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Cada 22 de marzo el mundo se detiene a pensar en el agua. Este año la conversación mira de frente una realidad urgente. El agua también define la igualdad de oportunidades.
De acuerdo con la ONU, en dos de cada tres hogares sin agua corriente, las mujeres y las niñas cargan con la tarea de conseguirla. Son horas que se pierden cada día. Tiempo que se resta al estudio, al descanso y al desarrollo personal. Esta desigualdad también se vive en las escuelas. La falta de agua y saneamiento afecta la higiene, la salud y la permanencia escolar, sobre todo en la adolescencia. Hablar de igualdad exige garantizar que cada niña y cada joven pueda asistir a un plantel con agua limpia y baños dignos.
En Apodaca, Nuevo León, una comunidad escolar decidió cambiar esa historia. Hace un par de años, en el Jardín de Niños Griselda Ruiz Lozano, maestras, familias y estudiantes se reunieron para recibir un sistema que capta la lluvia y la transforma en agua segura. Ese día el patio se llenó de sonrisas y curiosidad.
Las niñas y los niños observaban cómo el agua corría por las canaletas hasta llegar a los filtros y a la cisterna. Significa lavarse las manos con tranquilidad; significa baños en funcionamiento; significa aprender que el agua se cuida y se comparte.
Este Día Mundial del Agua el mensaje es sencillo. Donde el agua fluye con seguridad, la igualdad florece para todos. Avanzar hacia ese objetivo requiere esfuerzos compartidos entre sociedad, sector privado y gobierno. Cuando estos actores trabajan juntos, el acceso al agua se convierte en una realidad que mejora la vida cotidiana de miles de niñas y mujeres en todo el país.
El momento es clave para México. Con la reciente expedición de la Ley General de Aguas y las reformas a la Ley de Aguas Nacionales publicadas en 2025, el país consolida el acceso al agua como un derecho humano irrenunciable. El nuevo marco prioriza el consumo personal y doméstico e impulsa soluciones sostenibles para garantizar la seguridad hídrica.
La captación de lluvia ocupa hoy un lugar estratégico dentro de la política pública nacional. Estos sistemas siguen un proceso que comienza con la captación del agua en los techos de los planteles. El agua se conduce a través de canaletas y tuberías hacia un sistema de almacenamiento en cisternas diseñadas para su resguardo. A partir de ahí pasa por un proceso de tratamiento que incluye distintas etapas de filtración para garantizar su calidad. Una vez tratada, el agua se distribuye dentro de la escuela para su uso cotidiano en sanitarios, limpieza e higiene. Así, las escuelas fortalecen su capacidad para brindar agua segura y cuidar el bienestar de su comunidad educativa. Esta visión coincide con el camino que Grupo AlEn ha impulsado durante años. La innovación local, el trabajo comunitario y las soluciones descentralizadas cierran brechas sociales y mejoran la vida cotidiana.
Historias como esta se replican en distintas regiones del país a través del programa Agua en mi Escuela, el cual ya cuenta con 90 sistemas instalados en 10 estados de la República. Cada instalación suma infraestructura y también confianza. El acceso al agua segura es un derecho humano y un cimiento de la equidad social. Invertir en agua para las escuelas fortalece la salud, el aprendizaje y el liderazgo de niñas y jóvenes que transforman sus comunidades.







