Detrás de las minutas de los bancos centrales

Alejandra Marcos Iza

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Los eventos recientes, incluido el conflicto en Medio Oriente, conllevan una conclusión incómoda, que anteriormente tenía bajas probabilidades de ocurrir: Ahora debemos considerar un escenario central donde el próximo movimiento de tasas, tanto en México como en Estados Unidos, podría ser de un incremento, hacia el primer trimestre del 2027.

Las minutas de las últimas reuniones de política monetaria de Banxico y de la Reserva Federal no traen buenas noticias para quienes esperaban un ciclo prolongado de relajamiento monetario.

Al interior de ambos comunicados el mensaje es inequívoco: Los bancos centrales han agotado su margen de maniobra a la baja, y el debate ha comenzado a moverse silenciosamente hacia un territorio incómodo, donde el siguiente movimiento será el de un alza en las tasas de interés.

En sus minutas, Banxico cerró implícitamente el ciclo de recortes iniciado en marzo de 2024 con un último ajuste de 25 puntos base, llevando la tasa de referencia a 6.50%.

La decisión no fue unánime: tres miembros votaron a favor, mientras que los subgobernadores Borja y Heath prefirieron mantener la postura sin cambio, argumentando que el balance de riesgos inflacionarios permanece sesgado al alza y que el margen para continuar relajando la política monetaria es, en la práctica, nulo.

¿Suficiente margen?

Del bajo dinamismo de la actividad económica subyace el espacio de los recortes implementados ante una debilidad de la demanda agregada. Razón por la que el organismo considera que alcanzará la convergencia a objetivo en el horizonte del pronóstico.

Y aunque el dato más reciente del PIB del 1T26 se revisó al alza, el trasfondo es el mismo, una contracción en el primer trimestre.

Sin embargo, la inflación subyacente lleva once meses consecutivos por encima de 4.2% y el componente de servicios se mantiene particularmente elevado, la última lectura certificó la persistencia. A pesar de que las minutas no revelan nada nuevo sobre la división al interior de la Junta, dejan una evidencia clara: hemos llegado a la tasa terminal.

La Fed, por su parte, mantuvo el rango objetivo en 3.50–3.75%, pero las minutas de su reunión de abril revelan una fractura interna más profunda de lo que sugiere el voto: Cuatro miembros disintieron, aunque en grupos opuestos, porque uno de ellos, Miran, votó a favor de un recorte, mientras que los tres restantes, se negaron a respaldar el sesgo acomodaticio del comunicado.

La inflación PCE, que es la lectura preferida de la Reserva Federal, se ubicó en 3.5% en marzo y la subyacente a 3.2%, con expectativas de rebasar próximamente el 4%.

El golpe de timón

Con esto en mente, la mayoría de participantes reconoció abiertamente que el riesgo de una convergencia más lenta al objetivo del 2% ha aumentado de forma importante.

Pero más importante aún es el hecho de que la mayoría señaló que podrían comenzar a revisar expectativas de una eventual alza de tasas de interés si la inflación persiste. Los mercados ya incorporan una probabilidad del 30% de alza hacia el primer trimestre del 2027.

La diferencia entre ambas instituciones es de grado, no de dirección. Banxico opera en una economía cuyo crecimiento es muy moderado, aunque con menor exposición directa a los elevados precios de las energías gracias a las políticas internas de precios de combustibles.

La Fed enfrenta una economía que aún crece a ritmo sólido, con un mercado laboral estable, pero enfriándose. Pero ambas comparten el mismo denominador común: una inflación que lleva años por encima del objetivo que ahora se viene a sumar al choque energético.

El factor guerra

El conflicto en Medio Oriente es uno de los elementos medulares que ha cambiado recientemente la ecuación. El petróleo ronda los 100 dólares por barril, el estrecho de Ormuz ha operado prácticamente paralizado, y las disrupciones en fertilizantes, costos de transporte y cadenas de suministro se acumulan.

Las curvas de futuros anticipan una normalización, pero su historial de pronóstico es, en el mejor de los casos, mixto.

Si el conflicto se prolonga, si las expectativas inflacionarias pierden ancla o si los efectos de segundo orden comienzan a materializarse en la formación de precios, ambos bancos centrales se verán forzados a actuar en sentido contrario al que los mercados anticipaban hace apenas seis meses.

La conclusión es incómoda pero necesaria de plantear, pues ahora debemos considerar que el próximo movimiento de tasas, tanto en México como en Estados Unidos, podría ser un incremento.

Y ese escenario, que anteriormente tenía bajas probabilidades de ocurrencia podría convertirse en el escenario central más pronto de lo que el consenso está dispuesto a admitir.