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La transformación del dinero dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad en marcha. Durante el panel “El futuro del dinero: lo que viene para México y el mundo”, realizado en el marco de la 89 Convención Bancaria, líderes del sector financiero coincidieron en que la tokenización, la inteligencia artificial y los pagos digitales están reconfigurando de manera acelerada el sistema financiero global.
Uno de los mensajes centrales fue contundente: el cambio ya está ocurriendo. Tim Murphy, vicepresidente de Mastercard, afirmó que tecnologías como la tokenización ya no son experimentales, sino herramientas activas que transforman la forma de transferir dinero, rastrear activos y realizar pagos.
“Es una tecnología más eficiente, más elegante, y eventualmente será dominante”, subrayó, al advertir que las instituciones financieras deberán adaptarse o enfrentar una disrupción profunda en sus modelos de negocio.
Tokenización y nuevos tipos de dinero
El panel destacó que el sistema financiero vive la coexistencia de múltiples formas de dinero: soberano, bancario y digital. La irrupción de activos como stablecoins y depósitos tokenizados abre la puerta a una nueva arquitectura financiera.
Alexandre Tombini, representante del Banco de Pagos Internacionales (BIS), explicó que la tokenización, es decir, la digitalización de activos y dinero mediante tecnologías como blockchain, permitirá crear sistemas interconectados a nivel global, con mayor eficiencia en pagos y transacciones transfronterizas.
Sin embargo, advirtió que este proceso aún está en una fase inicial y requerirá coordinación internacional, nuevos marcos regulatorios y colaboración entre bancos centrales y sector privado.
México: avances y contrastes en digitalización
Desde la perspectiva del Banco de México, el país muestra avances importantes en pagos electrónicos, pero también enfrenta retos estructurales.
Othón Moreno González señaló que el sistema SPEI podría superar en 2026 el volumen de transacciones realizadas con tarjetas, reflejando una transición acelerada hacia pagos digitales.
No obstante, persisten contrastes relevantes: mientras en zonas urbanas como la Ciudad de México cerca del 50% de los pagos ya son electrónicos, en regiones del sur más del 80% aún se realiza en efectivo.
Además, entre el 70% y 75% de las transacciones a nivel nacional siguen dependiendo del efectivo, lo que evidencia una brecha en inclusión financiera y adopción tecnológica.
El reto: reducir el uso de efectivo
Para la banca, uno de los principales desafíos es disminuir la dependencia del efectivo, que además de limitar la inclusión financiera, está asociado a actividades informales y delictivas.
Manuel Romo, director general de Banamex, destacó que entre 80% y 90% de las actividades ilícitas en México se realizan en efectivo, lo que refuerza la necesidad de migrar hacia pagos digitales.
Asimismo, subrayó que el uso del efectivo representa un costo equivalente a 1.5% del PIB, lo que implica una oportunidad económica significativa si se impulsa su digitalización.
Pagos instantáneos, inclusión y crecimiento
Los sistemas de pagos rápidos, como SPEI en México o PIX en Brasil, fueron señalados como pilares del futuro financiero. Estos mecanismos no solo facilitan transacciones inmediatas, sino que también impulsan la inclusión financiera.
De acuerdo con el BIS, el aumento en la adopción de pagos digitales puede elevar el acceso al crédito y al ahorro, además de tener un impacto positivo en el crecimiento económico.
Seguridad y fraude: el gran desafío
A pesar de los avances tecnológicos, el fraude sigue siendo una de las principales amenazas. Murphy advirtió que la sofisticación de los ataques, muchas veces apoyados en ingeniería social, representa un reto global.
En este contexto, tecnologías como inteligencia artificial, machine learning y tokenización serán clave para prevenir fraudes en tiempo real, aunque aún no existe una solución definitiva.
Una transformación que requiere coordinación
Los participantes coincidieron en que el éxito de esta transición dependerá de la colaboración entre bancos, reguladores, empresas tecnológicas y gobiernos.
La inversión en infraestructura, la claridad regulatoria, los incentivos para usuarios y comercios, y campañas de educación financiera serán determinantes para acelerar la adopción.
Además, se destacó el potencial de digitalizar flujos clave como programas sociales y remesas, que superan los 60 mil millones de dólares anuales, para detonar un cambio estructural en la economía.
Un cambio inevitable
El consenso del panel fue claro: el sistema financiero está entrando en una nueva era donde el dinero será digital, programable e interoperable.
La pregunta ya no es si ocurrirá esta transformación, sino qué tan rápido avanzará y qué tan preparados estarán los países y sus instituciones para aprovechar sus beneficios.
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