El debate que México no tuvo: Banxico, el jitomate y la Macroeconomía 1

Banxico y el debate que no fue en torno a la baja en tasas de interés
Banxico y el debate que no fue en torno a la baja en tasas de interés

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El debate que México no tuvo: Banxico, el jitomate y la Macroeconomía 1

Por Jorge Flores Kelly, publicado en Revista Fortuna.

Gabriel Casillas, economista en jefe para Latinoamérica de Barclays y una de las voces más respetadas del análisis financiero en México, lo dijo sin rodeos el 29 de marzo en X: “El debate en torno a la última decisión de política monetaria de Banxico en redes sociales es muy pobre. Lo entendería de algunos, pero inclusive de colegas que hasta hace poco consideraba economistas serios.” Añadió que el debate debería estar al menos “alrededor de lo que realmente apoya las decisiones de política monetaria de la Junta de Gobierno, máxime en un régimen de objetivo de inflación basado en pronósticos (inflation forecast targeting)”, particularmente sobre los canales de transmisión, los rezagos con que actúa la política monetaria y el intervalo estimado de neutralidad para la tasa real ex ante. Su diagnóstico fue lapidario: “El debate no pasa del libro de texto de Macroeconomía 1.”

Esta columna intenta ser el debate que no ocurrió.

La politización disfrazada de análisis

Antes de entrar al fondo, hay que nombrar lo que ocurrió en la superficie. El tweet más viral del día no fue el de Casillas — fue el de Alberto Aguilar, con más de 40,000 impresiones, cuestionando la autonomía del banco central con el argumento de que “quienes votaron a favor son los miembros afines.” Eso no es análisis monetario. Es argumento ad hominem institucional: juzgar la decisión por quiénes la tomaron, no por los fundamentos técnicos que la sustentan.

La realidad es que la división fue espejo de la incertidumbre real. La encuesta de Bloomberg entre los economistas consultados fue casi exactamente 15 a 16 antes del anuncio. La Junta replicó esa proporción internamente con su votación 3 a 2. Cuando el mercado está partido por la mitad y la Junta refleja esa misma división, la señal correcta no es certeza — es incertidumbre genuina. Quienes criticaron la decisión con total convicción, en cualquier dirección, estaban exhibiendo exactamente la arrogancia epistémica que el propio dato refutaba.

La politización empeoró todo. Cuando parte del debate derivó en cuestionar quiénes votaron en lugar de por qué votaron así, los canales de transmisión, el IFT y la tasa real ex ante desaparecieron de la conversación. Justo lo que más importaba.

¿Qué debate debió haber ocurrido? El IFT y sus supuestos

Casillas tiene razón en que el debate correcto está en otro nivel. Bajo un régimen de Inflation Forecast Targeting, las preguntas relevantes son otras: ¿Son creíbles las proyecciones de inflación de Banxico, o convergen al objetivo por construcción del modelo más que por poder predictivo real? ¿Está bien estimado el PIB potencial como variable relevante de la brecha del producto en las proyecciones? ¿Cuáles son los rezagos reales con que actúa la política monetaria en México — los cuatro a seis trimestres que señaló el subgobernador Mejía? ¿Es correcto el intervalo de neutralidad de la tasa real ex ante de 1.8 a 3.6 por ciento?

Ninguna de estas preguntas apareció en el debate público. Apareció en cambio: “¿cómo pudo bajar con inflación en 4.63%?” Que es, como veremos, la pregunta incorrecta.

Y hay un dato que ilustra perfectamente la pobreza del debate. La diferencia en la inflación subyacente entre enero y marzo fue de 4.47% a 4.46% — un punto base. Con la complejidad de la economía mexicana — informalidad, dispersión regional, heterogeneidad de canastas — esa diferencia está dentro del margen de error del propio instrumento de medición del INEGI. Dos conclusiones opuestas, con igual convicción, construidas sobre una diferencia estadísticamente indistinguible de cero. Taleb lo llamaría por su nombre: estaban analizando su propio error de medición, no la economía, con dos decimales de precisión falsa.

¿Debe Banxico actuar sobre el jitomate?

La inflación de 4.63% en la primera quincena de marzo fue impulsada fundamentalmente por el sector agropecuario: jitomate +32%, calabacita +17%, limón +13%, frutas y verduras en conjunto con su mayor alza quincenal desde octubre de 2006. Los energéticos, en contraste, subieron apenas 0.48% quincenal — porque el gobierno activó subsidios activos a las gasolinas para absorber el shock de Ormuz.

Pero hay algo que casi nadie dijo: el jitomate no subió por presión de demanda ni por política monetaria expansiva. Los aranceles de Trump al jitomate eliminaron incentivos productivos en México, provocando que los agricultores redujeran la siembra ante la pérdida de rentabilidad, generando escasez y encarecimiento. El tomate saladette se vende hasta en 47.70 pesos por kilo, un alza de 86.6% respecto a la primera quincena de marzo del año pasado, mientras que las exportaciones mexicanas de tomate cayeron 33.6% en valor anual en enero. Es un shock de oferta exógeno, agrícola y estructural que ninguna tasa doméstica controla.

