El emprendedurismo de las mujeres: ¿Por qué existe una brecha?

Yvette Mucharraz y Cano; y Karla Cuilty Esquivel

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Estudios recientes consignan que las mujeres suelen presentar menores niveles de participación en actividades emprendedoras, fenómeno que se conoce como brecha en el emprendimiento. Mientras que la tasa de emprendimiento en mujeres suele ubicarse entre el 10% y el 14%, en los hombres oscila entre el 14% y el 18%.

Existe una brecha significativa respecto al emprendimiento entre hombres y mujeres.

Si bien es una actividad que, en principio, puede ser desarrollada por cualquier persona independientemente de su género, la evidencia empírica muestra una variación. Diversos estudios indican que las mujeres suelen presentar menores niveles de participación en actividades emprendedoras, fenómeno que se conoce como brecha de emprendimiento.

El emprendimiento constituye una de las fuerzas dinámicas para el desarrollo económico y social, ya que impulsa la generación de nuevas ideas, fomenta la innovación y abre espacios para la creación de oportunidades.

En términos generales, se refiere a la capacidad de una persona para identificar una necesidad o área de mejora, diseñar una propuesta innovadora y materializarla en un negocio o proyecto capaz de ofrecer un producto o servicio con valor agregado.

Para concretar este objetivo, las y los emprendedores movilizan y articulan diversos recursos, como el capital financiero, el conocimiento técnico, el tiempo y las redes de colaboración. Este proceso implica una combinación constante de planeación, ejecución y adaptación, pues convertir una idea en realidad requiere enfrentar escenarios inciertos, tomar decisiones estratégicas y asumir riesgos. Sin embargo, además de los desafíos que conlleva, el emprendimiento también se traduce en una vía para promover la creatividad, impulsar cambios positivos y contribuir a la mejora de las condiciones económicas y sociales.

Monitoreo

De acuerdo con datos del Global Entrepreneurship Monitor 2023-2024, la diferencia entre el emprendedurismo masculino y femenino es consistente a nivel internacional. Mientras que la tasa de emprendimiento en mujeres suele ubicarse entre el 10% y el 14%, en los hombres oscila entre el 14% y el 18%.

Esto implica una brecha de al menos cuatro puntos porcentuales, lo que refleja una menor presencia relativa de mujeres en la creación de nuevos negocios. A primera vista, podría suponerse que estas diferencias responden a características culturales o al nivel de desarrollo económico de los países. No obstante, la evidencia muestra que la mayor participación masculina se mantiene tanto en economías de altos ingresos como en aquellas de menores recursos.

Al analizar con mayor detalle estas cifras, se observa que el contexto económico influye en el tipo de emprendimiento. En países de ingresos bajos, las tasas de emprendimiento femenino pueden alcanzar alrededor del 25%, mientras que en economías más desarrolladas se sitúan entre el 6% y el 10%.

Esta variación se puede relacionar con el denominado emprendimiento por necesidad, en el cual las personas inician negocios ante la falta de empleo formal o de alternativas laborales, siendo este el escenario para optar por este esquema

Las motivaciones que impulsan el emprendimiento también presentan diferencias relevantes entre hombres y mujeres. En el caso de muchas mujeres, la decisión de emprender suele estar vinculada a la necesidad de generar ingresos o a la búsqueda de esquemas laborales más flexibles que permitan conciliar las responsabilidades familiares con la vida profesional.

En contraste, los hombres tienden a señalar con mayor frecuencia factores como el crecimiento personal, la detección de oportunidades de negocio o la rentabilidad de la inversión como principales motivadores para emprender.

Barreras de entrada

Esta disparidad en las motivaciones y participación no puede entenderse sin considerar las barreras estructurales que enfrentan las mujeres.

Uno de los obstáculos más importantes que ha sido analizado en diversos documentos es el acceso limitado al financiamiento formal. Las mujeres tienen mayores dificultades para obtener créditos, inversiones o apoyos institucionales, lo cual restringe su capacidad para iniciar o expandir sus proyectos.

Aun cuando recurren a fuentes informales de financiamiento, como familiares o conocidos, estas también pueden reproducir sesgos de género, favoreciendo en muchos casos las iniciativas impulsadas por hombres.

De manera adicional, en diversos contextos, especialmente en países de menores ingresos, el acceso a recursos patrimoniales como herencias suele ser más restringido para las mujeres. Esta situación limita su capacidad de acumular capital y, por ende, de invertir en proyectos productivos.

En conjunto, estas condiciones generan un entorno menos favorable para el desarrollo del emprendimiento femenino.

Por ello, es fundamental fortalecer los esquemas de financiamiento productivo, tanto públicos como privados, dirigidos a mujeres, ya que esto contribuye a reducir las brechas existentes y a impulsar proyectos con alto potencial.

Contrarrestando el ruido

Resulta además indispensable que las mujeres construyan un historial crediticio propio, independiente del de su entorno familiar, lo cual les permitirá acceder a mejores condiciones de financiamiento y fortalecer su autonomía económica al emprender.

De igual forma, el desarrollo de redes de contacto es un elemento clave para el éxito empresarial. La participación en cámaras, asociaciones e iniciativas de vinculación facilita la creación de un networking estratégico que abre puertas a financiamiento, mentoría y oportunidades de crecimiento.

En este contexto, la resiliencia de las mujeres emprendedoras destaca como un factor determinante, reflejado en la idea de que, como las estrellas, brillan con mayor intensidad incluso en los entornos más adversos.