
Tiempo de lectura aprox: 6 minutos, 38 segundos
REVISTA FORTUNA | Análisis Económico
La narrativa mainstream repite que México está mal posicionado ante el alza de precios. Los datos cuentan otra historia: el país llegó al choque de marzo de 2026 con la mejor posición energética de su historia moderna. Y la prueba más contundente la acaba de dar Trump desde Brownsville, Texas. México tiene un blindaje en materia energética.
Jorge Flores Kelly | Observatorio Nearshoring | Aporta Consultoría Estratégica
Cada vez que sube el precio del petróleo, el guión se repite con precisión de reloj. Analistas y medios mainstream advierten sobre el riesgo de un gasolinazo, cuestionan la capacidad del gobierno para absorber el choque y desempolvando viejas críticas a decisiones de política energética que —ahora lo sabemos— resultaron ser correctas. El conflicto de Medio Oriente de marzo de 2026 no fue la excepción. Pero esta vez, los números no acompañan el relato.
El “Even Steven” que no es lo que parece
Un observador sintetizó la posición de México ante el choque así: el país es el “Even Steven” (el sale tablas) del petróleo. Exporta crudo, importa combustibles. En precios, la política del IEPS lo deja neutral. Solo expuesto a efectos secundarios y persistentes del conflicto. La descripción es correcta. Pero incompleta. Y esa incompletitud es exactamente lo que la mayoría de los analistas no está viendo.
La imagen del “Even Steven” describe la posición de México de hace tres años, no la de hoy. Desde entonces, dos cambios estructurales transformaron el perfil energético del país de forma silenciosa: el arranque de la reinería Olmeca en Dos Bocas, Tabasco, y la consolidación de la refinería Deer Park en Texas como propiedad 100% de Petróleos Mexicanos.
“Lo que el sistema estadístico registra como ‘importaciones’ de Deer Park son, en realidad, movimientos intraempresa dentro de la misma cadena de valor. El precio de transferencia no pasa por el mercado spot del Golfo Pérsico ni por el Estrecho de Ormuz.”
Deer Park es la refinería más productiva del sistema PEMEX —con un promedio de 295 mil barriles diarios de procesamiento en el primer semestre de 2025, superior a cualquiera de las siete refinerías del Sistema Nacional de Refinación. Las decisiones de producción, los niveles de inversión y la estrategia de abasto las controla PEMEX desde Ciudad de México. Para efectos de soberanía energética, que es lo que importa cuando hay un conflicto en Medio Oriente, la distinción metodológica carece de relevancia práctica.
Dos Bocas: la reivindicación que nadie quiere reconocer
Cuando en 2019 se anunció la construcción de Dos Bocas, la reacción de la comunidad de analistas fue contundente: el proyecto era un anacronismo, un desperdicio, una apuesta equivocada contra el mercado. Ninguna empresa privada en el mundo estaba construyendo refinerías nuevas. La lógica del mercado, se decía, favorecía importar combustibles procesados en lugar de refinar en casa.
Siete años después, el presidente de los Estados Unidos anunció con fanfarria en Truth Social la construcción de la primera refinería de petróleo nueva en ese país en casi 50 años, en Brownsville, Texas, impulsada precisamente por la presión de encontrar alternativas ante el alza de precios generada por el conflicto con Irán. La denominó “America First Refining” y la calificó como una victoria para la seguridad nacional, los trabajadores y la energía de Estados Unidos.
La ironía es difícil de ignorar. Lo que en México fue objeto de burla y descalificación, en Estados Unidos se celebra como un acto de liderazgo y visión estratégica. Bloomberg lo sintetizó sin ambigüedades en su encabezado: “Trump ‘copia’ a AMLO la idea de Dos Bocas.” La única diferencia real es quién lo anuncia y dónde.
“Lo que en México fue objeto de burla y descalificación, en Estados Unidos se celebra como un acto de liderazgo y visión estratégica. La única diferencia real es quién lo anuncia y dónde.”
