La poca o ninguna atención que se dedica en los países pobres a la prevención y tratamiento de las enfermedades transmisibles favorecen la aparición de epidemias, alerta un estudio realizado por la Federación Internacional de la Cruz Roja (FICR).

Vivian Collazo Montano / Prensa Latina

El informe titulado “La brecha epidémica” señala que esas afecciones impiden el desarrollo, pues invalidan a gran parte de la población potencialmente activa.

El documento ejemplifica cómo el dengue afecta cada año a 9 millones de personas, de las cuales fallecen 18 mil. Ello supone graves cargas socioeconómicas para la comunidad a la que pertenecen, resalta el texto.

Destaca también cómo a pesar de que esos padecimientos afectan indicadores sanitarios –esperanza de vida al nacer, años de vida de discapacidad o los años de vida perdidos (que compara la edad de fallecimiento con la esperanza de vida al nacer)– no son tomados en cuenta.

En ese sentido, Tammam Aloudat, funcionario de salud en emergencias, de la FICR, manifestó la necesidad de evaluar mejor las consecuencias socioeconómicas de las epidemias en los países en desarrollo.

Por lo general, las víctimas de epidemias mueren o, en el caso de la poliomielitis, quedan discapacitadas en sus años más productivos, cuando son jóvenes. Esto les impide utilizar las competencias adquiridas en la escuela, trabajar, atender a la familia, por citar algunos casos, agregó.

El especialista se refirió también a la reaparición del sarampión en Europa occidental, lo cual muestra que si se ignora la carga creciente de dolencias transmisibles en los países en desarrollo y no se considera el peligro que suponen en economías más ricas, existe un alto riesgo de que las epidemias también les afecten y tengan severas consecuencias.

Debemos poner en marcha una preparación eficaz en previsión de los brotes que no saben de fronteras como el actual del virus A/H1N1, acotó Aloudat. Sin embargo, las soluciones para enfrentar estas situaciones son difíciles. Reducir su impacto implica abordar cuestiones complejas en lo que se refiere a prevención, capacitar a comunidades, forjar alianzas, mejorar el acceso a los servicios de salud a escala comunitaria y la infraestructura, especialmente en el sector de agua y saneamiento, aseveró el experto.

Las afecciones transmisibles son enemigas del desarrollo, por ello hay que romper el círculo vicioso de enfermedades y bajos recursos, si queremos alcanzar objetivos de desarrollo, puntualiza el documento.

Es esencial una buena utilización de los recursos, con idoneidad y en intervenciones que no se limiten al tratamiento, sino que también propicien un cambio de comportamiento que redunde en una verdadera cultura de prevención, concluye el texto.

Sin embargo, expertos aseguran que la falta de voluntad política tanto de gobiernos de naciones industrializadas como de países afectados, unida a intereses comerciales internacionales y al afán de lucro de grandes empresas farmacéuticas, hacen que el panorama para millones de enfermos sea desolador.