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La estrecha relación comercial con EU ha permitido que miles de empresas mexicanas participen en procesos productivos transfronterizos, donde bienes intermedios cruzan la frontera varias veces antes de convertirse en productos finales. El reto para México es amplificar su éxito exportador.
*Por Janneth Quiroz Zamora, directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Grupo Financiero Monex.
El comercio internacional se ha consolidado como uno de los pilares más importantes del crecimiento económico de México. Durante las últimas décadas, la integración productiva con Estados Unidos ha transformado la estructura industrial del país y ha impulsado la expansión de sectores manufactureros altamente competitivos.
En 2025, esta tendencia volvió a confirmarse: las exportaciones mexicanas alcanzaron un máximo histórico cercano a 663 mil millones de dólares, reflejando el dinamismo del sector externo y su papel central en la economía nacional.
Uno de los rasgos más relevantes del comercio mexicano es su fuerte concentración geográfica. Alrededor del 83% de las exportaciones mexicanas se dirigieron a Estados Unidos, consolidando a México como uno de los principales socios comerciales de ese país.
Este nivel de integración es resultado de más de tres décadas de apertura comercial, desarrollo de cadenas de valor regionales y proximidad geográfica. La relación bilateral ha permitido que miles de empresas mexicanas participen en procesos productivos transfronterizos, donde bienes intermedios cruzan la frontera varias veces antes de convertirse en productos finales.
Vicisitudes
La estructura exportadora de México también refleja una fuerte especialización manufacturera. La mayor parte de los envíos al exterior se concentran en sectores como maquinaria y equipo, vehículos automotores y equipo eléctrico y electrónico, industrias profundamente integradas a las cadenas de suministro de América del Norte.
En particular, la industria automotriz se ha convertido en uno de los motores del comercio exterior mexicano, tanto por su volumen de exportaciones como por su capacidad para atraer inversión extranjera y generar empleo en diversas regiones del país.
El dinamismo del comercio exterior se ha visto reforzado en los últimos años por cambios importantes en la economía global.
Las disrupciones logísticas tras la pandemia, junto con las tensiones geopolíticas entre grandes potencias, han llevado a muchas empresas a replantear la ubicación de sus centros de producción. En este contexto, México ha ganado relevancia como destino de inversión gracias al nearshoring, que consiste en relocalizar operaciones productivas cerca de los principales mercados de consumo.
La cercanía con Estados Unidos, la red de acuerdos comerciales y la capacidad manufacturera han colocado a México en una posición estratégica para beneficiarse de este proceso. Diversas empresas han anunciado inversiones para expandir o trasladar operaciones al país con el objetivo de reducir costos logísticos, fortalecer sus cadenas de suministro y aprovechar el acceso preferencial al mercado norteamericano.
No obstante, el éxito del sector externo también plantea ciertos desafíos. La elevada dependencia del mercado estadounidense implica que el desempeño económico de México está estrechamente ligado al ciclo económico de su principal socio comercial.
Una desaceleración en la actividad industrial o en el consumo en Estados Unidos puede traducirse rápidamente en menores exportaciones mexicanas.
Problemas locales
A ello se suma la necesidad de fortalecer la infraestructura logística, energética y de transporte del país.
El crecimiento del comercio exterior exige puertos más eficientes, carreteras seguras, mayor capacidad ferroviaria y un suministro energético confiable para la industria. Sin estas condiciones, el potencial del nearshoring podría verse limitado y algunos proyectos de inversión podrían trasladarse a otras regiones.
En perspectiva, el reto para México será transformar su éxito exportador en un proceso de desarrollo más amplio.
Aprovechar plenamente el comercio internacional implica no solo vender más al exterior, sino también impulsar la innovación, diversificar mercados y elevar el contenido tecnológico de la producción nacional. Si el país logra avanzar en estas áreas, el comercio exterior continuará siendo un motor clave para el crecimiento económico y la competitividad en los próximos años.
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*Janneth tiene más de 15 años de experiencia analizando la coyuntura mundial y local de los mercados. Actualmente, es directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Grupo Financiero Monex. Es profesora en diversas universidades de prestigio, como el Tecnológico de Monterrey y la Universidad Panamericana. Recientemente fue reconocida por Forbes como una de los veinte economistas más influyentes de México.
A lo largo de su trayectoria profesional, la ejecutiva ha liderado varios proyectos en el sector financiero. Además, ha impartido conferencias a lo largo del país y frecuentemente participa dando su opinión sobre temas económicos y financieros relevantes en varios medios de comunicación, tanto especializados, como, Reuters y El Financiero Bloomberg, así como en diarios de circulación nacional, como Reforma.
Forma parte del Comité de Estudios Económicos del IMEF Nacional y del Comité del Indicador IMEF. Además, es vicepresidenta del Consejo Consultivo y Promotor de la Licenciatura en Economía de la Universidad Panamericana, así como del Grupo de Política Económica de la International Chamber of Commerce México.
Janneth es Licenciada en Economía por el CIDE, maestra en Finanzas por el Tecnológico de Monterrey y tiene una especialidad en Econometría en el ITAM. Recientemente cursó un Diplomado de Comercio Internacional en la Escuela Libre de Derecho.
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