embargo, en ese abismo ya han caído decenas de bancos estadunidenses, sin contar otros tantos de Asia y Europa, así como millones de habitantes de varios países, incluyendo México, selecto miembro del G20, e hijo predilecto del FMI.


El Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, consideró que las promesas sobre una nueva era de cooperación económica internacional, hechas por el G20 en la reunión de Pittsburgh, han sido “sobrepromocionadas” y no serán efectivas, según despachos de prensa de la agencia Reuters.

Noam Chomsky, en ocasión de su visita a México para festejar los 25 años del diario La Jornada, afirmó que la esperanza en el cambio, anunciada por Barack Obama, es una ilusión, por lo que “América Latina es el lugar más estimulante del mundo”, pues “ahí hay una resistencia real al imperio”. Chomsky también consideró que la crisis se ha agudizado, pues los bancos recibieron un enorme rescate del gobierno y los contribuyentes, y lo utilizaron para fortalecerse, por lo que ya se han sentado las bases para la próxima crisis.

El abismo de Pittsburgh

Si bien en la cumbre de Pittsburgh se acordó desplazar al grupo de las ocho naciones más ricas (G8) como el principal foro de la economía mundial, para dar paso al G20, que incluye a las 12 emergentes restantes, entre las que destacan los integrantes del BRIC –Brasil, Rusia, India y China– que constituyen en conjunto 80 por ciento del Producto Interno Bruto mundial, persisten aún varias señales ignominiosas en la economía internacional. Enumeremos sólo algunas de ellas:

El enorme déficit presupuestario que la Casa Blanca proyecta ascenderá este año a 1 billón 548 mil dólares y totalizará 9 billones de dólares a lo largo de la próxima década.

La tarea pendiente de Estados Unidos, quien debe aumentar sus tasas de ahorro para consumir menos importaciones y lograr que los consumidores en China gasten más y no dependan completamente del crecimiento basado en las exportaciones.

La posibilidad de que tanto Estados Unidos como Gran Bretaña caigan en una cesación de pagos varias veces prevista por analistas internacionales.

Las previsiones acerca de que la demanda salarial acabará por estancarse debido a la baja del empleo y el bloqueo de los salarios.

El riesgo de que las medidas destinadas a reabsorber los déficits presupuestarios anulen el efecto esperado de los gastos públicos y sociales sobre la actividad económica.

Además de lo anterior, Juan Somavia, director general de la OIT, en un comunicado oficial previo a la Cumbre del G20 en Pittsburgh, declaró que el desempleo podrá afectar a 241 millones de personas en 2009. Según cálculos de esa organización, el paro aumentó entre 39 y 61 millones desde 2007, su peor nivel histórico. Ello a pesar de que los miembros de la OIT aprobaron en junio de este año el “Pacto Mundial para el Empleo”.

Para Dominique Strauss-Kahn, director gerente del FMI, la inestabilidad social se incrementará a medida que crezcan el desempleo y las dificultades en países golpeados por la crisis económica, lo que podría llegar incluso a la guerra, según lo declaró en Nueva York el 23 de septiembre, un día antes de participar en la reunión de Pittsburgh. Asimismo, el FMI dio a conocer en Washington que la crisis afectará el crecimiento mundial por lo menos durante siete años más, según un capítulo del informe denominado Panorama económico mundial, elaborado en previsión de la reunión anual del FMI en Estambul, Turquía, a principios de octubre de 2009.

En este abismo de incongruencias económicas, la guerra asoma por todas partes, pues Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, ante la fragilidad de sus propuestas económicas, aprovechan el foro del G20 para acusar a Irán de construir una planta nuclear secreta. El presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, rechazó la acusación puesto que su país ya había informado de la existencia del complejo a la Agencia Internacional de Energía Atómica. Ahmadinejad propuso que ese organismo lleve a cabo las inspecciones necesarias. Sin embargo, Estados Unidos y los países europeos, alejándose del tema central que los reunía en Pittsburgh, amenazaron a Irán con la imposición de sanciones.

América Latina, el lugar más estimulante del mundo

En la entrevista concedida al diario mexicano La Jornada, Noam Chomsky señala que son las instituciones y no los individuos los que determinan el rumbo de la política, por lo que la esperanza en el cambio, anunciada por Barack Obama, es una ilusión, y lo que el mandatario representa es un giro desde la extrema derecha al centro de la política tradicional estadunidense. Chomsky destaca los esfuerzos de integración como el Mercado Común del Sur y la Unión de Naciones Suramericanas, y agrega a ello el que varios países de la región han abandonado el FMI.

