La deuda externa de Venezuela alcanza los 240 billones de dólares…

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Las consecuencias de décadas del chavismo terminan saliendo a la luz poco a poco. Se estima que será la reestructuración de deuda más grande de la historia…

El chavismo acumuló una deuda externa que eclipsa las mayores reestructuraciones de la historia, al revelar una cifra que alcanza los 240 mil millones de dólares. Según la información difundida por el Financial Times, la cifra de la deuda acaba superando ampliamente las estimaciones previas del mercado, que oscilaban entre 150 mil y 200 mil millones de dólares. Esta revelación marca un hito en la crisis financiera venezolana y abre el camino a lo que podría ser la mayor reestructuración de deuda soberana jamás registrada.

La deuda desglosada incluye alrededor de 60 mil millones de dólares en bonos de la República y de PDVSA, más otros 40 mil millones en intereses acumulados desde el default declarado por Nicolás Maduro en 2017. A esto se suman entre 30 mil y 50 mil millones por facturas petroleras impagas, entre 20 mil millones relacionados con expropiaciones de la era Chávez, entre 10 mil y 20 mil millones adeudados a China, 6 mil millones a Rusia y alrededor de 4 mil millones a bancos multilaterales. La magnitud de estas obligaciones refleja más de una década de mala gestión, corrupción, impagos sistemáticos y aislamiento financiero que han dejado al país fuera de los mercados internacionales.

Delcy Rodríguez, al frente del gobierno interino tras la salida de Maduro, busca cerrar un acuerdo con los acreedores antes de finalizar el año 2026 para facilitar el regreso de Venezuela al sistema financiero global. Según fuentes del Financial Times, el equipo de Rodríguez ha avanzado más rápido de lo que muchos esperaban. El objetivo es lograr un alivio significativo de la carga, reestructurar los pagos y abrir la puerta a nueva financiación que permita reactivar la economía, especialmente el sector petrolero, que sigue siendo la principal fuente de ingresos pese al colapso productivo de los últimos años.

El proceso de reestructuración se presenta como extremadamente complejo debido a la dispersión de acreedores: tenedores de bonos, gobiernos extranjeros, empresas privadas afectadas por expropiaciones y litigios internacionales pendientes. Venezuela no cuenta con un programa activo con el Fondo Monetario Internacional, lo que obliga a negociaciones bilaterales y multilaterales que podrían extenderse durante varios años. El éxito de estas conversaciones determinará en gran medida la posibilidad de una recuperación económica sostenida o la prolongación de la crisis.

El gobierno interino tiene la tarea de negociar con credibilidad, reconstruir instituciones y sentar las bases para un crecimiento inclusivo. Mientras tanto, la comunidad internacional observa con atención, consciente de que el desenlace de esta reestructuración no solo afectará a Venezuela, sino que podría marcar un precedente en el manejo de crisis de deuda en Latinoamérica y el resto del mundo.