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Carstens neoliberal absoluto

El Fondo Monetario Internacional y el presidente electo Felipe Calderón están orgullosos de Agustín Carstens Carstens por los mismos motivos: este funcionario, con apariencia de luchador de sumo, es para ellos una garantía en la conducción económica del próximo gobierno y una tranquilidad para los mercados financieros internacionales

Fernando Ortega Pizarro

El director del departamento del hemisferio occidental del FMI, Annop Singh, expresó: “estamos muy complacidos de que Carstens —ex directivo de este organismo— haya sido designado al frente del equipo de transición en cuestiones económicas de Calderón”.

Y definió así a quien se perfila como el próximo secretario de Hacienda: “hemos trabajado de manera cercana a Carstens, es una persona con un intelecto sobresaliente, tremenda energía y gran experiencia. Ha supervisado políticas en diferentes regiones del mundo y por lo tanto es una gran oportunidad para él y para México que esté en el equipo”.

A su vez, Felipe Calderón aseguró que el desempeño de Agustín Carstens se sustenta “no sólo en su probada trayectoria, sino en su conocimiento de la realidad social y económica del país, y en su claro compromiso con los mexicanos”.

La realidad

Siendo subsecretario de Hacienda, en los primeros tres años del gobierno de Vicente Fox, Carstens dio muestras de sus habilidades al autorizar la venta de Banamex-Accival a Citigroup con cero beneficios fiscales para el país, lo que provocó indignación social.

Carstens tuvo la encomienda de evaluar la operación de compraventa en virtud de que el titular de la SHCP, Francisco Gil Díaz, se excusó (el 21 de mayo de 2001) de tomar una decisión al respecto, para no crear suspicacias debido a que había trabajado como director general de Avantel, la empresa telefónica de Banamex.

La venta de Banamex representó un fabuloso negocio para el principal accionista de la institución, Roberto Hernández, y sus socios, pues en 1991 adquirió el banco en 3 mil 195 millones de dólares y 10 años después lo vendió en 12 mil 500 millones de dólares, absteniéndose de pagar unos 3 mil millones de dólares en impuestos, porque la operación se realizó a través del mercado de valores.

Además de Roberto Hernández, presidente de Banamex, se beneficiaron otros accionistas del banco: Alfredo Harp Helú, Emilio Azcárraga Jean (Televisa), Lorenzo Zambrano (Cemex), Valentín Diez Morodo (Grupo Modelo), Daniel Servitje (Bimbo), Ángel Losada (Gigante), Bernardo Quintana (Grupo ICA) y Pablo Escandón (Nadro).

La venta se efectuó sin pagar impuestos, a pesar de que Banamex había sido rescatado por el Fobaproa y sin estar en quiebra. En 1997, el gobierno le compró cartera, que en su mayor parte era chatarra, por 40 mil millones de pesos, y por cuyo pagaré recibía 8 mil millones de pesos. A solicitud del reportero, Banamex respondió que no tenía una postura al respecto.

En mayo de 2003, Carstens fue nombrado director gerente del FMI. De hecho, regresaba al organismo internacional en donde había sido director ejecutivo de 1999 al 2000. Sin embargo, la Secretaría de Hacienda destacó el hecho como una suerte de triunfo nacional: “esta designación significaría el cargo más alto para un mexicano en el FMI desde su creación”.

El FMI, integrado actualmente por 184 países, es la institución central del sistema monetario y financiero internacional. México participó en la Conferencia de Bretton Woods de 1944, donde se redactó el Convenio Constitutivo del FMI, y desde entonces ha sido un miembro activo de la institución.

Emilio Gamboa, coordinador parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados, comentó que conoció a Carstens cuando era director del IMSS: “Carstens era entonces asesor del secretario Pedro Aspe y pude darme cuenta de su seriedad, profesionalismo, capacidad y talento. Y algo muy importante, tiene una enorme sensibilidad política. En los primeros años del gobierno de Fox se encargó del enlace con el Poder Legislativo, y eso para mí es una buena señal, porque le da importancia a este poder”.

Pero no todos están de acuerdo con que México tenga a un secretario de Hacienda tan identificado con los postulados del FMI como él, en temas como la participación del sector privado en la economía, la reducción del tamaño del Estado y la privatización de las empresas y servicios públicos.