A lo dicho por Chomsky se añade ahora el más reciente de los esfuerzos de construcción de la integración latinoamericana que es la reciente constitución del Banco del Sur, así como una mayor cooperación entre Latinoamérica y África.

El convenio constitutivo del Banco del Sur, anunciado en 2007, fue finalmente firmado el 26 de septiembre por los mandatarios de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner; Paraguay, Fernando Lugo; Bolivia, Evo Morales; Ecuador, Rafael Correa; Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva; Uruguay, Tabaré Vásquez; Venezuela, Hugo Chávez, y teniendo como invitada a la presidenta de Chile, Michelle Bachelet.

La entidad financiera contará con un capital inicial de 20 mil millones de dólares, que serán inyectados por Brasil, Argentina y Venezuela (4 mil millones cada uno), y proporciones distintas por los demás países de acuerdo con sus capacidades. El banco, con sede principal en la ciudad de Caracas, y subsedes en Buenos Aires y La Paz, tendrá entre sus funciones principales: financiar programas y proyectos para el desarrollo económico y social, expansión e interconexión de la infraestructura de los países miembros; promover, crear y administrar fondos de financiamiento; facilitar recursos para la asistencia técnica, estudios de preinversión, investigación, desarrollo, transferencia y absorción de tecnología; entre otros.

Los jefes de Estado suramericanos, firmantes del documento constitutivo del Banco del Sur, se encontraban en Venezuela para asistir a la cumbre II América del Sur-África (ASA), que tuvo lugar en Isla Margarita los días 26 y 27 de septiembre. Por parte de África, asistieron al encuentro alrededor de 20 mandatarios, entre ellos el líder libio, Muamar Gadafi, y los gobernantes de Argelia, Abdulaziz Buteflika; de Zimbabue, Robert Mugabe; de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, y de Sudáfrica, Jacob Zuma.

América del Sur y África tendrán un papel protagónico y trascendental en la historia mundial con los manifiestos establecidos en esta II Cumbre ASA, pues la declaración de esta cumbre contempla elementos de valor estratégico para los países del bloque Sur-Sur en áreas de cooperación multilateral: paz y seguridad; democracia y asuntos políticos; agricultura y desarrollo rural; economía y turismo; lucha contra la pobreza y el hambre; infraestructura, energía y minerales; asuntos sociales y deportes; asuntos educativos y culturales; ciencia, tecnología y comunicación.

Venezuela promovió además la conformación del Banco del ASA (Bancasa), como una estructura superior de financiamiento para los países que lo integren, así como la creación de una corporación multiestatal minera constituida por países miembros del ASA, con la finalidad de que el potencial minero de ambas regiones sirva al desarrollo de sus pueblos. Durante esta cumbre nació también la Radio del Sur, que impulsará la unión de los pueblos por medio del intercambio de contenidos informativos a cargo de un grupo de corresponsales y colaboradores de diversas nacionalidades. El presidente venezolano propuso igualmente constituir una corporación entre los países petroleros de África y América del Sur para apoyar a los países pobres de ambos continentes.

Pero no todo es estimulante en América Latina. La población mexicana sufre los embates de la crisis internacional. El secretario de Hacienda de México, Agustín Carstens, antiguo subdirector gerente del FMI, ha propuesto un programa económico contra la crisis que prevé la supresión de 10 mil empleos del gobierno federal. Asimismo, en un supuesto afán de lucha contra la pobreza, amenaza con el establecimiento de un nuevo impuesto de 2 por ciento en alimentos y medicinas, aplicable también al consumo de bienes y servicios. El gobierno advierte que de no aceptarse este impuesto, muchos niños tendrán que “saltarse una comida” y deberán abandonar la escuela para trabajar. Según la Universidad Nacional Autónoma de México, de imponerse este programa económico, se crearán 1 millón más de pobres en el país, no obstante, la amenaza persiste. Ante la gravedad de la situación, recordemos lo señalado por Dominique Straus-Kahn en Nueva York, “lo que está en juego no es sólo un aumento del desempleo o una caída del poder adquisitivo, sino además la vida y la muerte en sí mismas”.

*Doctor en derecho de la cooperación internacional por la Universidad de Toulouse I, Francia