El desempleo, la competencia desleal entre las trasnacionales y la industria nacional y la falta de condiciones laborales que acaten las especificaciones de la OIT dejan en el desamparo a miles de familias que antaño sobrevivían de su trabajo en una industria histórica para el desarrollo nacional

El diagnóstico para los trabajadores mexicanos es grave. Luego de 24 meses continuos de ceses laborales no se vislumbra una salida a corto plazo. Datos de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social del 13 de julio indican que de octubre de 2008 a junio de 2009 se perdieron 693 mil 394 puestos formales, y en lo que resta del año podrían sumar hasta 700 mil. Ante ese escenario, “es urgente cambiar de modelo económico”, apremia Josefina Morales, especialista de la industria manufacturera del Instituto de Investigaciones Económicas (Iiec). Detrás de este deterioro está la falta de políticas públicas, ya que el partido en el gobierno “no tiene ningún proyecto importante para crear empleos”, agrega Marina Chávez, también investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Chávez Hoyos dice que hace aproximadamente 10 años el país no crece al ritmo de una economía de su tamaño: “No hay una inversión fuerte y consistente en ramas como la manufactura o la agricultura, y no hay manera de tener un crecimiento sostenido y, por supuesto, de que se recupere el empleo”. Ante la falta de crecimiento y del creciente desempleo, millones de mexicanos están lejos de acceder a un empleo decente, productivo, con derechos protegidos, ingresos adecuados y protección social que se practique en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad, como estableció en 1999 la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Organismos mundiales, regionales y nacionales, especializados en el análisis económico, coinciden en que no hay razones para ser optimistas. De acuerdo con el informe que hizo público el 23 de julio la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la tasa de desempleo en América Latina es de 9 por ciento, lo que representa un saldo de 3.4 millones de personas sin trabajo. En la región existen 180 millones de personas pobres y 70 millones de indigentes.

La Encuesta nacional de ocupación y empleo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía señala que hasta mayo pasado la tasa de desempleo en México aumentó 5.31 por ciento; en 1995 llegó al 7 por ciento. En hombres, esa falta de empleo impactó al crecer de 3.12 por ciento a 3.12 por ciento en un año, y 3.45 por ciento a 4.98 por ciento entre las mujeres, con lo que se manifiesta una tendencia a la alza en el desempleo femenino.

Trece días antes, José Antonio Ardavin, director interino la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, anunció que México atraviesa su peor recesión económica desde 1995 y que la pérdida de empleos –que estimó en 700 mil– se agravará aún más el próximo año, “incluso si el país sale de la recesión”. El vocero del organismo indicó que, si ya en 2008 se perdieron 260 mil empleos, según cifras de la Secretaría del Trabajo, en 2009 la economía mexicana se desplomará hasta 8 por ciento.

El Banco de México anunció el 8 de julio que la economía mexicana se contrajo 10 por ciento en el segundo trimestre de este año y las remesas de mexicanos residentes en el extranjero tuvieron una caída del 19.86 por ciento, la más fuerte desde 1995, pues sólo se captaron 1 mil 900 millones de dólares en mayo pasado. A esta disminución en los ingresos públicos se suma la caída del 24 por ciento en los ingresos derivados de la actividad petrolera, que anunció la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, y del 14.9 por ciento en los ingresos tributarios no petroleros entre enero y abril de este año con respecto de 2008.

Empleos de tercera

“Entonces ¿en qué trabajan los mexicanos? –pregunta Chávez Hoyos– si aumentó la economía informal, persisten la baja de remesas e ingresos petroleros y los pocos ocupados carecen de seguro social o trabajan sin contrato –casi el 45 por ciento de la población trabajadora–, y la mayoría tiene un ingreso de dos salarios mínimos ¡Eso es indignante, es dramático!”.

El tipo de empleos que se han creado en la industria manufacturera son, fundamentalmente, ayudantes de obreros y capataces industriales, que son los extremos en la escala laboral, además de que en estas actividades hay una discriminación salarial muy fuerte, pues casi la mitad de lo que ganan los hombres es lo que reciben por salario las mujeres.

En México, el sector más afectado fue el de las manufacturas, pues se perdieron 364 mil plazas, así como el de la transformación que es el que menos ha crecido. “Andan de capa caída”, comenta Marina Chávez. Agrega que esas ramas tuvieron su auge con el lanzamiento del Tratado de Libre Comercio para América del Norte, aunque fueron las maquiladoras trasnacionales las que se beneficiaron más por las ventajas impositivas que les concedió el gobierno mexicano.

Las maquiladoras comenzaron a emplear más a mujeres porque representan una mano de obra barata, cautiva y especializada, aunque paulatinamente se abarató y la oferta de trabajo se amplió a los hombres. Para la investigadora, esto dio lugar a una “competencia desleal, no porque las mujeres lo desearan, sino porque no hay políticas públicas y ambos géneros competían por los bajos salarios” en un país adonde no se generan otros empleos y desde el cual los hombres emigraban hacia Estados Unidos; desde que esa opción se cerró, ahora se emplean en esa rama industrial.

