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Más de seis millones de chaquiras, 120 manos artesanas y 18 días de trabajo ininterrumpido dieron forma a un monoplaza de Nissan que eriza la piel.
En una industria acostumbrada a hablar de caballos de fuerza, autonomía y cifras duras, de pronto aparece un recordatorio poderoso: el automóvil también puede ser una expresión cultural. Eso fue lo que presentó Nissan en la antesala del E-Prix de la Ciudad de México, y no exagero al decir que lo que presentó Rodrigo Centeno, presidente de Nissan Mexicana realmente trasciende el mundo del deporte motor.
Por primera vez en la historia de la Fórmula E, un monoplaza competirá con un livery diseñado por un mexicano e inspirado en México. No se trata de un simple ejercicio estético, sino de una declaración de identidad. La pieza, creada por el maestro César Menchaca, fusiona el arte huichol con símbolos de la cultura japonesa, recordándonos que la tecnología también puede dialogar con la tradición.
El resultado es tan contundente como emotivo. Más de seis millones de chaquiras, 120 manos artesanas y 18 días de trabajo ininterrumpido dieron forma a un vehículo que eriza la piel. No solo por lo que representa visualmente, sino por lo que simboliza: la unión entre dos culturas, la pasión por el detalle y el respeto por el origen.
Durante la presentación, Rodrigo Centeno, presidente de Nissan Mexicana, lo explicó con claridad: la experiencia automotriz va mucho más allá del producto. Y tiene razón. En una era donde la movilidad eléctrica suele explicarse desde la eficiencia y la sostenibilidad —conceptos necesarios, pero fríos—, Nissan decidió agregar emoción, arte y contexto social.
Este enfoque cobra aún más sentido si entendemos lo que hoy representa la Fórmula E. Es un campeonato donde no gana necesariamente el más rápido, sino el más inteligente. La gestión de energía, la estrategia y la precisión mental del piloto son tan importantes como la velocidad. Ver autos cruzar la meta con 1% de batería es una metáfora perfecta del futuro que se avecina: hacer más con menos.
Esa filosofía se refleja también en tecnologías como e-POWER, una solución intermedia que entiende los retos reales de la electrificación en mercados como el nuestro. Nissan no solo habla de futuro; lo aterriza a la realidad del presente.
Y mientras el arte corre en la pista y la innovación se desarrolla en los laboratorios, hay otro mensaje igual de potente: México sigue siendo estratégico. La consolidación de Aguascalientes como el principal polo de producción de Nissan en el continente confirma que el país no solo consume tecnología, también la fabrica y la exporta.
Al final, lo que vimos no fue solo un auto de carreras. Fue una obra que conecta emoción, identidad y visión industrial. Un recordatorio de que la movilidad del futuro no solo debe ser más limpia y eficiente, sino también más humana.
¡Adiós!







