Sin filias ni fobias | Ciencia, redes de sociales y menores: la nueva ola

Redes sociales
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En los últimos meses han ocurrido varias cosas que, vistas por separado, pudiera parecer que no van en una misma dirección.

En mayo, la revista JAMA Pediatrics publicó el estudio más amplio realizado hasta ahora sobre redes sociales y salud mental adolescente que incluyó 153 investigaciones longitudinales con más de 363 mil participantes. La conclusión fue matizada pero consistente, señalando que el uso de medios digitales se asocia con caídas pequeñas, aunque medibles, en el desarrollo emocional y social de los niños. Los efectos, además, son más marcados en redes sociales que en otros usos de pantalla.

En febrero, Mark Zuckerberg testificó en el juicio de California donde fiscales de varios estados y cientos de familias demandaron a Meta, TikTok y Snap por el diseño adictivo de sus productos dirigidos a adolescentes. No es una sentencia ni, mucho menos, una derrota material. Es, más bien, la confirmación de que los tribunales estadounidenses están dispuestos a discutir si estas plataformas tienen algún tipo de responsabilidad por cómo están construidas, no solo por el contenido que alojan.

En marzo, entró en vigor en Brasil la ley conocida como ECA Digital, que obliga a las plataformas a verificar la edad de sus usuarios mediante métodos técnicos específicos. Es la primera vez en América Latina que una autoridad entra a ese nivel de detalle.

Y, más cerca, en México, el caso de Jalisco, en donde el Congreso aprobó la Ley de Pantallas Seguras, que restringe el uso de redes sociales a menores de catorce años en escuelas y espacios con internet público, y tipifica en el Código Penal estatal delitos cometidos con inteligencia artificial, incluidos los deepfakes. Sin embargo, la ley no exige a las plataformas demostrar, con métodos técnicos verificables, que realmente están excluyendo a los menores que busca proteger. Esa pieza —la que en Brasil ya está definida— aquí sigue ausente.

Frente a estos hechos, es tentador ver una ola formándose. La ciencia empieza a encontrar efectos, los tribunales avanzan, los reguladores reaccionan y los gobiernos intentan prohibir. Todo parece empujar en la misma dirección.

El problema es que esa ola puede romper con fuerza y darnos un buen revolcón, por lo que probablemente convenga leer estas señales:

  • Una, como un cambio estructural, con el inicio de un giro real en cómo se diseñan y operan las plataformas dirigidas a menores.
  • Otra, como un ciclo más, ya que cada generación tiene su preocupación tecnológica —la televisión, los videojuegos, internet— y la alarma que provoca suele perder fuerza cuando la atención se mueve a otros terrenos.
  • Una tercera lectura es más contextual, en donde estos hechos no necesariamente están conectados entre sí, sino que responden a una misma causa de fondo, la preocupación por la salud mental de los menores tras la pandemia por el uso excesivo de pantallas.
  • Y una cuarta tiene un tinte geopolítico, en donde algunos Estados están aprovechando el momento para regular a las plataformas extranjeras, utilizando la protección de menores como argumento político.

Las cuatro pintan bien por ahora, pero quien ya diga cuál es la buena, quizás hable más de su agenda que de lo que hay en el horizonte. Y es que no todo va para el mismo lado de la corriente.

La Suprema Corte de Estados Unidos validó la verificación de edad para sitios de adultos, pero abrió un conflicto importante con la libertad de expresión. La ley californiana de diseño apropiado por edad sigue parcialmente detenida en tribunales. En Brasil, las sanciones fuertes no entran en vigor sino hasta 2027. Y en México, tanto la Ley Kuri en Querétaro como la Ley Pantallas Seguras en Jalisco avanzan más en lo declarativo que en lo técnico.

Entonces, ¿cómo distinguir si esto es una ola o mero oleaje?

Cuatro cuestiones para observar:

  1. Que Brasil no se quede en principios y empiece a aplicar criterios concretos.
  2. Que el juicio en California produzca algo sustantivo.
  3. Que Europa logre desplegar, en la práctica, su sistema de verificación de edad.
  4. Y que en México alguna autoridad entre más al terreno técnico, no solo al discurso.

Si eso ocurre, los puntos empezarán a conectarse para generar una ola. Por ahora, lo más honesto es observar. Hay señales que vale la pena seguir de cerca, para surfearla si llega, o al menos no quedar debajo cuando reviente.