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La salsa no nació en los salones elegantes. Nació en edificios descascarados, en calles marcadas por la pobreza, en apartamentos donde convivían tres generaciones bajo el mismo techo. Nació en el Nueva York de finales de los años sesenta, cuando la ciudad atravesaba crisis fiscal, violencia urbana y tensiones raciales profundas.
En ese escenario, miles de migrantes caribeños, principalmente puertorriqueños, pero también cubanos, dominicanos y panameños, intentaban abrirse paso en un país que los necesitaba como fuerza laboral, pero no los reconocía como parte plena de su relato nacional.
Fue ahí, en New York City, donde la salsa se consolidó como identidad urbana entre 1968 y 1973. Y en el centro de esa transformación estuvo Willie Colón.
El joven del Bronx
Nacido en 1950, hijo de migrantes puertorriqueños, Colón creció en el Bronx respirando desigualdad y orgullo cultural latino al mismo tiempo. A los 17 años firmó con Fania Records, sello fundado en 1964 que terminaría por cambiar el mapa de la música latina en el mundo.
Su alianza con Héctor Lavoe definió una época. Entre 1967 y 1973 grabaron discos fundamentales para el género. Canciones como Calle Luna, Calle Sol retrataban la crudeza del barrio sin romantizarla.
Pero la salsa consciente alcanzó su madurez cuando Colón comenzó a trabajar con Rubén Blades. En 1978 lanzaron Siembra, considerado el álbum de salsa más vendido de la historia, con más de tres millones de copias distribuidas globalmente. De ahí emergió Pedro Navaja, una narración urbana con estructura casi cinematográfica.
Años más tarde, Colón volvió a incomodar y a abrir conversación con El gran varón, abordando identidad de género y VIH cuando el tema era tabú en América Latina.
Colaboraciones que ampliaron el mapa
Colón no fue solo trombonista: fue productor y arquitecto sonoro. Trabajó con Celia Cruz, cuya potencia vocal encontró en sus arreglos un nuevo marco orquestal; con Ismael Miranda y Cheo Feliciano; y fue figura central de la Fania All-Stars, el ensamble que llevó la salsa a estadios y giras internacionales.
En su punto más alto, Fania reunió a más de 130 artistas, vendió millones de discos y logró que la salsa llenara espacios emblemáticos como el Yankee Stadium en 1973 ante más de 40 mil personas. Era música, pero también era afirmación cultural.
Reconocimientos y premios
El impacto de Willie Colón no pasó desapercibido para la industria. A lo largo de su trayectoria recibió múltiples nominaciones y reconocimientos internacionales. Fue ganador del Grammy Award y del Latin Grammy Award, además de recibir premios Billboard Latin Music y reconocimientos a la trayectoria por su contribución al desarrollo de la música latina en Estados Unidos.
También fue incorporado al Salón de la Fama de la Música Latina de Billboard y recibió distinciones por su labor cultural y comunitaria, tanto en Nueva York como en Puerto Rico. Más allá de los galardones comerciales, fue reconocido como embajador cultural de la diáspora puertorriqueña y figura clave en la internacionalización de la salsa.
Pero los premios, aunque importantes, nunca explicaron del todo su dimensión.
La salsa consciente como documento histórico
El surgimiento de la salsa consciente coincidió con los movimientos por los derechos civiles, las protestas contra la guerra de Vietnam y la organización política de los Young Lords, que defendían derechos de la comunidad puertorriqueña en Estados Unidos.
La música absorbió esa energía. Las letras comenzaron a hablar de desigualdad, racismo, violencia, migración e identidad. La orquesta se convirtió en altavoz.
Colón entendió que el sonido también podía ser postura. Su trombón era contundente, casi desafiante. No buscaba suavizar la realidad; la amplificaba.
Más que baile
A lo largo de más de cinco décadas de carrera, participó en más de 40 producciones como intérprete o productor y vendió millones de copias alrededor del mundo. Pero su legado no puede medirse únicamente en cifras ni en estatuillas.
Su verdadera herencia está en haber demostrado que la música popular puede ser archivo social. Que el barrio también produce pensamiento. Que el ritmo puede convivir con la crítica.
La salsa fue fiesta, sí. Pero también fue memoria.
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