El run-rate de refinación cambia el diagnóstico
El promedio anual de producción de gasolinas en México durante 2025 —346 mil barriles diarios— no cuenta la historia real. Lo que importa es la trayectoria. La refinería Olmeca pasó de procesar apenas 7 mil barriles diarios en febrero de 2025 a 103 mil en marzo, escaló a 192 mil en junio, y cerró el año en 245 mil barriles diarios en diciembre.
Esta no es la curva de una refinería que falla. Es la curva de arranque de cualquier instalación industrial compleja que sale de la fase de pruebas. El año 2025 se promedió con los meses del arranque —que fue débil por diseño— y eso distorsionó el diagnóstico. El run-rate del cuarto trimestre, que es el indicador correcto para proyectar hacia adelante, cuenta otra historia: México, considerando su sistema integrado con Deer Park, alcanzó en ese período una posición de autosuficiencia operacional en gasolinas.
Para dimensionar el avance, basta con comparar con el punto de partida:
- En 2018, el 70% de las gasolinas que consumia México provenia del extranjero, principalmente de Estados Unidos.
- En 2025, con Deer Park contabilizado como producción PEMEX, esa dependencia de terceros se redujo drásticamente. La brecha import-producción pasó de cientos de miles de barriles diarios a márgenes manejables.
- Las importaciones de diésel cayeron 42.4% interanual en 2025, pasando de 141,400 a 81,390 barriles diarios, y ahora representan solo el 29.5% de las ventas frente al 48% un año antes.
El IEPS como arma quirúrgica de política energética
Esta semana, la Secretaría de Hacienda demostró con precisión cómo funciona el sistema de amortiguación mexicano ante un choque externo. El gobierno aplicó un estímulo fiscal de 2.59 pesos por litro únicamente al diésel (35.21% de subsidio), dejando fuera a las gasolinas Magna y Premium.
La decisión no fue arbitraria ni ideológica. Fue quirúrgica. La lógica detrás del tratamiento diferenciado es precisa:
- La gasolina Magna ya tiene un techo de 24 pesos acordado con gasolineros, sostenido por la posición de abasto de PEMEX en las terminales de distribución. El acuerdo se renovó en septiembre de 2025 y el gobierno no necesita tocarla.
- El diésel es el combustible de la cadena productiva: transporte de carga, agricultura, generación eléctrica. Un alza en diésel no se queda en la estación de servicio; se convierte en inflación de segunda ronda que se filtra al precio de alimentos y bienes industriales en cuestión de días.
- El IEPS del diésel es nominalmente el más alto — 7.36 pesos por litro en 2026 frente a 6.70 de la Magna— lo que le da mayor espacio para absorber el estímulo sin consecuencias colaterales.
El resultado: ante el shock de precios más severo del mercado petrolero en años —con el barril superando los 100 dólares y el Estrecho de Ormuz interrumpido— el consumidor mexicano en la bomba no ha visto un movimiento significativo. Eso no es accidente. Es política pública funcionando exactamente como fue diseñada.
América del Norte: la isla energética del siglo XXI
El argumento más poderoso que México tiene en este momento —y que prácticamente ningún medio convencional está articulando— es geográfico y estructural: América del Norte es una isla energética. El crudo viene del esquisto texano y el Golfo de México. El gas natural fluye por ductos desde Texas. Las gasolinas se refinan en el Golfo de Texas, no en el Golfo Pérsico. Cuando el Estrecho de Ormuz se cierra, el impacto en los precios del combustible en México es indirecto y rezagado, no inmediato.
En 2025, el gas natural que llegó a México costó en promedio alrededor de 4 dólares por millón de BTU, mientras que en Europa el precio rondó los 11 dólares —una brecha del 70%. Durante el conflicto de Medio Oriente de 2026, los precios del gas en América del Norte se han mantenido por debajo de 3 dólares el millón de BTU. En Europa y Asia, la dinámica es radicalmente distinta.
