Creado para aportar soluciones tecnológicas a Pemex, el Instituto Mexicano del Petróleo ha sido desmantelado por las últimas administraciones federales. Lejos de generar conocimiento, ahora se dedica a realizar investigaciones superficiales por encargo e “impartir cursos de inglés”

Al frenar el desarrollo del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP), en lo que el senador Graco Ramírez considera como una suma de errores de varias décadas, se cometió “un crimen largamente anunciado para justificar la privatización”. El brazo tecnológico de la industria petrolera mexicana perdió fuerza ante la estrategia destinada a extinguirlo por seguir las políticas públicas de ciencia y tecnología que emprendieron los gobiernos desde 1981.

En el trasfondo de esa problemática está el debate sobre la soberanía tecnológica en el mercado mundial del petróleo. Es precisamente en ese sector estratégico donde las nuevas tecnologías contribuyen a impulsar la competitividad y a moldear la educación y economía de los estados productores de hidrocarburos, señala el jefe del Departamento de Sistemas de la Universidad Autónoma Metropolitana, plantel Azcapotzalco, Nicolás Domínguez Vergara.

Para el académico, un ejemplo exitoso de política de desarrollo tecnológico desde el gobierno, es el de los laboratorios del Departamento de Energía de Estados Unidos en los que él colaboró. “A nivel mundial, existen organizaciones que se dedican a la investigación y al desarrollo tecnológico, como ocurre con esos laboratorios, y la tecnología que ahí desarrollan se destina a la transferencia”.

Ese modelo ha sido tan exitoso que el Departamento de Energía no realiza proyectos similares a los de la industria privada para evitar duplicidad en sus agendas. El resultado es que ambos sectores generan tecnología de punta que les redunda en productos, servicios y recursos económicos.

En contraste, desde hace un par de décadas el IMP carece de capital suficiente para subsistir, pues las administraciones de estas épocas decidieron restringir su presupuesto e instaron a ese centro de investigación a dar un giro en su vocación tecnológica al obligarlo a ofrecer servicios para atraerse recursos propios.

Esa tendencia se mantiene en los gobiernos emanados del Partido Acción Nacional, como quedó de manifiesto en la entrevista que concedió el director del IMP, Héber Cinco Ley, a Radio Red, el 31 de marzo pasado. Ahí, el funcionario manifestó: “a partir de hace dos años recibimos ciertos recursos que más o menos nos ayudan a cubrir el 45 por ciento de los gastos de investigación”.

El directivo agregó que el instituto tiene un gasto de investigación de “un poco más de 900 millones de pesos anuales” y el año pasado (2007) recibió del gobierno 404 millones “la diferencia la generamos como una ganancia de nuestra operación”. Ese raquitismo presupuestal persiste en la primavera de este 2008, cuando los petroprecios mundiales ya rebasaron los 112 dólares por barril.

Días antes, el 13 de marzo, Esteban Cedillo Pardo, director de Investigación y Posgrado de esa institución manifestó en su ponencia del foro “El futuro del sector energético” –que organizó Notimex–, que “actualmente el instituto desarrolla nueve proyectos de exploración encaminados a incrementar los niveles de aprovechamiento de la producción, recuperación secundaria y asimilación de los recursos en aguas profundas”.

Esa declaración contrasta con los avances del Centro de Investigación y Desarrollo (Cenpes) de Brasil, el núcleo tecnológico de la industria petrolera de aquel país. De acuerdo con los informes de ese centro, llevó a cabo el desarrollo de 48 nuevas patentes y otras 179 en el extranjero, además de emprender 500 nuevos proyectos de investigación y desarrollo en exploración, explotación, refinación, petroquímica y energías renovables.

Contra la crisis financiera y tecnológica que enfrentan el IMP y la paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex), el Cenpes logró constituirse en pocos años como la pieza clave para fortalecer la industria petrolera de Brasil que condujo a Petrobras a situarse como la séptima mundial en el ranking de Petroleum Intelligence Weekly (PIW, por sus siglas en inglés).

Al analizar el origen de la debilidad tecnológica de la industria petrolera nacional, que va de la mano con la languidez del IMP, Cedillo indica que limitarse a proveer un servicio al cliente como lo hace esa institución no significa transferir tecnología ni otro know how (que para el especialista indica el conjunto de conocimientos). En ese caso, señala, “el cliente no generará recursos humanos ni aumentará su base tecnológica”.

Agrega que en México, las políticas de ciencia y tecnología no permiten fortalecer a las instituciones nacionales que promuevan la creación de alta tecnología para la industria del petróleo y afirmó que tampoco Pemex ha contribuido significativa y sostenidamente a fortalecer al IMP.

El diagnóstico final del especialista indica que, al dedicarse ese instituto a proveer servicios para las actividades operativas de Pemex, no logró concretar proyectos de largo plazo que le permitieran comercializar internacionalmente nuevos productos tecnológicos.

En opinión del senador Graco Ramírez, esas políticas públicas “desmantelaron al IMP, la convirtieron en una empresa de servicio y hacían actividades superficiales, como la impartición de cursos de inglés. De hecho, agrega, en los últimos diez años abandonaron la investigación”. El legislador tabasqueño aseguró que esa tendencia comenzó a revertirse en el texto de la Ley de Derechos que ya se votó y que contempla la asignación de una parte importante de recursos hacia la investigación.

Del auge a la penuria

Creado el 23 de agosto de 1965 (casi 30 años después de Petróleos Mexicanos) para apoyar a la paraestatal en la solución de los problemas de la industria petrolera a través de la investigación y el desarrollo tecnológico, el Instituto Mexicano del Petróleo brindó conocimientos, recursos humanos y tecnología a empresas petroleras de España, Ecuador y Brasil, entre otros.

