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El presidente de los Estados Unidos no tiene límites en su objetivo de sanear la economía del país. Luego del escandaloso arancel a los automóviles, ahora trabaja en el impuesto más polémico de todos…
El objetivo de Donald Trump está claro y es innegociable. Su segundo mandato es mucho más directo, feroz y políticamente más violento que el primero. El republicano volvió para principalmente, potenciar a Estados Unidos sin importar las formas, el costo y las consecuencias. En estos primeros tres meses, Trump quiso quedarse con Groenlandia, Gaza, Canal de Panamá y hasta con el Golfo de México. Al mismo tiempo, azotó a más de un país con aranceles extremos, sin embargo, ninguno tan duro como el que evalúa ahora.
Tras el impacto de los aranceles a los automóviles no fabricados en Estados Unidos, Trump aplicaría un arancel a la venta de dólares a gobiernos extranjeros. El deseo de Trump es debilitar el dólar con el objetivo de mejorar la competitividad de la industria estadounidense, que tendría fuertes alcances en el sistema financiero internacional.
Stephen Miran, presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, presentó la propuesta de aplicar un arancel a la compra de dólares y de bonos del Tesoro por parte de bancos centrales extranjeros. La visión que tiene Miran es que muchos países acumulan dólares para sostener sus propias monedas depreciadas y favorecer sus exportaciones, algo que termina perjudicando a la industria norteamericana.
El primer paso sería revocar un acuerdo de 1984 que eliminó un arancel del 30 por ciento a la entrada de dinero chino en Estados Unidos. Muchos empresarios estadounidenses no están de acuerdo con esta posibilidad ya que el arancel a la compra de dólares podría generar inflación, encareciendo la entrada de capitales al país.
“Los aranceles de 2018-2019 generaron consecuencias macroeconómicas difícilmente discernibles. El dólar subió casi en la misma proporción que los aranceles, anulando buena parte del impacto macroeconómico”, sostiene Miran, que es muy escuchado por Trump.
Ante estas fuertes versiones, Scott Bessent, Secretario del Tesoro negó que Trump tenga intenciones de debilitar el dólar: “Queremos que el dólar siga fuerte; lo que no queremos es que otros países manipulen sus monedas para competir deslealmente”.
Lo cierto, internamente, es que la administración de Trump no descarta esa posibilidad de un arancel que impactaría de lleno en la economía mundial. De momento, la única certeza es que Trump está dispuesto a todo con tal de fortalecer a los Estados Unidos.