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Carstens el country manager del FMI

Un Premio Nóbel de Economía y un ex funcionario de la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense revelan la estrategia del FMI y el BM para llevar a la quiebra a países como México

Nydia Egremy

Para identificar los métodos del Fondo Monetario Internacional (FMI), John Saxe Fernández refiere el libro de John Perkins -ex funcionario de la Agencia de Seguridad Nacional y asesor económico de una consultora de Wall Street- titulado Confesiones de un gángster económico.

De primera mano, hombre de la bolsa, vinculado con las grandes empresas y empréstitos mundiales, Perkins confesó en su libro: “nuestra función era crear dependencia, por la vía de seducir a estos países a aceptar empréstitos altamente condicionados. Crear la dependencia o acentuarla, para que pudiéramos influir sobre sus políticas macroeconómicas y sectoriales. Es decir: llevarlos a la quiebra”.

Saxe, coordinador del programa de investigación “El Mundo Actual, del Instituto de Investigaciones Interdisciplinarias de la UNAM”, refiere que la afirmación de Perkins responde a lo que ocurrió en la crisis mexicana de 1995, cuando entró Zedillo. “Desde entonces, este país está de rodillas, sometido para que vengan las empresas extranjeras. Zedillo abrió las puertas al capital extranjero y entregó los ferrocarriles nacionales, hizo la apertura de facto en Pemex y en electricidad, que Fox profundizó”, describe el académico.

Puerta giratoria

“Carstens pertenece a un grupo, una especie de camarilla que pasan de ser director de Investigación Económica del Banco de México a director ejecutivo del FMI, donde él recibe el premio de estar en Washington. De allá vuelve a México con un puesto clave como la Subsecretaría de Hacienda y va de vuelta a Washington como subdirector gerente del Fondo. Es lo que se denomina en inglés, revolving door (puerta giratoria)”, explica Saxe.

Agustín Carstens se enfila a dirigir la Secretaría de Hacienda con esa visión del revolving door, aprecia Saxe. Es “un ejemplo paradigmático de la quintaesencia de un Chicago boy, que es colocado en Hacienda. Más que un alfil, yo diría que es un country manager del FMI en nuestro país, y Calderón los articula como un administrador nacional de la política económica de estos organismos muy vinculados a la Casa Blanca.

“Se debe enmarcar la posibilidad del nombramiento de Carstens en esa tónica, para percibir que el grado de sometimiento del gobierno de Fox y de Calderón, a estos organismos, es sin precedentes”, sentencia el especialista en organismos financieros multilaterales, quien describe que el FMI pasa por una crisis de identidad, de presupuesto y de legitimidad.

Carstens la balcanización

La bienvenida que la cúpula financiera de México dio a la posibilidad de que Agustín Carstens conduzca las finanzas desde la Secretaría de Hacienda (SHCP), contrasta con las protestas populares que ocurren en ciudades como Managua, Buenos Aires, La Paz, Caracas, Sao Paulo o Singapur contra las políticas de ajuste económico recetadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

“No me queda la menor duda de que no es el dedo de Felipe (Calderón) el que coloca a Carstens ahí, es el dedo del Ejecutivo estadounidense que coloca a quien será el próximo secretario de Hacienda en México”, expresa John Saxe Fernández.

Carstens fue director de Investigación Económica en el Banco de México entre 1994 y 1999, un periodo sumamente importante porque fue cuando estalló la crisis financiera del país y cuando se colocó a México de rodillas para aceptar todas las condiciones elaboradas por el gobierno estadounidense, bajo la presidencia de William Clinton. En esa oportunidad se hicieron compromisos desleales con el país en torno a ejes claves de la economía nacional, como es la industria del petróleo, evoca el investigador.

Carstens, puntualiza Saxe, no es simplemente un Chicago boy, es la quintaesencia de un Chicago boy, como afirmó el Financial Times. Pertenece a ese grupo de egresados de la Universidad de Chicago -que incluye a gente como Paul Wolfowitz, ahora al frente del Banco Mundial-.

Naturalmente, ya como subdirector gerente del FMI, secundó la política de ajustes y se opone rotundamente a la soberanía financiera que postulan Brasil, Venezuela, Argentina y Rusia, que decidieron liquidar su deuda con el Fondo para cerrar el círculo vicioso que les impuso la política de ajustes, sostiene Miguel García Reyes, del área de Estudios Estratégicos de la UNAM.

