Comunidad Fortuna | Dos meses de caos: el 2026 no deja de sorprender

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Si comenzamos por el escenario internacional, las tensiones y las doctrinas emergentes pintan un cuadro de multipolaridad forzada, burbujas latentes y conflictos que amenazan con encarecer hasta el último barril de petróleo, mientras el dólar y el oro dan vueltas como en una montaña rusa. A esto hay que sumar los desafíos internos, que son varios.

 

*Rodolfo Ostolaza Berman, subdirector de Estudios Económicos de Banamex

 

Apenas hemos cruzado el umbral de marzo en este 2026, y el mundo ya parece un tablero de ajedrez donde las piezas se mueven con una imprevisibilidad que roza lo caótico.

En solo dos meses, hemos presenciado giros geopolíticos y económicos que podrían redefinir el panorama global por años, con volatilidades que dejan a los mercados tambaleando.

Comencemos por el escenario internacional, donde las tensiones y las doctrinas emergentes pintan un cuadro de multipolaridad forzada, burbujas latentes y conflictos que amenazan con encarecer hasta el último barril de petróleo, mientras el dólar y el oro dan vueltas como en una montaña rusa.

El año arrancó con un golpe teatral en América Latina: la captura y extradición de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero, un evento que no solo marcó el fin de una era en Venezuela, sino que desencadenó una transición política acelerada. Para marzo, Delcy Rodríguez asumió como presidenta interina, liberando a 56 presos políticos de alto perfil y abriendo la puerta a una posible estabilización, aunque con el fantasma de la intervención externa aun rondando.

Pero Venezuela no es el único foco de inestabilidad; febrero trajo la implementación de la nueva “Doctrina Trump” del mundo multipolar, donde el presidente estadounidense acepta –quizá a regañadientes– la coexistencia de polos de poder como China, Rusia, India y la Unión Europea, reduciendo el apetito por intervenciones unilaterales estadounidenses (como quería hacer en Groenlandia).

Esta doctrina, presentada oficialmente a finales de 2025, parece un intento de reequilibrar el poder global, pero llega en un momento en que las tensiones escalan en Oriente Medio.

El 28 de febrero estalló en esta zona un conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán, con bombardeos masivos que eliminaron al líder supremo Ali Khamenei y escalaron rápidamente a una guerra regional.

La respuesta iraní no se hizo esperar: ya en marzo, misiles balísticos impactaron bases estadounidenses en países árabes del Golfo, intensificando el caos.

Esto ha generado riesgos inmediatos en los mercados del petróleo y el gas, con el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz, ataques a instalaciones en Catar, Arabia Saudita e Irak, y amenazas que dispararon el precio del Brent por encima de los 82 dólares por barril –un alza de hasta 13% en un solo día–, mientras que el precio del gas natural en Europa subió más del 40%.

 

Impactos inmediatos

Estas disrupciones no solo amenazan la inflación global, sino que podrían desatar una crisis energética que golpee a economías emergentes como la nuestra.

A esto se suman conflictos geopolíticos latentes, como la creciente tensión en el Estrecho de Taiwán con China, o la persistente guerra en Ucrania, donde Rusia, bajo un Putin empoderado, mantiene su presión contra la OTAN, exacerbando la fragmentación global.

En el frente económico, las sombras de la tecnología y los mercados financieros se alargan. El 57% de los inversionistas institucionales, según encuestas de Deutsche Bank, teme el estallido de una burbuja tecnológica centrada en la inteligencia artificial, evocando los ecos de la puntocom al inicio del milenio.

El Informe del Foro Económico Mundial de 2026 refuerza estos riesgos, colocando la desinformación masiva y los resultados adversos de la IA como las principales amenazas a corto plazo.

Mientras tanto, Wall Street muestra una sobrevaloración alarmante: el S&P 500 en enero exhibió múltiplos similares a esa burbuja histórica (la puntocom), con analistas advirtiendo correcciones mayores al 10%.

A esto se suma la presión comercial: tras un fallo contra el uso de la IEEPA, Trump impuso en febrero un arancel global del 10% (que muy probablemente subirá a 15% en próximos días) a todas las importaciones bajo la Sección 122 de la Trade Act de 1974, un movimiento que sin duda tendrá impactos en el comercio mundial.

 

Panorama ensombrecido

En el ámbito monetario, la Reserva Federal (FED) proyecta solo un recorte adicional de 25 puntos base en todo 2026, respaldado por datos económicos resistentes. Sin embargo, el presidente Trump ha criticado públicamente a la FED por no acelerar recortes, generando incertidumbre sobre su independencia.

Esta tensión se agudizó con la nominación de Kevin Warsh como sucesor de Jerome Powell, cuyo término expira en mayo. Warsh, un exgobernador de la FED, enfrenta una confirmación en el Senado en medio de debates sobre la autonomía del banco central, y la incertidumbre sobre si Powell se mantendrá en la FED al terminar su mandato como presidente.

