Trump invoca la Doctrina Monroe; Sheinbaum responde con la Doctrina Estrada ante intervención en Venezuela

Mientras el presidente Donald Trump apeló a la Doctrina Monroe para justificar la intervención armada en Venezuela, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, fijó una postura opuesta al reivindicar la Doctrina Estrada, eje tradicional de la diplomacia mexicana.

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Mientras el presidente Donald Trump apeló a la Doctrina Monroe para justificar la intervención armada en Venezuela, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, fijó una postura opuesta al reivindicar la Doctrina Estrada, eje tradicional de la diplomacia mexicana.

Desde Tlaxcala, Sheinbaum condenó la intervención estadounidense y subrayó que la política exterior de México está claramente definida en la Constitución.

“Nosotros defendemos la Doctrina Estrada, que está en contra de las intervenciones y a favor de la solución pacífica de cualquier conflicto”, afirmó, al recordar que el Artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas prohíbe el uso de la fuerza y privilegia las salidas multilaterales.

La Doctrina Estrada, formulada en 1930 por el entonces canciller mexicano Genaro Estrada, establece el principio de no intervención, autodeterminación de los pueblos y respeto a la soberanía, así como la negativa de México a juzgar o reconocer gobiernos extranjeros con base en su legitimidad interna. Su objetivo central fue evitar que la diplomacia se convirtiera en un instrumento de presión política o militar.

Doctrina Estrada, formulada en 1930 por el entonces canciller mexicano Genaro Estrada

Este planteamiento contrasta de manera directa con la Doctrina Monroe, proclamada en 1823 por Estados Unidos bajo la consigna “América para los americanos”. Aunque originalmente buscaba impedir la injerencia de potencias europeas en el continente, con el paso del tiempo se transformó en un fundamento para la expansión de la influencia estadounidense en América Latina, incluyendo intervenciones militares y cambios de régimen.

Trump retomó esa interpretación al afirmar que Washington tiene la responsabilidad de garantizar la seguridad del hemisferio y evitar la presencia de actores hostiles a sus intereses. En su discurso, incluso señaló que Estados Unidos gobernará Venezuela de manera temporal hasta que se concrete una transición política, una afirmación que para México representa una violación directa a los principios del derecho internacional.

Sheinbaum fue enfática al señalar que la postura mexicana va más allá de la figura de Nicolás Maduro y se centra en la defensa de normas internacionales.

“Tiene que ver con la política internacional, con las leyes internacionales y con principios muy claros de la política exterior mexicana que nosotros defendemos”, sostuvo. Añadió que México dará seguimiento a los acontecimientos y continuará manifestándose contra cualquier forma de intervención militar.

La mandataria también insistió en que la relación con Estados Unidos debe basarse en la cooperación y el diálogo, pero dejó claro el límite: “colaboración, coordinación, pero no subordinación”. En ese sentido, planteó la necesidad de que América Latina y el Caribe mantengan una posición conjunta en defensa de la soberanía y la solución pacífica de los conflictos.

Al final del debate, incluso dentro de Estados Unidos surgieron voces críticas. El senador Bernie Sanders acusó a Trump de violar la Constitución y el derecho internacional, y advirtió que intentar “dirigir” Venezuela revive las peores prácticas del intervencionismo en América Latina. Sus señalamientos refuerzan la discusión abierta sobre los límites legales y políticos de la Doctrina Monroe en el siglo XXI.

Tras confirmar la captura de Nicolás Maduro luego de una operación militar en Caracas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recurrió de manera explícita a la Doctrina Monroe para enmarcar la intervención estadounidense en Venezuela como parte de una estrategia de seguridad hemisférica, una postura que de inmediato generó fuertes críticas dentro del propio Congreso estadounidense.

La postura de México, anclada en la Doctrina Estrada, marca una línea clara frente a la intervención estadounidense y coloca nuevamente en el centro del debate regional la vigencia de la soberanía, el respeto al derecho internacional y la solución pacífica de los conflictos.

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