En correspondencia con el gesto del gobierno cubano, para otorgar la denominación de origen al tequila, el IMPI respalda a los puros cubanos. Con ello, se socava el bloqueo impuesto por Estados Unidos contra Cuba.

El aval que concedió el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) a los puros y habanos de Cuba, al darles la certificación de la denominación de origen, contribuye para que la mayor de las Antillas burle el bloqueo que le impuso Estados Unidos hace ya cuatro décadas.

 

Los documentos que autentifican esa condición a las marcas Habano, Cuba, Habana y Habanero que entregó Jorge Amigo, director general del IMPI, a Manuel Aguilera, el embajador de la República de Cuba, certifican que a partir del 28 de noviembre de 2008 el habano cubano está protegido legalmente en México contra todo intento de falsificación.

 

Los habanos de Cuba, símbolo de calidad entre los tabacos del mundo, se fumaban en la Casa Blanca a pesar de las restricciones comerciales que impuso el gobierno estadunidense a la Isla. España es otro gran cliente de ese producto. En México, el gusto por los puros elaborados con tabaco cubano se traduce en el mayor número de casas del Habano, después de Cuba, en donde se cata este producto.

 

El respaldo del IMPI y del gobierno mexicano a los habanos cubanos representa un paso hacia adelante en la relación comercial de ambos países, señala Manuel Aguilera, embajador de Cuba en México. Por su parte, Jorge Amigo explica que el reconocimiento del IMPI prestigia aún más al tabaco cubano en México. Éste se logró luego de una intensa gestión del Instituto para retirar las denegaciones relativas a los puros cubanos que se establecieron en el Reglamento de Lisboa en 1999.

 

La medida mexicana corresponde al gesto que tuvo el gobierno cubano hace unos meses para otorgar la denominación de origen al tequila, la bebida típica de México, que también enfrenta numerosas falsificaciones a nivel mundial.

 

Para el embajador Manuel Aguilera, esa acreditación es “importante” porque es un paso más en la dirección que toman las relaciones entre los dos países durante el actual gobierno de México, “la dirección que nunca debió abandonar la relación fraternal existente entre nuestros dos países, que es hacia el desarrollo pleno de nuestros vínculos en todos los terrenos, mutuamente beneficiosos en los terrenos político, cultural, comercial y económico”.

 

Aguilera manifiesta que, en 2007 y en 2008, el comercio bilateral prácticamente duplicó el de 2006. A ese resultado se suma la reciente visita a México del canciller cubano Felipe Pérez Roque a invitación de la titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa Cantellano. Esto “es un hito en el proceso de restablecimiento de nuestros vínculos diplomáticos y representa dar la vuelta a la página de los desencuentros que desgraciadamente tuvimos entre nuestros gobiernos en el pasado sexenio; permite comenzar una nueva época donde todo lo que sea beneficioso para México lo es para Cuba, como también pensamos, modestamente, que todo lo que sea beneficioso para Cuba, lo es para México”.

 

Rodolfo Velasco Álvarez, director de Importadora y Exportadora de Puros y Tabacos –la empresa que se encarga de comercializar en México el puro cubano–, explica que luego de 1993, en el llamado periodo especial, cuando los ingresos de Cuba decayeron por la baja del precio mundial del azúcar y el fin del bloque socialista, su empresa apostó a la exportación de habanos como “un producto de excelente calidad”.

 

Afición oculta

William Clinton gustaba de saborear esos puros, por lo que se hizo “toda una triangulación comercial para que Clinton pueda fumar habanos cubanos y la hija de Bush tomar su Cuba-Libre”, narró Carlos Alberto Libanio Christo, autor de una cincuentena de libros de diversos géneros literarios, mejor conocido como Frei Betto.

 

Este fraile dominico brasileño y teólogo de la liberación afirma, en una entrevista que reprodujo Adital el 5 de marzo de 2008, que el bloqueo cuesta, “en términos de pérdidas para Cuba, alrededor de 18 mil millones de dólares por año. Sin el bloqueo, Cuba podría volver a comercializar sus productos con Estados Unidos, como lo hace con otros países capitalistas como España y Canadá”.

 

Precisamente durante la administración de William Clinton (del 20 de enero de 1993 al 20 de enero de 2001) hubo indicios de una flexibilización de las sanciones de Estados Unidos a la Isla, publicó el Miami Herald en un artículo de Juan O. Tamayo, titulado “Avidez empresarial por invertir en Cuba”. Ese texto apuntó el entusiasmo de compañías norteamericanas que se apresuraban a explorar las perspectivas empresariales en Cuba, luego de que el gobierno de Clinton anunció el 5 de enero de ese año que suavizaría los controles a los alimentos y a las ventas de insumos para producción agrícola, “como parte de un programa diseñado para promover a grupos independientes y prodemocráticos” de la Isla. Sin embargo, esa intención se truncó bajo el gobierno de George W. Bush.

 

En el ámbito mundial, la demanda de puros cubanos es muy alta. Durante la administración de William Clinton, el servicio de aduanas estadunidense confiscó, sólo en 1999, tabaco por valor de 1 millón 100 mil dólares, lo que constituye un monto récord si se considera que en 1997 esa cifra fue de apenas 140 mil dólares. Con ese volumen de ingreso de tabaco cubano a Estados Unidos, se burla el férreo bloqueo que desde hace cuatro décadas impide su venta a los consumidores de aquel país.

 

El tabaco cubano fue también víctima de la falta de financiamientos para la agricultura de la Isla, luego de la desaparición de la Unión Soviética, su principal proveedor económico en el periodo de 1970 a 1994. Por la falta de fertilizantes y otros insumos que provenían del bloque de países socialistas de Europa Oriental, cayó la producción de habanos que apenas sumó 52 millones de unidades en 1993.

 

Así, un año después, la producción de habanos para exportación descendió a 55 millones de dólares contra 115 millones que alcanzó en 1990, último año de la bonanza. Entonces, la demanda mundial para esos codiciados productos se estimó desde La Habana en más de 200 millones de tabacos torcidos. Fue precisamente la cosecha de 1994-1995 la que logró frenar esa caída en la producción y permitió a Cuba plantearse un proceso de crecimiento hacia 2000: elaborar 200 millones de tabacos.

 

Pinar del Río, la provincia cubana más occidental, concentra el 70 por ciento de la cosecha nacional de tabaco que se destina a la exportación. Ese cultivo da empleo a unas 80 mil personas, entre propietarios privados, cooperativistas y obreros; sin embargo, los efectos de los huracanes Ike y Gustav, sobre los cultivos en esa provincia, amenazaron recientemente al sector tabacalero, primordial para la economía cubana.

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