‘Cielito Lindo’ y una promesa cumplida: Sheinbaum vive el Mundial entre la afición

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La presidenta Claudia Sheinbaum levantó los brazos, abrazó a los niños que la rodeaban y dio pequeños saltos cuando Raúl Jiménez marcó el gol que aseguró el triunfo de México sobre Sudáfrica. Minutos después, ya con la victoria prácticamente en el bolsillo, se unió a cientos de aficionados para cantar Cielito Lindo en el Deportivo Hermanos Galeana.

En cualquier otro partido de la Selección Mexicana habría sido una escena común. Pero no era cualquier partido. Era la inauguración de la Copa del Mundo 2026, en una Ciudad de México que llegaba al día más importante de su escaparate internacional bajo la presión de semanas de protestas, bloqueos y movilizaciones de la CNTE y otros colectivos que buscaron aprovechar la atención mundial para visibilizar sus demandas.

Mientras afuera persistían las tensiones políticas y sociales que acompañaron la llegada del Mundial, dentro del deportivo se desarrollaba una escena completamente distinta. El tradicional coro de “ay, ay, ay, ay, canta y no llores” se convirtió en una pausa frente al ruido de una jornada compleja para la capital y para el gobierno federal.

La imagen adquirió además un significado político particular porque Sheinbaum cumplía al mismo tiempo una promesa que había repetido durante semanas: no asistir al Estadio Azteca y vivir la inauguración junto a la ciudadanía. Hasta horas antes del encuentro había evitado revelar en qué sede vería el partido.

Finalmente apareció en el Deportivo Hermanos Galeana, acompañada por la jefa de Gobierno, Clara Brugada, lejos de los palcos, de los invitados especiales y de los reflectores del estadio.

Para un gobierno que durante los días previos defendió la capacidad de la capital para albergar el evento deportivo más importante del planeta pese a las protestas, los cuestionamientos y los desafíos de movilidad y seguridad, la escena terminó siendo una de las imágenes más poderosas de la jornada: la presidenta cantando Cielito Lindo entre familias, jóvenes y niños, proyectando un mensaje de cercanía, normalidad y confianza en medio de los embates que rodearon el arranque de la Copa del Mundo.

No fue solamente una canción. Fue una estampa que condensó dos realidades que convivieron durante la inauguración del Mundial: la de una ciudad atravesada por conflictos y demandas sociales, y la de un país que, por unas horas, encontró en el futbol un espacio de celebración colectiva.

Ataviada con la camiseta verde de la Selección Mexicana estampada con el apellido “Sheinbaum” en la espalda, la presidenta llegó al recinto poco antes del inicio del encuentro. Mientras miles de aficionados se concentraban en el Fan Fest del Zócalo y en las demás sedes habilitadas por el Gobierno capitalino para seguir el partido, ella eligió compartir el debut mundialista del Tricolor con los asistentes reunidos en el deportivo de la alcaldía Gustavo A. Madero.

Antes de comenzar la justa mundialista se puso de pie para entonar el Himno Nacional Mexicano con evidente entusiasmo. Minutos después recibió una llamada telefónica que la obligó a abandonar momentáneamente el área donde observaba la transmisión.

Sería la primera de varias ocasiones en las que las responsabilidades del cargo se harían presentes durante la tarde.

A lo largo del partido alternó su atención entre la pantalla y el teléfono celular. Por momentos se le observaba pensativa, concentrada en mensajes o llamadas; en otros, reaccionaba como cualquier aficionada ante las oportunidades de gol del conjunto nacional.

Especialmente durante el segundo tiempo, cuando México se acercaba al área rival, se llevaba las manos a la cabeza o se inclinaba hacia adelante mientras seguía las jugadas. En varios momentos incluso podía leerse en sus labios una frase constante: “Vamos, vamos”.

La primera gran celebración llegó al minuto nueve, cuando Julián Quiñones marcó el primer gol del Mundial 2026. Sheinbaum se puso de pie y agitó una bandera mexicana junto a Clara Brugada mientras el público celebraba la ventaja del Tricolor.

Durante el medio tiempo volvió a abandonar momentáneamente el área asignada para atender otra llamada telefónica. Esta vez regresó sonriendo.

A su vuelta fue recibida por un grupo de niñas que le pidieron fotografías y autógrafos. La mandataria firmó playeras, matracas, gorras y otros artículos alusivos al Mundial antes de regresar a su asiento para presenciar la segunda mitad.

El segundo gol de México terminó por desatar la fiesta. Al concluir el encuentro, la presidenta abandonó el Deportivo Hermanos Galeana prácticamente de inmediato. Minutos más tarde publicó un breve mensaje en redes sociales:

“¡Muchas felicidades a la Selección! Felicidades a todas las mexicanas y los mexicanos.”

La jornada terminó como había comenzado: con Sheinbaum entre la gente. No en el Azteca, sino en una sede pública; no desde un palco, sino entre familias y aficionados. Una decisión que buscó convertir la inauguración del Mundial en algo más que un evento deportivo y que encontró en el canto de Cielito Lindo una de sus imágenes más simbólicas.

 

 

 

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