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Durante el segundo panel de la Convención Bancaria y de Valores, la Fundación ABM presentó una estrategia centrada en el empoderamiento económico como eje para reducir desigualdades y fortalecer el desarrollo social en México, con especial énfasis en el apoyo a microempresarios.
La organización planteó un “nuevo propósito” orientado a impulsar el bienestar y la prosperidad de comunidades en situación de vulnerabilidad, al tiempo que busca posicionar al sector bancario como un actor clave en la generación de valor social.
De acuerdo con lo expuesto, el empoderamiento económico se identifica como una de las principales áreas de oportunidad dentro de la filantropía corporativa. Entre las causas más financiadas destacan la educación y el desarrollo de capacidades, el medio ambiente y el cambio climático, los derechos humanos y la inclusión, así como el fortalecimiento institucional de organizaciones de la sociedad civil. A ello se suman acciones en voluntariado corporativo, transparencia, agenda pública y atención a desastres.
Uno de los ejes centrales de la estrategia es el acompañamiento integral a familias mexicanas para superar barreras estructurales que limitan su desarrollo. Esto incluye el fortalecimiento de capacidades productivas, la promoción de la autonomía económica y el impulso de oportunidades de movilidad social, especialmente en poblaciones en condiciones de mayor vulnerabilidad.
El modelo de operación contempla el apoyo directo a jefas y jefes de familia con micronegocios, así como la incorporación de las necesidades sociales dentro de la estrategia del negocio bancario bajo un esquema de generación de valor compartido. Además, se consideran ejes transversales como la investigación y vinculación, el fortalecimiento de la acción gremial y la evaluación de impacto.
En el diagnóstico presentado, se destacó la situación de los microempresarios en el país. Este sector, integrado principalmente por personas de entre 28 y 49 años, enfrenta condiciones adversas: ingresos bajos e inestables, falta de acceso a seguridad social y limitaciones para cubrir la canasta básica.
Asimismo, se señaló que solo 25% de los microempresarios utiliza herramientas digitales o internet, lo que restringe su crecimiento y competitividad. A esto se suma que 52% de las microempresas cierra antes de cumplir dos años de operación, reflejo de la fragilidad estructural del sector.
En términos de género, el 34% de los microempresarios son mujeres y el 66% hombres; sin embargo, más de la mitad de las personas que trabajan en microempresas son mujeres, lo que evidencia su relevancia en este tipo de actividades económicas.
Otro de los factores señalados es el bajo nivel educativo, ya que gran parte de los microempresarios cuenta únicamente con educación básica, lo que limita su acceso al empleo formal y a mejores oportunidades de desarrollo.
La fundación subrayó que atender a este sector no solo es una estrategia económica, sino también social, ya que permite fomentar la inclusión, reducir desigualdades y prevenir problemáticas a largo plazo, al tratarse en muchos casos de actividades de subsistencia o autoempleo.
Con esta estrategia, la banca busca consolidarse como un agente de transformación social, ampliando su papel más allá de la intermediación financiera hacia la construcción de un desarrollo más incluyente.
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