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La obesidad en México comienza a abordarse desde un lugar distinto: comprender a la persona antes que al peso. Con un enfoque clínico basado en fenotipos. Es decir, que reconoce el papel de las emociones, la biología y la conducta. Especialistas nos plantean una nueva ruta de tratamiento más precisa, humana y sostenible, capaz de devolver esperanza a millones de personas que por años han enfrentado la enfermedad sin respuestas duraderas.
Durante la conferencia “Día Mundial de la Obesidad: Más Allá del Peso, Hablemos de Salud”, que tuvo lugar en el Museo de Memoria y Tolerancia el 5 de marzo de 2026, organizada por Merk, se presentó información de la Guía Mexicana para el Manejo de la Obesidad en Adultos. Esta guía introduce un innovador modelo que clasifica distintos fenotipos clínicos, definidos como conjuntos de características observables, con la finalidad de entender los mecanismos que predominan en cada paciente.
Este enfoque reconoce que la obesidad puede derivar de la combinación de diversos factores metabólicos, hormonales, conductuales y emocionales, lo que transforma tanto la evaluación clínica como el tratamiento. El Dr. Eduardo Goicoechea destacó que este modelo permite avanzar de recomendaciones generales a intervenciones personalizadas basadas en las causas subyacentes de la enfermedad. Desde esta óptica, pacientes con un peso similar pueden exhibir diferentes alteraciones fisiológicas que impactan en su apetito, respuesta a tratamientos y evolución clínica.
“La identificación de fenotipos permite pasar de recomendaciones generales a intervenciones individualizadas basadas en las causas que sostienen la enfermedad.”, Dr. Eduardo Goicoechea.
Hambre emocional como fenotipo clínico relevante

Dentro de los fenotipos reconocidos destaca el hambre emocional, caracterizado por la influencia significativa de factores psicológicos sobre la conducta alimentaria. En estos casos, el consumo de alimentos responde a alteraciones en la regulación emocional, impulsividad, alta sensibilidad a la recompensa por el alimento y compulsividad. Estudios citados en el evento confirman una relación bidireccional entre emociones negativas y obesidad. En donde comer en exceso se relaciona con estrés, ansiedad o tristeza se vincula con hábitos alimentarios poco saludables y ganancia de peso.
Relación bidireccional entre obesidad y salud mental
De acuerdo con el Dr. Héctor Esquivias, aproximadamente cuatro de cada diez personas con obesidad presentan síntomas de ansiedad o depresión. El especialista señala que iniciar con obesidad incrementa hasta en un 55% el riesgo de desarrollar depresión, mientras que comenzar con depresión aumenta cerca de un 45% la probabilidad de desarrollar obesidad, lo que confirma la interacción constante entre procesos emocionales y metabólicos.
“La evidencia científica muestra una interacción constante entre la obesidad y la salud mental.”, Dr. Héctor Esquivias.
Impacto de la obesidad como problema de salud pública

La obesidad se mantiene como uno de los principales retos de salud pública. A nivel global, más de 890 millones de personas viven con esta enfermedad. En México, según la Ensanut Continua 2023, cerca de cuatro de cada diez adultos presentan obesidad. Su impacto se asocia con diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y otras complicaciones crónicas que representan alrededor del 5% del gasto nacional en salud.
Importancia del abordaje multidisciplinario
El Dr. Goicoechea señala que reconocer los fenotipos clínicos ayuda a comprender los ciclos de pérdida y reganancia de peso. Identificar el hambre emocional y tratar condiciones asociadas como depresión y ansiedad mejora la adherencia al tratamiento. También favorece una mayor pérdida de peso sostenida, promoviendo intervenciones que integran apoyo psicológico, nutricional y médico.
Conclusión
El diálogo entre especialistas nos demuestra que la obesidad en México empieza a entenderse desde una perspectiva más amplia. En donde las emociones dejan de ser un factor secundario para convertirse en una pieza clave del abordaje clínico. La identificación de fenotipos, como el hambre emocional, permite explicar por qué personas con un exceso de peso similar responden de manera distinta a los tratamientos tradicionales y por qué, en muchos casos, los resultados no han sido sostenidos en el tiempo.
Durante el encuentro se compartieron datos provenientes de estudios internacionales que ayudan a entender que la obesidad rara vez responde a una sola causa. Además refuerzan la necesidad de evaluaciones clínicas más completas. No obstante, los propios especialistas reconocieron las limitaciones de estos estudios, ya que no fueron realizados en población mexicana y presentan sesgos en cuanto a género y características demográficas, lo que impide trasladar los porcentajes de manera directa al contexto nacional.
En este sentido, estudios como el ACTION?IO México aportan un contexto clave al mostrar que, aunque la mayoría de las personas con obesidad se sienten motivadas para bajar de peso, persisten brechas importantes entre la percepción de los pacientes y la de los profesionales de la salud, así como barreras económicas y de comunicación que dificultan una atención efectiva. Estos datos subrayan que el desafío no es solo clínico, sino también estructural y cultural.
La principal oportunidad que surge de este nuevo enfoque es avanzar hacia modelos de atención que integren de manera sistemática la evaluación emocional y de salud mental, sin sustituir el abordaje metabólico, sino complementándolo.
Pero también queda clara la necesidad de generar evidencia específica en población mexicana que permita dimensionar con mayor precisión el papel del hambre emocional y otros fenotipos en la obesidad. Reconocer lo que ya se sabe, pero también lo que aún falta por medir, es un paso indispensable para construir tratamientos más humanos, efectivos y sostenibles para millones de personas.







