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“Una buena conciencia no teme a ningún testigo.
Quien actúa como cree que debe actuar y sin
hacer daño a otros, no tiene de qué arrepentirse”
Lucio Anneo Séneca
En seguimiento del artículo publicado en esta Revista Fortuna “México, queremos una soberanía popular o sólo una vulgar” y a raíz de una serie de declaraciones públicas, conductas sociales y acontecimientos desafortunados; es que quiero compartir las siguientes reflexiones. Para ello, que no nos falte ilustración, seamos literariamente nacos y abusemos entonces e insertemos diversas citas célebres a lo largo del texto relacionándolas con hechos o conductas que pudieran estar relacionadas. Sabemos que Séneca es un personaje históricamente identificable pero Sé naco, es esa paradójica y ambivalente etiqueta identitaria que nos termina calificando con mayor o menor frecuencia, intensidad o ligereza, desde un caleidoscopio de ópticas que incluyen la estética, historia, sociología o antropología social pero que, para efectos de esta nota, lo importante será partir de la base de que el tener cierta conducta naca no es algo privativo o exclusivo de ciertas clases sociales o económicas, ni de características étnicas, raciales o religiosas, ni siquiera de ser senadores o ciudadanos sin cargo de representación popular. Todos hemos sido o podemos ser considerados nacos en algún momento; lo grave es normalizar y justificar las conductas negativas. Queremos un Estado de Derecho, pero ¿puede este existir si la sociedad no conoce lo que es el más básico respeto?
Según Mateo 7:12 se dice “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas”. Accidentes de transportes de carga, suelen desafortunadamente suceder en todo el mundo, pero no en todas partes la gente reacciona igual. Hay videos en otros países, donde claramente se aprecia a la gente del pueblo ayudar a recuperar los bienes siniestrados, sin importar si el dueño o beneficiario es una corporación trasnacional o el propio chofer transportista. Lamentablemente, en México quien sea el afectado tampoco es relevante, lo que importa es pedir apoyo rápido para robar tales bienes en la mayor cantidad y lo antes posible (en el argot policiaco y noticioso prefieren usar la palabra “rapiña” porque es menos cruda). Trailer cargado con 12 toneladas de naranjas y limas vuelca en Distribuidor Heberto Castillo, CDMX hurtando el pueblo parte del cargamento (13/06/26). Trailer cae al río de puente Samaria en Tabasco, el conductor fallece en el accidente, el pueblo hurta la mercancía estando autoridad presente (01/05/25). Trailer vuelca en carretera México-Toluca con ropa empaquetada, el pueblo aprovecha la desgracia y roba la carga (29/07/22). Trailer con refresco de cola vuelca en circuito exterior mexiquense, el pueblo se organiza para robar el cargamento (15/05/18). Claro, las cosas estaban ahí, a la mano de cualquiera, la autoridad estando presente o no, sirve para lo mismo. La pregunta es ¿cómo actuarían esas personas si en lugar de refrescos o naranjas, tuvieran frente a ellos o pudieran influir sobre miles, millones, cientos de millones, o miles de millones de pesos de presupuesto y fueran presidentes municipales, regidores, diputados, senadores o gobernadores? Por supuesto, aquí todas las conductas enunciadas claramente son constitutivas de delito, no solamente se vieron “nacos”; al respecto Confucio dijo que “El hombre vulgar que tiene valor sin rectitud, no es más que un bandido”.
Kant tiene varias máximas fuertes y de estricta moralidad como “Obra de modo que tu acción pueda servir de norma a todos los hombres” que tiene sentido en un lugar donde la mayoría de las personas compartan los mismos principios y valores, pero se vuelve un peligro en la medida en que lo que priva son antivalores y la decadencia social; y para ello no es necesario acudir a ejemplos complejos; al revés, se aprecia mejor mientras más ordinaria sea la conducta. Todos los días podemos ver motociclistas circulando en el segundo piso del periférico de la CDMX, lo que está expresamente prohibido por el Reglamento de Tránsito (Art. 21 F. V y VI) y hay señalética que así lo advierte en las incorporaciones a la vía rápida, claro que hay conductores en motocicletas BMW y Harley Davidson de cientos de miles de pesos y repartidores en motos y hasta motonetas con motores de 150 cc y valor de veinte mil pesos. Ni el dinero ni la clase social hacen la diferencia y la policía tampoco, porque hay ocasiones en que una patrulla se abre paso con la sirena activa y trae una cauda de motociclistas oportunistas detrás. Se gana un juego por la selección nacional y después de la fiesta en Paseo de la Reforma, viene la acostumbrada destrucción del mobiliario urbano, jardineras y demás patrimonio de la ciudad; la policía de nueva cuenta actúa sólo como testigo uniformado de las infracciones y en ocasiones delitos, que se cometen en su presencia. Kant cuando emitió esta máxima, no estaba pensando en una sociedad que no conoce el respeto, en donde, por el contrario, los chingones son los que hacen lo que quieren y no lo que deben; al final hay un dicho que sigue vigente en México “las normas se hicieron para violarse”.
