La victoria que alcanzó el pueblo venezolano mediante el sí otorgado a la enmienda constitucional durante el referendo del 15 de febrero de 2009, con 54.36 por ciento de los votos a favor, tiene un significado especial, sobre todo ahora que el modelo económico neoliberal ha entrado en franca recesión. Ello representa para la comunidad internacional un desafío, dado que implica comprender los cambios económicos en los países del Norte y los políticos en los países del Sur.

Múltiples son ya los efectos de la profunda y anunciada crisis económica que sacude al hemisferio norte, así como muchas las evidencias de la ola democrática a la que se han sumado distintos países de América del Sur. Ambos procesos tienen una historia paralela.


La contradicción del proceso económico en el Norte

Las primeras crisis financieras de la posguerra, resultado de la obcecada posición de Estados Unidos de emitir dólares sin un respaldo en oro, fue la causa de que en 1968 el General de Gaulle juntara todas sus reserva en dólares y solicitara al gobierno estadunidense su reposición en oro; los dólares sobrevaluados fueron el motivo de la inflación que en esa época enfrentó Estados Unidos, y que exportó al mundo. En 1971 el gobierno de ese país decidió abandonar oficialmente el patrón oro-dólar, y con ello se inició un intenso proceso de especulación financiera por parte de bancos y gobiernos, lo que tuvo la tácita aprobación del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM).

Entre otras, dicha decisión tuvo consecuencias, como la crisis financiera en Asia oriental, en enero de 1997; la que se presentó en Rusia por su deuda y que provocó que el rublo perdiera 30 por ciento de su valor, entre agosto y septiembre de 1998; la crisis financiera en Brasil, en la cual el real cayó 40 por ciento en sólo unos días, en enero de 1999; posterior a esto la economía de Argentina se vio fuertemente afectada, pues esa nación era el primer socio comercial de Brasil. Todos éstos son signos de un modelo neoliberal agotado, que se aplicó de manera generalizada en América Latina.

En 2008 se quiebra el sistema financiero dominante, en el momento en el que alcanza su más alto nivel de especulación, con la aparición de los instrumentos financieros prime y subprime, mismos que han creado un fuerte desequilibrio en el hemisferio norte.

En el transcurso de los últimos años, en distintas ocasiones sonaron voces de alarma en foros económicos mundiales sobre los riesgos de dicho modelo, alertas que no fueron escuchadas. En enero de 1999, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Kofi Annan, solicitó a los líderes empresariales reunidos en el Foro Económico Mundial en Davós, Suiza, dar un rostro humano a los mercados internacionales. Annan señaló que si ninguna medida era rápidamente adoptada, el régimen del comercio multilateral se vería amenazado.

Posteriormente, en septiembre de 2000, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, conocida como Asamblea del Milenio, la agenda de los pendientes mundiales era múltiple. De acuerdo con sus reportes de ese año, 11 millones de niños menores de cinco años, alrededor de 30 mil por día, morían por causas evitables; un niño cada tres segundos. Setenta y cuatro países que concentran más de una tercera parte de la población mundial no tenían las condiciones de reducir en un 50 por ciento la pobreza para 2015, fecha propuesta por la Asamblea General. En todo el mundo, 1 mil 200 millones de personas vivían con menos de 1 dólar por día.

Hugo Chávez, uno de los 70 oradores que participaron en la Asamblea del Milenio, celebrada en Nueva York, señaló: “En gran medida las graves crisis del siglo XX se gestaron por las abismales diferencias entre dirigentes y dirigidos, entre pobres y ricos, entre explotadores y explotados… entre un comportamiento retórico y formalista de los organismos internacionales y los conflictos y padecimientos de los pueblos… Lo que hay que dilucidar, entonces, es si el mundo de este nuevo milenio seguirá funcionando de esa forma perversa, o si hay posibilidades de cambio”. El presidente de Venezuela dio término a su intervención afirmando: “Podría haberme ahorrado este discurso y ahorrarle a ustedes escucharlo reduciéndolo sólo a tres segundos. ¿Por qué tres segundos? Simplemente por la dramática, horrenda realidad de que cada vez que el reloj marca ese pequeñísimo tiempo, muere de hambre un niño en el mundo”.

Las alarmantes cifras de principios del milenio fueron repetidas en las sesiones de aquella cumbre. El primer ministro de Irlanda, Bertie Ahern, fue, tal vez, quien expuso el más dramático resumen de la situación en el mundo subdesarrollado: la mitad de la población mundial lucha por vivir con un ingreso menor a dos dólares diarios, 250 millones de niños de 14 años o menos trabajan, a veces en condiciones deplorables, y “10 personas morirán de malaria en los cinco minutos que tomo para hablar ante ustedes”.