La pregunta correcta no es si Banxico debió mantener la tasa ante esa inflación. La pregunta correcta es: ¿qué nivel del referencial hubiera revertido la decisión de Trump, corregido la escasez o convencido a un agricultor de sembrar a pérdida?

Los tres problemas estructurales que el debate ignoró

Casillas pidió hablar de canales de transmisión. Aquí están los tres que hacen que la discusión de 25 puntos base sea menos relevante de lo que el debate asume.

Bancarización y la omisión de Banxico: El crédito bancario al sector privado en México ronda el 38-40% del PIB. Brasil supera el 90%. Chile el 115%. Colombia el 55%. La tasa de referencia opera sobre el costo del crédito bancario — que en México simplemente no llega a la mayoría de los agentes económicos. Las PyMEs, el sector informal, los productores agropecuarios que no sembraron jitomate: ninguno está suficientemente conectado al sistema bancario para que un movimiento de 25 puntos base cambie sus decisiones.

Pero hay un punto que raramente se menciona y que es de fondo: la propia Ley del Banco de México establece como finalidad adicional “promover el sano desarrollo del sistema financiero.” Treinta años después de la autonomía, la penetración del crédito en México sigue siendo la más baja de América Latina relevante. La propia presidenta Sheinbaum lo señaló en el centenario de Banxico en agosto de 2025: “La banca mexicana casi no da créditos y menos a las pequeñas y medianas empresas”, y planteó un reto explícito a Banxico y a la banca comercial para mayor competitividad y acceso al crédito.

El problema es que ese reto lleva décadas sin respuesta institucional concreta. Banxico ha sido pasivo ante su propia finalidad legal. La baja bancarización no es solo un dato estructural que limita la transmisión monetaria — es una omisión de mandato con consecuencias directas sobre la efectividad del instrumento que hoy todos debaten con tanta pasión.

Apertura comercial y estructura productiva: México tiene una apertura comercial de aproximadamente 80% del PIB. Brasil no llega al 30%. Una fracción enorme de los precios está determinada por condiciones externas — tipo de cambio, commodities, cadenas globales — que ninguna tasa doméstica toca directamente. La inflación de marzo fue agropecuaria, no energética. El shock de Ormuz no llegó a los combustibles domésticos porque el gobierno los absorbió activamente. Lo que llegó fue el arancel de Trump al jitomate: exógeno, agrícola y estructural.

Poder de mercado y crony capitalism: La COFECE documentó que el 95%+ de las industrias mexicanas operan en condiciones no competitivas, y que las familias mexicanas pagan 98.2% más de lo que pagarían en condiciones competitivas. Eso genera un pass-through asimétrico por diseño: cuando sube el insumo, el precio sube. Cuando baja el insumo, el margen se queda arriba. La tasa no presiona eso porque el mercado no es competitivo.

Aquí conviene citar una fuente que suele resultar incómoda para quienes más insisten en la ortodoxia monetaria: The Economist, publicación que no puede ser acusada de parcialidad ideológica, ubica a México en el quinto lugar mundial de su Crony Capitalism Index — el índice que mide la riqueza de multimillonarios generada en sectores con poder de mercado, proximidad al Estado y capacidad de limitar la competencia. Esa estructura de mercado concentrada es precisamente la que hace que el pass-through inflacionario sea asimétrico y que la tasa de referencia pierda efectividad: los precios suben con el insumo pero no bajan con él, porque las empresas con poder de fijación de precios pueden absorber las mejoras de costos como margen en lugar de trasladarlas al consumidor.

Y aquí hay otra omisión que el debate ignoró por completo: la COFECE fue recientemente transformada en CFC con mandato y recursos reducidos. Quienes en el sector financiero han criticado durante décadas el crony capitalism y la falta de competencia efectiva — que son la causa estructural del pass-through asimétrico — guardaron silencio sobre ese cambio institucional. Critican a Banxico por la inflación que el poder de mercado amplifica, pero no cuestionan el debilitamiento del único instrumento que podría atacar el problema de raíz.

Los bancos de mandato único también miran la holgura — y lo hacen por diseño

Una de las críticas más repetidas fue que Banxico “violó su mandato único” al considerar la debilidad de la actividad económica. Es una crítica que no resiste el escrutinio ni teórico ni empírico.

Un paper publicado en 2024 en el Journal of Risk and Financial Management analizó las funciones de reacción de los bancos centrales de países de la OCDE y encontró que los bancos de mandato único se comportan en la práctica de manera indistinguible de los de mandato dual. La distinción legal no produce distinción de comportamiento real. El propio BCE — arquetipo de mandato único — declaró en un documento oficial de marzo de 2026 que “una vez que el proceso de desinflación estaba firmemente en marcha y las expectativas de mediano plazo permanecían ancladas, el BCE comenzó a remover la restricción de política, aunque la inflación doméstica todavía era elevada.” Descripción exacta de lo que hizo Banxico el 26 de marzo. Nadie preguntó si el BCE violó su mandato.