H.G. Wells dijo que “La civilización es una carrera entre la educación y la catástrofe” y no estaba equivocado; no me refiero a la educación formal (porque los posgrados en México y en el extranjero no garantizan ni la decencia de las personas ni que el conocimiento adquirido sea aplicado en favor de la sociedad, vamos ni siquiera que se hayan cursado y aprendido), la clave está en la educación cívica, esa sí hace la diferencia entre un país desarrollado y otro que no lo es. En poblaciones autóctonas y menos contaminadas culturalmente, que no han sufrido pérdida identitaria, sigue vivo el principio del respeto (por lo menos yo no he visto videos de gente ataviada de comunidades vecina mazahuas, otomíes o totonacas robando transportes siniestrados, creo que ellos respetan lo que representan). Dignidad e historia, siempre van de la mano. Por cierto, recuerdo bien aquél reclamo que escuché siendo muy joven (y que lamentablemente en aquel momento no comprendí en todo su alcance) de mi abuela y tíos abuelos quejándose de la eliminación de la materia de civismo en la primaria y secundaria; los tiempos en que nuestros padres nos obligaban a pararnos, saludar a la bandera y cantar el himno nacional cuando había algún evento internacional en la televisión, obvio no importaba si estabas en la sala de tu casa. En el México de hoy, hay presidentes que no tienen el civismo de hacerlo aun estando presentes, ¿cuántos de nosotros instamos a nuestros hijos a hacerlo mientras veíamos el inicio de algún partido o función de box? Platón consideraba que “Los espíritus vulgares no tienen destino”. Es fuerte, ¿a dónde queremos llegar si somos un pueblo que se comporta generalmente en forma vulgar?
Como lo he dicho anteriormente, los representantes populares que tenemos son exactamente eso, nuestros representantes. No vienen de lunes a viernes en una nave espacial de otra galaxia, ni siquiera de otro país; las noticias que vemos no son gratuitas, ellos son nuestros vecinos, compas y familiares (¿en ocasiones socios?). Los que en la primera oportunidad aprovechan para hacer grandes negocios con cargo al erario, los que cubren su cuerpo de marcas europeas con grandes logos ante la mínima valía que tienen como personas en un éxtasis de mal gusto; somos nosotros, los mexicanos. Es irrelevante si se trata de ricos o pobres, blancos o morenos, el color del partido político cuya bandera ostentan, porque al final lo importante es que se busca castigar al rico hasta lograr ser como él, “conectarte” para ganar dinero así seas un iletrado e inepto o parte del top 10 de millonarios del país. En la misma línea de pensamiento hay una frase que se le atribuye a C.S. Lewis, controvertida porque pareciera más bien de Charles Marshall, y esencialmente vuelve a ser de Kant “Integrity is doing the right thing, even when no one is watching”
Si has llegado hasta aquí en la lectura te habrás dado cuenta de que no he tocado temas más graves como corrupción, huachicol, lavado de dinero y otras más, pero no es por olvido o falta de materia; si no somos capaces de tener el mínimo respeto por lo ordinario, ¿qué esperamos de lo extraordinario? Cierro con una cita de Francisco I. Madero “Un buen gobierno solamente puede existir cuando hay buenos ciudadanos” y en una siguiente entrega platicaremos de la importancia de respetar lo menos notable para cumplir lo más importante y la teoría de las ventanas rotas Estimado lector, ¿cuántos de nosotros nos pusimos de pie, saludamos con respeto a la bandera y cantamos el himno nacional en las fiestas del mundial de fútbol aun estando con la familia en casa?
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