Enrique Montalvo, doctor en sociología e investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia, considera que Carstens va a ser un representante del FMI en el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, para vigilar y dirigir la profundización del proceso neoliberal en el país.

“Nos queda claro hasta qué punto la elite quería un control pleno, absoluto, del proceso de desarrollo neoliberal, sin que pudiera haber ninguna cuarteadora, ninguna desviación que fuera capaz de llevarnos a la posibilidad siquiera de un neoliberalismo moderado”.

Contra viento y marea

El papel de Agustín Carstens en la venta de Banamex a Citigroup ilustra hasta qué punto el futuro secretario de Hacienda está comprometido con los intereses de la cúpula empresarial.

En mayo de 2001, cuando se anunció la venta de Banamex, el economista Juan Castaings, entre otros, aseguró que México había perdido su autonomía y la capacidad de decidir sobre el dinero.

En cambio, Vicene Fox celebró, aprobó y vio la operación como una bendición para el país. “La fusión bancaria es la expresión de la confianza absoluta en la política económica del país y en este gobierno… Lo que hace esta inversión es impulsar y promover más optimismo, más crecimiento, más inversión en nuestro país”.

El 28 de junio de 2001, Agustín Carstens —en 1982 obtuvo el segundo lugar del premio Banamex de economía por su investigación “La determinación del tipo de cambio: el caso de México”— compareció ante las comisiones unidas de Hacienda y Crédito Público del Congreso de la Unión, y anunció que la fusión de Banamex y Citigroup tendría cero costo fiscal porque la institución financiera iba a resarcir, en un plazo de cinco años, lo que el país le dio para rescatarlo.El entonces presidente de la Comisión de Hacienda del Senado, Fauzi Hamdan, intentó comprometer a las autoridades financieras para que condicionaran la venta de Banamex a la sustitución de cartera —pagarés Fobaproa por bonos IPAB— y se garantizara el costo fiscal cero del rescate de Banamex en un determinado tiempo, antes de que se formalizara la autorización.

“Si estos dos elementos quedan garantizados, condicionados en la autorización que dé la Secretaría de Hacienda dentro de sus plenas y torales facultades que le da la Ley de Instituciones de Crédito, creo que los legisladores nos quedaríamos altamente satisfechos”, señaló Hamdan.

Consideró preocupante que hubiera alguna objeción o reticencia por parte de los bancos, “porque habría el riesgo de que el costo fiscal (del rescate) no sea resarcido por Banamex en esta operación de venta”.

Pero el subsecretario Carstens lo rechazó: “Por un lado, comparado con el capital del banco, el porcentaje de participación de pérdidas no es bajo, por lo tanto modificarlo implicaría crear necesidad de recursos que debilitarían el capital de la institución y los beneficios que el país obtendría de la operación serían básicamente derrotados”.

Por otro lado, continúo, “de todas las operaciones de compra de cartera y capitalización que se han hecho, la de Banamex llegará a una situación de costo fiscal cero, en el plazo más corto posible. Esto podría ser cinco años, no sé. Pero es un plazo relativamente corto. Por lo mismo, yo pienso que no es una preocupación. Los números están ahí, los hemos hecho de diferentes maneras. Yo pienso que no es necesario lo que el senador sugiere, (ya que) de ninguna manera atentaría contra alguna disposición”.

“Una vergüenza”

El 4 de julio de 2001, en tan solo 34 días, Agustín Carstens autorizó la compraventa de Banamex, sin cobrar impuestos, sin investigar créditos irregulares por más de 4 mil millones de pesos en el IPAB, sin intercambiar los pagarés Fobaproa por los bonos IPAB, que eran más económicos para el erario, y sin oír las protestas que había en el país.

Tampoco fue tomada en cuenta la investigación que había hecho el Senado de Estados Unidos sobre lavado de dinero que había hecho entonces Citibank.

Un año antes, en el 2000, y a tres de haber sido “rescatado” por el Fobaproa, Banamex pretendió comprar a Bancomer, lo cual hablaba de su solvencia económica. En mayo de 2000, el presidente del Grupo Carso, Carlos Slim, el hombre más rico de Latinoamérica y México, reprochó a Roberto Hernández que no pagara primero sus quebrantos bancarios:

“Es una vergüenza y un cinismo que Banamex, en lugar de vender sus activos para pagar sus quebrantos, los use para comprar Bancomer. Con la crisis bancaria, Banamex fue el único banco en el que no se diluyeron los accionistas ni aportaron capital fresco, nunca.