Lars Svensson, padre intelectual del inflation forecast targeting, argumenta que la distinción entre mandato único y dual es en la práctica irrelevante bajo “flexible inflation targeting.” Mervyn King, ex gobernador del Banco de Inglaterra, llamó “inflation nutters” a los bancos centrales que ignoran completamente el ciclo económico — sugiriendo que esa posición es hoy una postura extrema e indefendible.

La gobernadora Rodríguez Ceja y la mayoría de la Junta no violaron ningún mandato al considerar la holgura económica. Hicieron lo que hacen todos los bancos centrales sofisticados del mundo: leyeron el ciclo dentro del horizonte de mediano plazo del IFT.

El mandato que nadie citó correctamente

En agosto de 2025, en el centenario de Banxico, se abrió brevemente la discusión sobre si el banco central debería tener un mandato dual explícito. Sheinbaum, sin mencionar de forma textual alguna propuesta sobre llevar al banco central a un mandato dual, pidió a Banxico mirar hacia delante y continuar como garante de estabilidad de precios, pero con desarrollo del país. Días después aclaró: “No estamos pensando en ello.”

La presidenta tenía razón — pero por razones más profundas de las que probablemente consideró. No hace falta cambiar el mandato porque el mandato que existe ya no es el que todos asumen.

El Artículo 28 constitucional establece que el objetivo prioritario de Banxico es “procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional, fortaleciendo con ello la rectoría del desarrollo nacional que corresponde al Estado.” El Artículo 25 define esa rectoría en términos de “la competitividad, el fomento económico y el empleo.” La Ley del Banco de México añade como finalidades adicionales promover el sano desarrollo del sistema financiero y el buen funcionamiento de los sistemas de pagos.

El “mandato único” fue una interpretación operacional construida post-1994 como dispositivo de credibilidad antiinflacionaria — no una descripción jurídica precisa del texto constitucional. El trauma del error de diciembre, las décadas de inflación de doble dígito justificaron esa narrativa. Esa narrativa cumplió su función histórica. Pero confundirla con el texto constitucional es un error categorial. Quienes acusan a la Junta de operar con mandato dual sin saberlo están, en realidad, acusando a Banxico de cumplir la Constitución.

El paralelo con el salario mínimo es exacto. Durante décadas, la misma narrativa ortodoxa mantuvo salarios reales deprimidos con el argumento de que subirlos generaría inflación. La evidencia empírica lo refutó. El mismo patrón se repite en política monetaria: el paradigma pre-2018 que trataba a México como economía con transmisión perfecta está siendo revisado — no por capricho político, sino porque la economía real no se comporta como el modelo asume.

La humildad que el debate no tuvo

El análisis más honesto del día lo ofreció Alexis Milo: reconocer explícitamente que “no sabemos” quién tiene la razón, que la tasa real ex ante ubica a Banxico “al filo” del terreno neutral, y que la decisión no era fácil ni obvia. Ese reconocimiento requiere más valentía intelectual que los 40,000 likes de la narrativa de la autonomía comprometida.

La división 50-50 de analistas, replicada en la votación 3-2 de la Junta, es en sí misma información: cuando expertos sofisticados con acceso a los mismos datos llegan a conclusiones opuestas con igual convicción, el instrumento analítico disponible no contenía señal suficiente para determinar la decisión correcta. Pretender certeza en ese contexto no es rigor. Es ruido con apariencia de señal.

El debate que México necesita

Marco Oviedo lo propuso y Casillas lo avaló: hace falta un simposio. Tienen razón. El debate que México necesita sobre política monetaria no cabe en X — y tampoco en los marcos que el mainstream utilizó esta semana.

Ese debate requiere primero reconocer que México no es una economía con transmisión monetaria perfecta. Que el mandato constitucional de Banxico es más rico de lo que la narrativa ortodoxa reconoció durante tres décadas. Que la inflación del jitomate, del arancel de Trump y del ciclo agropecuario no la resuelve ninguna tasa de referencia — la resuelven política comercial, inversión en infraestructura agrícola, competencia efectiva en cadenas de distribución de alimentos y, crucialmente, mayor penetración del crédito al sector productivo.

Y requiere también que Banxico deje de ser pasivo ante su propia finalidad legal de promover el sano desarrollo del sistema financiero. No es suficiente debatir cuántos puntos base mover — mientras el canal por el que esos puntos deben transmitirse sigue siendo el más estrecho de América Latina relevante, y mientras The Economist nos ubica en el quinto lugar mundial de crony capitalism sin que el debate monetario lo mencione siquiera.

El debate que tuvimos fue de Macroeconomía 1. El que necesitamos está en otro nivel — y ese nivel existe, aunque no en X.

El autor es economista por el ITAM y MSc in Economics por la Universidad de Essex. Es director de Aporta Consultoría Estratégica y del Observatorio Nearshoring.