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Default en el Aula: Un dilema ético del IPADE

En los pasillos del IPADE Business School, el prestigio se mide por el rigor académico y, sobre todo, por el valor incalculable de su networking. Sin embargo, la institución que presume de formar a la cúpula empresarial de México enfrenta hoy un desafío que no estaba en el programa de estudios: un cortocircuito de confianza en el corazón de su comunidad.
Fernanda Llergo, rectora de la Universidad Panamericana y del IPADE, podría tener frente a su escritorio una crisis reputacional que requiere una cirugía de precisión y hasta un poco de laparoscopia como control de crisis. El centro del conflicto es Diego García Infante, fundador de RD Impulsora de Negocios, quien presuntamente utilizó su matrícula en el exclusivo programa de Alta Dirección y no, precisamente, para perfeccionar su management, sino para convertir el aula en un mercado de capitales privado en donde practicó desde llamadas de margen hasta una especie de Ofertas Públicas Iniciales (OPIs) entre sus compañeros.
Así se impulsó una SAPI de la discordia bajo la narrativa aspiracional de apoyar a las PyMES mediante esquemas de “fondeo”. García Infante habría convencido a sus propios compañeros de posgrado de “pulverizar” el capital de su Sociedad Anónima Promotora de Inversión (SAPI). Para los capitanes de industria y hasta algunos financieros con los que compartió pupitre, la oferta parecía alineada con el espíritu de inversión colaborativa. El problema es que el CEO de RD Impulsora ha pasado de las listas de “líderes” y los escenarios estilo TED a la lista de personas no localizables.
El impacto en la “Marca IPADE” es lo que Llergo deberá desentrañar en las próximas semanas y no es solo el rastro del dinero, sino la vulnerabilidad de los protocolos de ingreso. La ironía es punzante: en el mismo lugar donde se imparten casos sobre ética empresarial y gobierno corporativo, se habría gestado un esquema que hoy tiene a decenas de inversionistas —dentro y fuera de la institución— buscando respuestas y, sobre todo, sus ahorros.
Para el IPADE, el riesgo podría ser sistémico:
• Contaminación de la red: Si el aula deja de ser un espacio seguro para el intercambio de ideas y se convierte en un terreno de caza para esquemas dudosos, el valor del networking se desplomaría
• Responsabilidad de filtro: La comunidad académica ya cuestiona cómo un perfil bajo sospecha logró sortear los filtros de una institución que se jacta de seleccionar solo a “lo mejor de lo mejor”.
García Infante no solo debe una explicación a sus compañeros socios; le debe una respuesta a la “Dama de Hierro” de la UP y el IPADE, quien sabe que en el negocio de la educación de élite, la reputación es el único activo que no admite una declaración de quiebra. en Nombre de Poder, sabemos que ya está tomando cartas en el asunto. El desfalco, según las primeras versiones, sería de 700 millones de pesos.
Azcárrga, Ollamani y el IVA
Los hechos: Durante los últimos siete meses, las acciones de la controladora de uno de los equipos de futbol soccer más importantes del país han ganado más de 40% desde su primer día de cotización hasta la sesión de este miércoles cuando cerraron su cotización en 74.70 pesos. Con la clave de cotización “ÁGUILAS”, es casi un hecho que la controladora de negocios deportivos que preside Emilio Azcárraga Jean remontará los desafíos que le planteó el primer partido bajo el acuerdo de derechos de nombre que firmó con Banorte de la familia Hank. Los negocios se entrelazan y resulta que el director de este banco, Marcos Ramírez, logró que Ollamani, que ahora dirige Ferran Reverter, le firmara un contrato de crédito por 468 millones de pesos, para financiar el pago del Impuesto al Valor Agregado (IVA) derivado de las obras de remodelación y modernización del Estadio Banorte. Calcule usted el monto de la operación para renovar el legendario estadio si el IVA representa una tasa del 16%. Ferran Reverter, quien llega de las filas del FC Barcelona, seguramente quiso empezar sin pendientes como CEO y estratega de la transformación organizacional de Ollamani.
El “Hattrick” Financiero de Reverter y Hank
En el parque de la Bolsa Mexicana de Valores, la clave de cotización “ÁGUILAS” está volando más alto que cualquier pronóstico deportivo. Con un rally que supera el 40% de plusvalía en apenas siete meses, la controladora de negocios deportivos de Emilio Azcárraga ha dejado de ser una curiosidad de mercado para convertirse en un caso de estudio de monetización de activos nostálgicos. Sin embargo, detrás del brillo del cierre de este miércoles de primavera en 74.70 pesos, se gesta una jugada de pizarrón que involucra deuda, impuestos y remodelaciones de alto calado.

El costo de la modernidad
La alianza entre el club y Banorte no es solo un tema de logotipos en la fachada. El director del banco, Marcos Ramírez, ha sellado un acuerdo que subraya la interdependencia de las élites corporativas en México: un crédito de 468 millones de pesos otorgado a Ollamani. ¿El destino? Financiar exclusivamente el Impuesto al Valor Agregado (IVA) de las obras de modernización del ahora llamado Estadio Banorte.
Si aplicamos la aritmética básica del rigor fiscal —donde ese monto representa el 16% de tasa impositiva—, el mercado puede empezar a dimensionar la magnitud de la cirugía estética al coloso: estamos hablando de una inversión de capital (CapEx) que ronda los 2,925 millones de pesos. Una apuesta masiva para convertir un templo histórico en una máquina de generar ingresos premium. Aquí es donde entra el factor Ferran Reverter. El nuevo CEO de Ollamani llega con el manual del FC Barcelona bajo el brazo, donde aprendió que en el fútbol moderno, los estadios deben ser activos productivos los 365 días del año, no solo los domingos de partido.

La decisión de Reverter de apalancarse para cubrir el IVA es una jugada de manual para limpiar el balance:
• Optimización de Flujo: Al financiar el impuesto, Ollamani preserva su caja operativa para la transformación organizacional.
• Cero Pendientes: Reverter quiere una hoja de ruta libre de fricciones fiscales mientras ejecuta el rebranding y la modernización.
Para los inversionistas, el mensaje es claro: Ollamani no es un equipo de fútbol que cotiza en bolsa; es una empresa de entretenimiento con una gestión financiera sofisticada. Con el respaldo de la familia Hank y la visión europea de Reverter, el Estadio Banorte se perfila no solo como la sede de un equipo, sino como el epicentro de un modelo de negocio que, hasta ahora, está ganando por goleada en el mercado de valores.
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Nombres de Poder es una columna colaborativa elaborada por la redacción de Revista Fortuna
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