La evolución de las luchas políticas y los procesos democráticos en el Sur

Distintos han sido los foros que han puesto el acento en otra forma de concebir las políticas económicas, opuestas a las imperantes. La primera fue la Conferencia de Bandung, en 1955, iniciativa de Sukarno de Indonesia, de Jawaharlal Nehru de India, y de Gamal Abdel Nasser de Egipto. Este esfuerzo continúa con el nacimiento del Movimiento de los “No Alineados” en Belgrado, Yugoslavia, a iniciativa de Josip Broz Tito, en 1961, y del Grupo de los 77 (G-77), en 1964. Posteriormente, en la década de 1970 surge una propuesta emanada de la IV Cumbre de Jefes de Estado de los Países “No Alineados”, en Argel, en 1973, cuya principal meta fue la necesidad de instaurar un Nuevo Orden Económico Internacional, propuesta ratificada por la Asamblea de Naciones Unidas en mayo de 1974, que conserva plena vigencia, aunque, como afirma Hugo Chávez, “terminó por convertirse en una mera referencia histórica”. Después, en la década de 1980, tuvieron lugar dos acontecimientos de suma importancia para las luchas de los países del Sur: en 1987 nació la Comisión del Sur, en Kuala Lumpur, bajo la dirección de Julius Nyerere de Tanzania y, dos años más tarde, en septiembre de 1989, surgió en Belgrado, en el marco de la reunión del Grupo de los “No Alineados”, el Grupo de los 15, con la finalidad de reforzar la cooperación Sur-Sur.

La caída del Muro de Berlín y la conclusión de la Guerra Fría derivó en un mundo unipolar. Al respecto, Hugo Chávez ha señalado que en América Latina el neoliberalismo alcanzó categoría de dogma doctrinal, razón por la cual se aplicó con especial rigor en la región. A raíz de la aplicación de las estrategias económicas recomendadas por el FMI se desató, el 27 de febrero de 1989, una intensa jornada de protesta en las calles de Caracas contra el llamado paquete neoliberal, que tuvo un desenlace de represión, violencia y muerte conocido como “El caracazo”.

Desde aquella fallida asonada, varios sucesos impactaron negativamente a América Latina, particularmente a Venezuela, país que invariablemente pagaba desproporcionadamente su deuda externa, deuda inmutable e inextinguible, y que aplicaba un modelo económico ultraliberal con el consiguiente aumento de la pobreza extrema.

El Consejo Episcopal Latinoamericano, en un documento titulado Los grandes desafíos frente al año 2000, afirma que “la presencia de los elevados niveles de pobreza e injusticia social en América Latina y el Caribe hace del tema de la equidad una de las preocupaciones centrales para el siglo XXI”.

Para finales de la década de 1990, América Latina es, según el informe 2003 del BM, la región con mayor desigualdad social y la única en la que no se avanzó en la lucha contra la pobreza.

Hace 10 años, cuando Hugo Chávez llegó a la presidencia de su país con 56.6 por ciento del total de los votos emitidos, Venezuela había recibido en los 25 años anteriores a su toma de posesión alrededor de 300 mil millones de dólares, el equivalente a 20 planes Marshall, mientras que más de la mitad de la población vivía en la pobreza, 25 por ciento en el desempleo y 200 mil niños en la mendicidad.

En 10 años de gobierno, el presidente Hugo Chávez ha logrado avances indiscutibles, evaluados y reconocidos internacionalmente, como los publicados recientemente por el Center for Economic and Policy Research:

  • El producto interno bruto real (corregido por la inflación) se ha incrementado casi el doble, al crecer en un 94.7 por ciento en 5.25 años, lo que equivale a un ritmo anual de crecimiento de 13.5 por ciento.
  • La mayor parte de este crecimiento se ha dado en el sector no petrolero de la economía y el sector privado ha crecido a un mayor ritmo que el sector público.
  • Durante la expansión económica actual, la tasa de pobreza se ha reducido en más de la mitad, de 54 por ciento de hogares en pobreza en el primer semestre de 2003, a 26 por ciento a finales de 2008. La pobreza extrema ha disminuido aún más, en un 72 por ciento. Estos indicadores de pobreza están basados solamente en el ingreso de las personas y, por ende, no toman en cuenta el mayor acceso a los servicios de salud o educación.
  • A lo largo de la década, el porcentaje de hogares en condiciones de pobreza se ha reducido en un 39 por ciento y el de extrema pobreza más de la mitad.
  • Se observan grandes avances en la cobertura y calidad de la educación, particularmente en la educación superior, con un incremento en los índices de escolarización de más del doble entre los ciclos escolares 1999-2000 y 2007-2008.
  • Durante la última década, el número de beneficiarios del sistema de seguridad social aumentó más del doble.
  • El gasto social real (corregido por la inflación) por persona se ha incrementado por más de tres veces entre 1998 y 2006.

En este contexto, la victoria del sí, emitido por el pueblo venezolano en el referendo de este 15 de febrero, es otra prueba que se agrega a lo dicho por el presidente Chávez: “Los pueblos despiertan, se levantan y combaten”. Éste es el caso de varios países en América Latina: Bolivia, Ecuador y Venezuela, entre otros, herederos directos de las luchas de los países del Sur iniciadas a mediados de la década de 1950.

Ahora, frente a la evidencia de los dos procesos, uno económico y otro político, la solución que pretendan dar los países ricos del Norte, concretamente en las reuniones del G20 y del G8, a la actual crisis financiera internacional, deberá pasar ineludiblemente por un reconocimiento de los avances de la democracia participativa de los países del Sur.

*Doctor en derecho de la cooperación internacional por la Universidad de Toulouse I, Francia

Fuente: Revista Fortuna | No. 73 | 15 de febrero de 2009 | México

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