Josefina Morales Ramírez, investigadora del Iiec y especialista en la industria maquiladora en México, explica que para evaluar el nivel del desempleo en ese sector basta ver la Encuesta industrial mensual de abril de 2009 en la que se aprecia que, del millón y medio de trabajadores que existían, hay un descenso de 100 mil puestos de trabajo. “En la industria de la manufactura, la pérdida de trabajos es de 1.8 por ciento; en la industria de prendas de vestir, 7 por ciento; en la confección, menos del 11 por ciento”, contra el 10 por ciento en la del plástico y menos del 14 por ciento en el sector maquinaria, de una muestra muy reducida pero que responde al 70 por ciento de la producción nacional.

Con respecto de las horas de trabajo que se han perdido por subsector de actividad, Morales Ramírez muestra que, según la citada encuesta, en el ramo de fabricación de prendas de vestir se perdieron al menos 13.9 horas trabajadas por el total de personal en el primer cuatrimestre de 2009. De igual manera, en lo que corresponde al valor de ventas de los productos elaborados en el subsector de fabricación de prensas de vestir se perdió el 13.6 por ciento con respecto del mismo período del año anterior, y con respecto de las remuneraciones totales pagadas al personal de ese subsector, en 2009 hubo un descenso del 7.9 por ciento con respecto de 2008.

“La Encuesta admite que en el primer trimestre se han perdido 400 mil puestos de trabajo, pero cuando se contrasta por actividad económica tenemos que por nivel de ingreso se han perdido más de 1 millón de trabajadores”; a ello se suma la caída en el ingreso, advierte la estudiosa de la industria de la confección. Dice que las políticas antirecesivas no sirvieron, pues el empleo disminuye y la situación apunta hacia una mayor deficiencia en la atención a la pobreza y en servicios sociales, “por eso es urgente cambiar de política económica y estar atentos a la futura discusión del gasto público”.

Precisamente ese debate puede y debe darse desde el Poder Legislativo para “elevar la discusión y la conciencia social y evitar la pretendida reforma de la Ley Federal del Trabajo, y cómo se va a definir el gasto público del futuro”.

Maquila y trasnacionales

La industria de la confección es toda una cadena productiva que comienza en el sector agroindustrial que produce la materia prima (el algodón) hasta su transformación a hilados y telas, así como la confección y el diseño. Esta rama que promovió el desarrollo de la zona de La Laguna –entre los estados de Coahuila y Durango–, de Mexicali, Baja California, así como Atlixco, Puebla y el Estado de México, tuvo su auge cuando el país se insertó en el programa maquilador impulsado por la deslocalización de las trasnacionales.

Paralelamente, y con intención de retener la fuerza de trabajo, el gobierno federal con los gobiernos estatales promovieron la industrialización de la frontera norte bajo el modelo maquilador para exportación, que auspició el auge de Tijuana, en Baja California, y Ciudad Juárez, Chihuahua. Morales Ramírez recuerda que la maquila representó una “plataforma lanzadora” que permitió a las trasnacionales salir al paso de la crisis que entonces enfrentaba Estados Unidos y que permitió a los capitales de ese origen salir bien librados en su competencia con los europeos. Desde entonces, las maquiladoras no pagan impuestos de entrada o de salida, pues comenzaron a operar en las zonas francas y disfrutan de una legislación laboral particular, que esta investigadora denomina “régimen laboral de excepción”.

Los sectores pioneros fueron el electrónico, la confección y la madera, ya existía el de autopartes pero no tenía peso hasta la década de 1980. Como defensa a su propio territorio, en la década de 1970 el gran capital trasnacional se desplazó hacia Centroamérica, la Dominicana y el Caribe, donde el Grupo Rockefeller tenía intereses y que una década después sería más favorecido por la Iniciativa para la Cuenca del Caribe que lanzó en 1982 Ronald Reagan, que favorecía exportaciones de esa región a Estados Unidos sin impuestos por 12 años.

Entretanto, en esos años ya operaban en México 619 maquiladoras que empleaban a 120 mil trabajadores con una configuración ramal en la que predominaba la industria electrónica, la de partes y accesorios electrónicos; la de equipos y aparatos electrónicos, la confección, y comenzaba la automotriz. De la década de 1980 hasta 2000, el modelo de acumulación del país fue el manufacturero exportador, y el eje de la creación de empleos fue la maquila: más de 1 millón de empleos. “Entre 1994 y 2000 se crearon más de 700 mil puestos y la mayoría se ubicaron en las maquiladoras de la confección”, refiere Josefina Morales, quien agrega que, además, hubo una nueva distribución territorial de esa industria, que pasó de estar en 12 municipios a ubicarse en todo el país: Yucatán, Puebla, Aguascalientes, los más representativos.