“Los quebrantos ya los pagó el Fobaproa y los va a cubrir la sociedad. Banamex debe 40 mil millones de pesos. Si es insignificante, como dice el banco, que lo paguen, pero que no se quemen por insignificancias ¿Son una insignificancia 4 mil millones de dólares? Si a la propuesta de fusión de Banamex con Bancomer se le quitan los impuestos diferidos por 9 mil millones de pesos, que es un impuesto sobre utilidades futuras, así como el lost shering (la cartera que no se podrá recuperar) con Fobaproa de 20 por ciento, por 8 mil millones de pesos, y lo que vale el pagaré de Fobaproa, que es como de 70 o 75 pesos... pues no tiene capital. Entonces, ¿para qué juega con el capital que no tiene?

“Banamex está vendiendo la idea de que una de las ventajas es tomar la pérdida fiscal de Bancomer. Es decir, todavía aparte de Fobaproa, pérdida fiscal de pilón”.

En julio de 2001, con la venta de Banamex a Citigroup, el entonces senador Jesús Ortega dijo que era “indignante” observar cómo Hacienda, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, la Comisión Federal de Competencia y el IPAB se dedicaban a “defender el interés privado contra el interés público”.

Sostuvo que menospreciaban las recomendaciones del Congreso de la Unión y de la Auditoría Superior de la Federación para detener la venta de Banamex.

Para entonces, Citigroup, el nuevo propietario de Banamex, había adquirido derechos de cobro al IPAB por 110 mil millones de pesos, que a esa corporación extranjera, con presencia en 101 países, le acarrearían intereses por unos 15 mil millones de pesos anuales.

Esa deuda era producto del pagaré Fobaproa por la compra de cartera por 51 mil millones de pesos, de un crédito que Banamex dio al IPAB por 30 mil millones de pesos y del crédito por 28 mil millones que Citibank otorgó al mismo instituto.

El exdueño de Banamex, Roberto Hernández, defendió la venta del banco a Citigroup en varias ocasiones, explicando que no se había pagado impuestos porque se trató de un cruce de acciones en la bolsa, y estas operaciones, sostuvo, están exentas de impuestos.

Pero uno de los principales críticos del rescate bancario, Andrés Manuel López Obrador, sostuvo que la operación fue “inmoral”, debido a que deliberadamente se buscó no pagar impuestos. Es decir, explicó, metieron a Citigroup a la Bolsa Mexicana de Valores, unos días antes de vender a Banamex, para que no pagara impuestos.

El pasado 11 de octubre, López Obrador sostuvo que “un grupo de gente, arriba, muy arriba, que no quieren que las cosas cambien en nuestro país porque quieren mantener sus privilegios, que en sentido estricto ni siquiera son empresarios, son traficantes de influencias, por ejemplo este señor Roberto Hernández, que era dueño de Banamex, que vendió Banamex a Citigroup en 12 mil millones de dólares, es decir 120 mil millones de pesos, y como él era el patrón, el jefe del actual secretario de Hacienda no pagó un solo centavo de impuestos”.

Los de “arriba”, dijo, fueron de los beneficiados del Fobaproa, de ese gran saqueo que nos dejó una deuda de 120 mil millones de dólares que se va a pagar en dos generaciones hacia adelante, como he hecho estas denuncias, este señor se dedicó también a apoyar al candidato del PAN y a atacarnos a nosotros”.

De acuerdo con estudios de economistas perredistas, si el gobierno hubiera pagado directamente a los 11 millones de ahorradores que tenía la banca, le habría salido al 4 por ciento el rescate bancario, el cual fue producto de “un sistema decadente, de corrupción, que permite todo esto”.

Por supuesto, muy pocos creyeron en la excusa del secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, para no tomar decisiones en torno a la venta de Banamex.

“Nadie le cree al secretario de Hacienda en sus excusas. Lo que sí resulta claro es que la manera rápida y frenética con que se dio la autorización es una muestra de los beneficios que da Fox a sus amigos”, comentó el entonces senador Jesús Ortega.

Nadie, continuó, podría creer que el Presidente no tuvo nada que ver. “Lejos de eso, su participación influyó para que se acelerara la autorización”.

 

Año IV No. 46 Noviembre 2006

 

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