Hablando de volatilidad, el dólar estadounidense vivió un vaivén en estos meses: cayó a un mínimo de cuatro años de 95.5 (índice DXY) el 30 de enero, impulsado por las políticas de Trump y los aranceles, para luego rebotar hacia 98 en febrero, afectando divisas emergentes.

El oro, por su parte, subió estrepitosamente en enero, alcanzando un récord de 5,594 dólares por onza a finales del mes, solo para desplomarse casi 10% en un día, reflejando el gran nerviosismo inversor ante la incertidumbre global.

 

Economía local, más desafíos

Ahora, volvamos la mirada a México, donde estos vientos globales se entremezclan con desafíos internos que mantienen a los mercados en vilo.

El 22 de febrero, la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, en un operativo en Tapalpa, Jalisco, desató una ola de violencia en al menos 10 estados, recordándonos que la inseguridad no solo es un lastre social, sino un freno económico persistente.

En el terreno político, el gobierno federal presentó una reforma electoral ambiciosa: reducir costos, eliminar plurinominales y prohibir bots e IA en campañas, en un intento por depurar el sistema, pero que más bien pinta como herramienta para fortalecer aún más el control del partido en el gobierno.

Económicamente, el año inició con medidas fiscales que presionan el bolsillo: desde enero, la duplicación del IEPS a refrescos y un aumento significativo en cigarros ha impulsado la inflación, que aceleró a 3.8% en enero.

Además, México impuso aranceles de 5% a 50% a importaciones de China y otros países sin TLC, para “proteger” a la industria local, pero cuyo efecto en los precios se verá más adelante.

El Banco de México respondió pausando recortes de tasas en febrero, manteniendo la referencia en 7.00%, pero se espera que continue utilizando la tijera tan pronto como en su próxima reunión, y en varias ocasiones (nosotros esperamos 3). Todo esto en un contexto donde el crecimiento del PIB se proyecta en solo 1.6% para 2026, por debajo del potencial de 2.0% por cuarto año consecutivo, lastrado por la casi inmutable baja productividad.

Y, mientras llegó la conmemoración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en uno de los países con mayor violencia contra las mujeres –donde se registran alrededor de 10 feminicidios al día, o uno cada 2.5 horas, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

En 2025, los homicidios intencionales cayeron 22%, pero los feminicidios subieron un 94% desde 2015, alcanzando 829 casos en 2024–, esta realidad subraya la urgencia de reformas profundas en justicia y equidad de género.

Antes de concluir, vale la pena reflexionar sobre la dualidad surreal de México: un país donde convive la informalidad laboral que afecta a 55% de la fuerza de trabajo, con manufacturas tecnificadas en sectores como el automotriz y la aeroespacial; donde la agricultura de subsistencia en regiones rurales choca con exportaciones récord en agroindustria; y donde carencias crónicas en infraestructura –como agua, transporte y energía– contrastan con pendientes estructurales como la baja productividad, la corrupción persistente y la desigualdad, que perpetúan un crecimiento anémico pese a las oportunidades.

En conclusión, aunque las perspectivas de crecimiento global –con nuestras proyecciones en 3.2% para el año– parecen ofrecer un atisbo de resiliencia, la incertidumbre reina suprema.

Con conflictos armados que podrían desatar crisis energéticas, burbujas tecnológicas a punto de estallar, presiones arancelarias, volatilidades en divisas y metales, y disputas monetarias, estos primeros dos meses de 2026 nos recuerdan que el optimismo económico es frágil. México, entrelazado en esta red global, debe navegar con cautela: las buenas noticias macro podrían evaporarse ante un solo misil en el Golfo o un tuit desde la Casa Blanca. Dos meses de caos, y el año ya promete ser inolvidable –para bien o para mal.

 

 

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*Como subdirector de Estudios Económicos del Banco Nacional de México (Banamex), Rodolfo se encarga de dar seguimiento a los sectores real y externo de la economía mexicana.

El ejecutivo tiene una Maestría en Economía por El Colegio de México; una Licenciatura en Finanzas de la Universidad Tecnológica de México, y una Licenciatura en Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Anteriormente, fue economista senior del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos. También desempeñó los cargos de jefe de la sección de estadísticas de comercio internacional en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

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Rodolfo Augusto Ostolaza Berman
Rodolfo es subdirector de Estudios Económicos de Banamex, donde se encarga de dar seguimiento a los sectores real y externo de la economía mexicana. Tiene una Maestría en Economía por El Colegio de México, una Licenciatura en Finanzas por la Universidad Tecnológica de México, y una Licenciatura en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Anteriormente, fue economista senior en el Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos. También desempeñó los cargos de jefe de la sección de estadísticas de comercio internacional dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Rodolfo estuvo además al frente de la Dirección de Insumo Producto en el INEGI, y fue jefe de la Oficina de Medición de los Sectores Primario y Terciario en el Banco de México (Banxico).