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Para economías emergentes como México, los efectos se transmiten principalmente a través de dos canales: Por un lado, el encarecimiento de la energía presiona la inflación y, por el otro, la volatilidad financiera puede afectar el tipo de cambio y los flujos de capital. Ante ello, el escenario para seguir flexibilizando la política monetaria se complica.
*Por Janneth Quiroz Zamora, directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Grupo Financiero Monex.
El conflicto en Medio Oriente ha escalado rápidamente desde un enfrentamiento puntual hasta convertirse en uno de los mayores riesgos para la economía global en años recientes.
La ofensiva inicial de Estados Unidos e Israel contra Irán a finales de febrero detonó una cadena de represalias que hoy mantiene a la región en tensión constante, con efectos que ya se reflejan en los mercados energéticos, financieros y en las perspectivas de crecimiento mundial.
Uno de los acontecimientos más recientes y relevantes ha sido la disrupción en el Estrecho de Ormuz, una ruta clave por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial. El bloqueo parcial impulsado por Irán ha provocado una caída significativa en el flujo de buques y una fuerte reducción en la oferta global de energía.
Como resultado, los precios del crudo han repuntado de forma acelerada, con incrementos superiores al 50% en pocas semanas e incluso niveles cercanos o por encima de los $110 dólares por barril en algunos momentos.
Este choque energético ya comienza a tener efectos de segundo orden. El encarecimiento del petróleo eleva los costos de transporte, producción y electricidad a nivel global, lo que ha empezado a presionar la inflación en múltiples economías.
En Estados Unidos, por ejemplo, el aumento en el precio de la gasolina ya supera los $4 dólares por galón, impactando directamente el ingreso disponible de los hogares. Este entorno complica la labor de los bancos centrales, que enfrentan el dilema de mantener tasas de interés elevadas para contener la inflación a costa de desacelerar el crecimiento económico.
Impactos diversos
Más allá del petróleo, el conflicto ha afectado las cadenas globales de suministro. La inseguridad en rutas marítimas clave y los ataques a infraestructura energética han obligado a desviar rutas comerciales, encarecer seguros logísticos y generar retrasos en el comercio internacional.
De hecho, organismos internacionales advierten que esta crisis podría convertirse en una de las mayores disrupciones de oferta energética en la historia reciente, con impactos comparables a los choques petroleros de los años setenta.
A nivel regional, los efectos son profundamente heterogéneos. Mientras algunos países productores con rutas alternas han logrado beneficiarse de precios más altos, otros altamente dependientes del Estrecho han visto desplomarse sus ingresos petroleros. Esta divergencia refleja cómo la geopolítica puede redistribuir rápidamente ganancias y pérdidas dentro del sistema energético global.
En los mercados financieros, la incertidumbre se ha traducido en volatilidad. El fortalecimiento del dólar y la búsqueda de activos refugio reflejan un entorno de mayor aversión al riesgo. Además, la posibilidad de una guerra prolongada —dada la capacidad de Irán para sostener una estrategia de desgaste mediante misiles, drones y bloqueos— incrementa el riesgo de un escenario de estanflación global: bajo crecimiento con alta inflación.
Para economías emergentes como México, los efectos se transmiten principalmente a través de dos canales. Por un lado, el encarecimiento de la energía presiona la inflación. Por otro, la volatilidad financiera puede afectar el tipo de cambio y los flujos de capital. Ante ello, el escenario para seguir flexibilizando la política monetaria se complica.
Finalmente, el conflicto también está evolucionando hacia una guerra económica. Los ataques a infraestructura clave, como instalaciones petroquímicas y energéticas, buscan debilitar la capacidad productiva de Irán, mientras que las represalias amplían el radio de impacto hacia otros países de la región. Este tipo de confrontación prolonga la incertidumbre y retrasa cualquier normalización en los mercados.
Así, la guerra en Medio Oriente ha dejado de ser un evento regional para convertirse en un choque sistémico con implicaciones globales. La evolución del conflicto será determinante para definir si el mundo enfrenta un episodio transitorio de volatilidad o un nuevo ciclo de presiones inflacionarias y bajo crecimiento en los próximos años.
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*Janneth tiene más de 15 años de experiencia analizando la coyuntura mundial y local de los mercados. Actualmente, es directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Grupo Financiero Monex. Es profesora en diversas universidades de prestigio, como el Tecnológico de Monterrey y la Universidad Panamericana. Recientemente fue reconocida por Forbes como una de los veinte economistas más influyentes de México.
A lo largo de su trayectoria profesional, Janneth ha liderado varios proyectos en el sector financiero. Además, ha impartido conferencias a lo largo del país y frecuentemente participa dando su opinión sobre temas económicos y financieros relevantes en varios medios de comunicación, tanto especializados, como, Reuters y El Financiero Bloomberg, así como en diarios de circulación nacional, como Reforma.
La ejecutiva forma parte del Comité de Estudios Económicos del IMEF Nacional y del Comité del Indicador IMEF. Además, es vicepresidenta del Consejo Consultivo y Promotor de la Licenciatura en Economía de la Universidad Panamericana, así como del Grupo de Política Económica de la International Chamber of Commerce México.
Es Licenciada en Economía por el CIDE, maestra en Finanzas por el Tecnológico de Monterrey y tiene una especialidad en Econometría en el ITAM. Recientemente cursó un Diplomado de Comercio Internacional en la Escuela Libre de Derecho.
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