Columna | Al Aire: Mariguana, mundial y México

Columna | Al Aire: Mariguana, mundial y México

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por Enrique Hernández Alcázar

México está a días de recibir al mundo. Millones de turistas aterrizarán en los aeropuertos de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey para asistir a la Copa del Mundo 2026. Algunos vendrán por futbol. Otros por la fiesta. Y muchos más por ambas cosas.

Entre ellos habrá miles de personas provenientes de ciudades donde comprar cannabis es tan normal como comprar una cerveza. Y ahí comienza el problema. Porque México ha decidido hacer lo que mejor sabe hacer frente a los temas incómodos: fingir que no existen.

Nuestro país vive una situación absurda. El consumo personal de cannabis está despenalizado. El uso medicinal es legal desde 2021. Los tribunales ya se pronunciaron. La realidad social es evidente. Pero el Estado sigue negándose a construir reglas claras.

Es el limbo perfecto.

No está prohibido. Pero tampoco está regulado. Existe. Pero oficialmente no existe y cuando el Estado deja un vacío, alguien más lo ocupa. Hoy ese espacio pertenece a clubes irregulares, vendedores clandestinos y productos sin trazabilidad sanitaria. Un mercado donde el consumidor no sabe qué compra, quién lo produjo ni qué contiene realmente.

La paradoja es extraordinaria. Mientras Canadá recauda impuestos y decenas de estados de la Unión Americana regulan la producción y venta de cannabis, México sigue atrapado en una discusión que debió resolverse hace años y la factura podría llegar durante el evento internacional más importante de nuestra historia reciente.

La Secretaría de Turismo estima la llegada de más de cinco millones de visitantes durante el Mundial. México recibirá a esa multitud como el único de los tres países anfitriones sin un mercado regulado de cannabis. Lo más grave es que nadie puede alegar sorpresa.

Durante los Tianguis Turísticos de 2024 y 2025, la empresa “Revolución con Flores” en voz de su CEO, Denyse Espinosa de los Monteros, presentó propuestas de capacitación y modelos regulatorios para atender esta realidad. El gobierno escuchó. Pero no actuó. Dos años después seguimos exactamente en el mismo lugar.

Y el perfil de los visitantes vuelve el problema todavía más evidente. Según MMGY Travel Intelligence, el 29 por ciento de los turistas estadounidenses manifiesta interés en realizar actividades relacionadas con el cannabis durante sus vacaciones. Entre los millennials, la cifra alcanza el 50 por ciento. Estamos hablando de millones de personas acostumbradas a mercados regulados que aterrizarán en un país donde nadie parece tener claro qué está permitido y qué no.

Insisto, son millones de visitantes que llegarán con referencias culturales, legales y comerciales completamente distintas. Personas acostumbradas a mercados regulados que aterrizarán en un país donde nadie parece tener claro qué está permitido y qué no. Porque aunque el consumo personal está despenalizado en México, la vía legal sigue siendo prácticamente inaccesible.

La Cofepris ha emitido apenas 12 mil 500 autorizaciones para cultivo y consumo personal bajo un esquema burocrático que muchos consideran una simulación regulatoria.

No existen mecanismos claros para adquirir semillas o plantas. No existe una cadena comercial legal. No existe una ruta sencilla para nacionales ni para turistas y cuando la legalidad se vuelve imposible, el mercado negro se vuelve inevitable.

El riesgo no ya es moral, es práctico: turistas confundidos, productos sin controles sanitarios, mercados clandestinos fortalecidos, posibles extorsiones y autoridades improvisando sobre la marcha. Todo lo que ocurre cuando la política decide ignorar la realidad.

La discusión ya no es si alguien está a favor o en contra del cannabis. La verdadera pregunta es si un gobierno debe regular una actividad que ocurre todos los días frente a sus ojos o seguir dejando que la administren la informalidad, la corrupción y el mercado negro.

A unos días del Mundial, México parece haber elegido la segunda opción y, si algo sale mal, no será porque nadie lo advirtió. Será porque decidimos ignorarlo durante demasiado tiempo.

 

 

Nota: Los espacios de opinión son responsabilidad del articulista

 

 

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