La principal institución nacional de investigación y desarrollo tecnológico petrolero nació sin fines de lucro, pues tenía el respaldo financiero de Pemex. Así, en sus primeros años se minimizaron sus problemas de liquidez y a mediados de la década de 1970, el IMP se consolidó como un centro de investigación en petroquímica sobresaliente en el llamado Tercer Mundo.

Así lo manifestó Guillermo Guajardo Soto en su ponencia “El papel del IMP en el cambio tecnológico de Pemex” (Congreso de la Asociación Mexicana de la Historia Económica, celebrado del 27 al 29 de octubre de 2004).

También, de acuerdo con el examen de Domínguez Vergara, en esa década, el IMP desarrolló modelos matemáticos aplicables a programas de ingeniería petrolera para estudios de yacimientos en la zona sur e incursionó en las tecnologías de exploración y explotación costa afuera; con ese trabajo, México aumentó sus reservas petroleras y su producción.

Ya en los años ochenta, entre los clientes e intercambios profesionales del brazo tecnológico de Pemex, figuraban empresas y centros universitarios de Europa, América Latina y Asia. Pese a este avance significativo, en 1978 y cuando los logros del IMP eran motivo de orgullo, fue obvio que en términos generales México no era autosuficiente en tecnología petrolera.

Así lo describe el estudio de Leopoldo García Colin Scherer titulado Realidad y demagogia en la tecnología mexicana (Premia Editora, 1989). García Colín señaló entonces que la cantidad de miles de dólares que se pagaban anualmente por concepto de compra de tecnología, asesoramiento, regalías y otros renglones similares, “es una fracción importante del presupuesto del IMP”.

Al evocar los éxitos tecnológicos del instituto, Domínguez Vergara subraya que, ahora, desafortunadamente ese ente ahora no logra proporcionar a Pemex los equipos y tecnologías que le permitirían garantizar el éxito, por ejemplo, en su intención de explorar nuevos yacimientos petroleros en las aguas profundas del Golfo de México.

El investigador afirma que “los gobiernos emanados del Partido Revolucionario Institucional (PRI) decidieron transformar a esa entidad científico-tecnológica en un Instituto con vocación de servicios. Al verse en la necesidad de buscar su propio presupuesto a través de la comercialización de sus servicios, el IMP perdió la posibilidad de brindar a Pemex la tecnología para su desarrollo”.

Neoliberales contra el IMP

El gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado, trajo consigo la era de los neoliberales “y al IMP le cambiaron la jugada”, sentencia el académico de la Universidad Autónoma Metropolitana. El Instituto debía ganarse el dinero que iba a usar para las investigaciones que le servían a Pemex.

Comenzaron los tiempos difíciles, el instituto necesitaba sobrevivir y eso hizo que se limitara a atender los asuntos urgentes para Pemex. Describe Domínguez que se dio prioridad “a la operación diaria y se abandonó la cuestión estratégica”.

Un ejemplo de ese desdén a la vocación de alta tecnología del instituto tuvo lugar en 1987, cuando se descubrió que hacía investigaciones de punta “muy buenas. y cuando Pemex se dio cuenta de eso, le dijo que eso no le servía, que necesitaba las operaciones diarias”, apunta el académico. Como resultado, el IMP tuvo que traspasar investigaciones y áreas estratégicas a universidades públicas como la UNAM y el Cinvestav.

Así ocurrió con investigaciones de problemas de superconductividad o algunas cuestiones de geofísica que fueron traspasadas. El trabajo de Nicolás Domínguez titulado Investigación y desarrollo tecnológico en la industria tecnológica (mayo de 2006), refiere cómo la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se interesó en temas de simulación de yacimientos para el Instituto de Geofísica que le fueron traspasados por el IMP.

“Fíjese, un centro de simulación de yacimientos que tenía el IMP se le pasó a la UNAM; eso fue en 1987. Entonces, el IMP ¿cómo podía hacer investigación de punta si se la quitaban? Era ridículo y hay personas que al criticar no saben la historia; deben saber que le quitaron eso y si hubiera querido hacer investigación en aguas profundas hubiera tenido que poner dinero para hacer esas investigaciones.

¿Qué hicieron con el IMP?

Ramírez Abreu, senador del Partido de la Revolución Democrática, señala que al instituto “le quitaron presupuesto y alejaron a la planta de técnicos e investigadores que iban a los principales centros del mundo a hacer maestrías y doctorados. Contra lo que se afirma, el IMP llegó a tener tecnología propia para explorar petróleo en tirantes de 1 mil metros de agua”.

Por esa situación, el legislador sentencia: “tenemos entonces que con el IMP lo que se hizo es parte de la estrategia para desmantelar a la industria petrolera mexicana. Por un lado, endeudaron a una empresa (Pemex) que, después de Exxon, es la que tiene más utilidades en el mundo”.

El secretario de la Comisión de Energía del Senado pregunta: “¿quién explica que una empresa con tal nivel de utilidades tenga 500 mil millones de pesos de deuda, de pasivos? ¿Qué hicieron?”. Agrega que esa crítica situación de Pemex se vincula con el declive del IMP: “lo que hicieron fue desmantelarlo para convertirla en una empresa de servicio y resulta que en los últimos 10 años abandonaron la investigación y hacían cursos de inglés, es decir, actividades superficiales”.

Para conocer la opinión de las autoridades del IMP sobre estos señalamientos, Fortuna solicitó una entrevista. El jefe de prensa del instituto señaló que el IMP “se mantiene en un bajo perfil en los medios”.

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