“Europa no tiene esa opción. Asia tampoco. El nearshoring que está transformando el perfil industrial de México no es solo una historia de costos laborales; es también una historia de resiliencia energética que ningún otro bloque manufacturero global puede replicar en este momento.”
La posición competitiva que esta integración le confiere a México frente a otros destinos de manufactura global es significativa y subestimada sistemáticamente:
- Una empresa manufacturera que produce en México no verá su costo energético dispararse cuando Irán bloquee el Estrecho de Ormuz. Su competidora que produce en Europa o Asia, sí.
- La electricidad industrial en México se genera principalmente con gas natural a precios Henry Hub, que en condiciones normales es entre 60% y 70% más barato que los precios europeos.
- El choque energético de 2022 destruyó ventajas competitivas de la industria europea que no recuperará en el corto plazo. México no vivió ese choque de la misma manera.
El pendiente urgente: gas natural
El blindaje energético de México ante Medio Oriente es real en combustibles automotrices. Pero hay un eslabón débil que hay que nombrar con claridad: el gas natural. Aproximadamente el 74% de la demanda total de gas en México es cubierta con importaciones, prácticamente en su totalidad provenientes de Estados Unidos.
La paradoja es que esta dependencia, frente al conflicto de Medio Oriente, funciona como fortaleza: el gas de Texas no pasa por el Estrecho de Ormuz. Sin embargo, la vulnerabilidad ante un choque norteamericano —como la tormenta Uri de 2021— sigue siendo real. México solo cuenta con reservas de gas para 2.4 días, frente a los 20 días de Francia o los 105 de España. El dato no es un detalle técnico; es una exposición estratégica.
Fortalecer la seguridad en gas natural no es solo una prioridad de soberanía mexicana: es una contribución directa a la integración energética de América del Norte. La agenda tiene tres componentes concretos:
- Duplicar la capacidad de almacenamiento estratégico de gas, de 2.4 a al menos 5 días en el corto plazo.
- Completar la infraestructura de gasoductos hacia el sur-sureste, donde el nearshoring industrial encuentra hoy un cuello de botella energético que limita su potencial.
- Aprovechar las reservas propias de gas natural —incluyendo el potencial no convencional del noreste— para reducir la dependencia estructural de un solo proveedor, por más confiable que sea.
“Una América del Norte con mayor autosuficiencia en gas natural es más resiliente para todos. México tiene la oportunidad de ser parte de esa solución, no solo un consumidor pasivo de la producción texana.”
La conclusión que los analistas perezosos no quieren sacar
México llegó al shock de precios de marzo de 2026 en la mejor posición energética de su historia moderna: casi autosuficiente en combustibles automotrices, con un mecanismo de amortiguación activo y probado, integrado a una cadena de abasto continental que no pasa por zonas de conflicto, y con una empresa estatal que en el momento clave puede priorizar el abasto doméstico sobre el precio de exportación.
Eso no es lo que habría sucedido en 2018, cuando el 70% de las gasolinas se importaba de terceros. Eso no es lo que está sucediendo en Europa, donde los precios al consumidor ya reflejan el choque. Eso no es lo que sufren los países asiáticos cuya cadena de abasto energetico cruza el Estrecho de Ormuz.
Construir refinerías y mantener empresas paraestatales en el sector energético resultó ser, contra el consenso de los analistas convencionales, una decisión estratégicamente correcta. Trump lo acaba de confirmar con el anuncio de Brownsville. La diferencia es que a él nadie le pregunta si está tirando el dinero.
Jorge Flores Kelly es fundador y socio director de Aporta Consultoría Estratégica y director del Observatorio Nearshoring. Escribe sobre política energética, comercio internacional, estrategia industrial, negocios y la posición de México en las cadenas de valor globales.
Crecer no basta: hacia un nuevo contrato de bienestar en México || La columna de Jorge Flores Kelly