Los problemas para el sector se hicieron visibles al aparecer los primeros síntomas de la recesión estadunidense y cuando China se incorporó a la industria exportadora mundial. A fines de 2000 sobrevino una nueva etapa de las maquiladoras que impactó en la industria electrónica como resultado de la revolución científico tecnológica, que obligó a cambiar los equipos al que no todas las empresas estuvieron en condiciones de hacer y que, en consecuencia, afectó a la industria de la confección.

Adicionalmente, vino un cambio en la moda que determinó que las prendas, como los jeans –que se adquirían para trabajo–, se convirtieran en una prenda de uso cotidiano y que ya no tenían una vida útil de tres o cuatro años, sino que debían usarse con mayor frecuencia. Este radical cambio de tendencia hizo que México, que había sido gran exportador de confecciones textiles, ya no fuera más. En la primera década del siglo XXI, el 90 por ciento de esa industria de la confección es trasnacional y apenas el 10 por ciento es nacional y sobrevive con grandes dificultades, señala Josefina Morales.

Para la investigadora Marina Chávez Hoyos, la solución que Brasil dio a su industria textil frente a esa problemática mundial fue la creación de una moda propia. Mientras que “aquí todo lo que se hizo desde el virreinato se perdió”, a pesar de que en México hay genios y creatividad que no han sido alentados desde el Estado, porque éste no asigna a la investigación y al desarrollo tecnológico el 1 por ciento del Producto Interno Bruto que sí asigna Brasil.


Para ejemplificar el impacto del desempleo que agobia al país, la investigadora Josefina Morales realizó un estudio comparativo que representa la tasa de desocupación por entidad federativa desde el año 2006 al primer trimestre de 2009.

En 2006, Aguascalientes tuvo una tasa de desocupación de 5 por ciento, al año siguiente descendió a 3.7 por ciento y en 2008 fue de 4.9 por ciento. Al primer trimestre de 2009 esa tasa era de 7.5 por ciento.

Coahuila tuvo una tasa de desocupación de 5.9 por ciento en 2006, al año siguiente descendió a 4.9 por ciento y se mantuvo igual en 2008. Al primer trimestre de 2009 esa tasa subió a 8.6 por ciento.

Durante 2006, Chihuahua tuvo una tasa de desocupación de 2.9 por ciento, un año después esa tasa descendió al 2.6 por ciento aunque se elevó al 4.2 por ciento en 2008 y al primer trimestre de 2009 se había elevado al 8.4 por ciento.

Finalmente, la tasa de desocupación durante 2006 en Durango fue de 4 y en 2007 descendió a 2.9 para elevarse nuevamente al 4 por ciento en 2008. El primer trimestre de 2009 la tasa de desocupación en esa entidad fue de 6.5 por ciento. (NE)

Entidad 2006 2007 2008 Primer trimestre de 2009

Aguascalientes 5.0 3.7 4.9 7.5

Baja California 1.6 1.7 2.8 6.1

Baja Cal. Sur 2.4 2.0 2.8 5.5

Campeche 2.1 1.4 2.2 2.3

Coahuila 5.9 4.9 4.9 8.6

Colima 3.7 3.1 2.3 4.3

Chiapas 1.8 2.1 1.8 2.5

Chihuahua 2.9 2.6 4.2 8.4

Distrito Federal 5.5 5.9 5.5 5.6

Durango 4.0 2.9 4.0 6.5

Guanajuato 3.4 2.8 3.9 5.8

Guerrero 1.1 1.3 1.2 1.6

Hidalgo 3.5 3.7 2.9 4.9

Jalisco 3.9 2.9 3.1 5.4

Edo. Mex 4.2 4.9 4.3 6.5

Michoacán 2.9 1.7 2.8 3.2

Morelos 2.5 3.0 2.3 3.5

Nayarit 2.8 2.7 2.5 3.1

Nuevo León 4.6 4.5 4.3 7.1

Oaxaca 1.7 1.6 2.0 2.5

Puebla 3.7 2.8 3.0 4.7

Querétaro 4.9 3.3 3.6 6.1

Quintana Roo 2.5 2.5 2.7 3.6

San Luis Potosí 2.4 2.5 2.7 4.0

Sinaloa 3.1 3.0 2.7 3.3

Sonora 2.8 2.9 4.0 5.4

Tabasco 3.6 3.9 3.9 4.9

Tamaulipas 3.9 4.1 4.5 5.8

Tlaxcala 5.8 4.9 5.5 6.1

Veracruz 2.4 2.1 2.0 2.7

Yucatán 2.2 2.3 2.3 2.8

Zacatecas 3.6 4.2 4.0 4.6