IA: Sin filias ni fobias || De la euforia a la soberanía ética

IA: Sin filias ni fobias. De la euforia a la soberanía ética

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Por Héctor Fernando González*

 

México está llegando a un punto de inflexión ineludible, el momento de decidir qué hacer, y sobre todo cómo hacerlo, con la gobernanza de la Inteligencia Artificial (IA). No se trata de una elección binaria entre prohibir o permitir, sino de evitar que las brechas existentes se profundicen. Al observar el panorama actual, encontramos un ecosistema de contrastes.Pareciera que en México hemos superado la etapa del “enamoramiento” tecnológico para entrar en una fase de relación más madura y objetiva con la Inteligencia Artificial ( IA ). Ya no se trata solo de celebrar la eficiencia, sino de cuestionar el costo humano. Esta nueva postura se cristalizó el pasado 29 de enero de 2026, cuando el Gobierno de México presentó la Declaración de ética y buenas prácticas para el uso y desarrollo de la IA, bautizada significativamente como los “Principios de Chapultepec”. Más allá del protocolo, veo en este documento un intento claro del gobierno por trazar una ruta soberana sobre la tecnología, anteponiendo la ética a la automatización irrestricta.

A mi parecer, no es casualidad que estos lineamientos lleven el nombre de “Principios de Chapultepec”. En la semiótica política mexicana, el Castillo de Chapultepec es el símbolo por excelencia de la resistencia ante la injerencia extranjera. Por eso interpreto esta elección como un mensaje velado pero inevitable: México quiere marcar su propio camino frente a la “invasión” de tecnologías foráneas que a menudo operan como cajas negras, y evitar una colonización digital donde las reglas las dicten algoritmos ajenos a la realidad cultural y social del país.

Al final, esto puede ser solo una conjetura mía, pero lo que sí es un hecho es la preocupación legítima por el impacto —bueno y no tan bueno— que está teniendo su uso en la ocupación laboral. Y lo veo reflejado en el principio sexto: “Antes de automatizar, hay que comprender a quién y a qué afecta”. Algunos estudios, como Is AI Contributing to Rising Unemployment? Evidence from Occupational Variation, elaborado por investigadores de la Fed de St. Louis, sugieren que podríamos estar presenciando las primeras etapas de un desplazamiento laboral impulsado por la IA, una dinámica silenciosa que podría replicarse en diversos sectores del mercado laboral mexicano si no se anticipa con políticas y capacidades adecuadas.

Pero el tema no acaba ahí, ya que la inquietud no es solo perder el empleo, sino no conseguir uno nuevo. El uso de IA en filtros de contratación pareciera estar creando barreras invisibles. Según Algorithmic Hiring and the Future of Work, un estudio reciente disponible en SSRN, los sesgos algorítmicos en ciertas herramientas de screening automatizado pueden reproducir patrones de exclusión al priorizar perfiles que coinciden con datos históricos sesgados, lo que termina afectando de manera desproporcionada a minorías y mujeres. Por eso, lo preocupante no es que “favorezcan” a un grupo, sino que la tecnología pudiera estar levantando nuevas puertas de entrada que muchos no pueden cruzar. Una hipótesis que, seguramente, más de una persona podría confirmar si está en búsqueda de empleo.

Será interesante ver cómo estos principios aterrizan en políticas públicas tangibles que traten de equilibrar la balanza, ya que la eficiencia de la IA es indiscutible. Sin duda produciremos más y mejores cosas. Pero vale la pena preguntar: ¿A costa de qué estamos comprando esa eficiencia? ¿Qué parte de nuestra esencia humana estamos cediendo cuando delegamos decisiones críticas a un algoritmo, especialmente aquellas que pueden definir el futuro laboral de una persona? Si la preocupación es real, posiblemente las siguientes batallas no serán contra un ejército, sino contra nuestra propia obsolescencia.

 

 

 

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