“Carstens en Hacienda significa que llegó la hora de las reformas”, advierte el geopolitólogo. Después de 33 años de ajuste estructural -el primero fue en Chile-, el FMI aún intenta sacar en México las reformas que faltan (energética, laboral, fiscal, educativa y salud) a través de gente que se formó con ellos.

“Está mal porque los gobiernos de Sudamérica ya dejaron atrás el ajuste estructural y avanzan por programas económicos más moderados. Salvo Perú, en donde el Fondo logró poner en la presidencia a Alejandro Toledo”, explica el geopolitólogo por la Universidad Lomonósov de Moscú.

Ministros suplicantes

De igual manera lo ilustra Gregory Palast, quien narró su encuentro con Joseph Stiglitz, ex funcionario del Banco Mundial (BM) en tiempos de Clinton, en su reportaje titulado “FMI: cuatro pasos hacia el infierno”, para el Observer y el Newsnight.

El economista le explicó la estrategia del BM y del FMI para asistir a los países, supuestamente diseñada tras una cuidadosa investigación particular, pero idéntico al de otras naciones. En este caso, la investigación de John Saxe y Gian Carlo Delgado titulada “El Banco Mundial y desnacionalización en México” (UNAM, 2003), reflejó que los documentos del BM para cada país, incluso no cambian el nombre de los Estados en su apuro por tramitar créditos al vapor.

Eso coincide con Stiglitz, quien dijo que la investigación se limita a la detallada inspección de hoteles de cinco estrellas y finaliza en la reunión con un suplicante ministro de Economía a quien se le entrega un "acuerdo de reestructuración" previamente preparado para su firma "voluntaria".

Tras analizar la economía de cada nación, dice Stiglitz, el ministro recibe del BM el mismo programa para todos los países que consiste en cuatro pasos:

Primer Paso: privatización. En lugar de objetar la venta de industrias estatales, algunos políticos venden sin apuro sus compañías de electricidad y agua. "Puedes ver sus ojos agrandarse" ante la perspectiva de comisiones por recortar en unos pocos miles de millones el precio de venta, citaba Stiglitz.

Segundo Paso: liberalización de los mercados financieros. Teóricamente fomenta que el capital inversor entre y salga libremente. Por desgracia, como ocurrió en Indonesia y Brasil, a menudo el dinero sólo sale y se agotan las reservas en cuestión de días.

Tercer Paso: política de precios basada en el mercado. El FMI fuerza a la agonizante nación a ese paso, que es un eufemismo para subir los precios de comida, agua y gas doméstico. Esto lleva al:

Tercer Paso y Medio: que Stiglitz denomina "los disturbios FMI”. Cuando una nación se encuentra “agotada, [el FMI] le exprime hasta la última gota de sangre, le suben el fuego hasta que, finalmente, el caldero explota," como cuando eliminó los subsidios para comida y combustible para los pobres en Indonesia en 1998 y hubo disturbios.

México, mucho ojo. Dijo Stiglitz: “con 'disturbios' me refiero a manifestaciones pacíficas dispersadas con balas, tanques y botes de humo, que provocan nuevas fugas de capital y bancarrotas en el gobierno. El lado bueno de esa piromanía económica es que los bancos extranjeros pueden repartirse los bienes que quedan a precio de ganga.

Cuarto Paso: libre mercado. Siempre, según las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el BM, Stiglitz asimiló a las Guerras del Opio, pues en el siglo XIX " también se trataba de 'abrir mercados'.

Señales ominosas

Alfredo Jalife Rahme, experto en geopolítica global, aprecia que con la llegada de Agustín Carstens a la SHCP, el gobierno de Estados Unidos envía dos señales: la primera a nivel interno, y significa que la superpotencia se anticipa a su recesión y a una probable crisis financiera. “Nos mandan a Carstens para poner a dieta a los mexicanos y para que Estados Unidos controle tanto su servicio de la deuda como las reservas del Banco de México, que obviamente se las van a llevar”.

La segunda señal es para América Latina, pues tanto Brasil como Argentina -dos de los tres principales gigantes, con México, en el continente- ya rompieron con el FMI. Hoy ejercen en forma más autónoma su presupuesto, “lo que no se puede hacer cuando se tienen los grilletes del FMI y cuando se tiene a alguien de mucho peso, como Carstens”.

Si Estados Unidos pierde su influencia en Argentina, Brasil y obviamente Bolivia y Venezuela, en México se adelantan con un doble resguardo. “A ellos les importa un pepino que la gente se muera de hambre, que no haya dinero para los fondos de pensiones, siempre y cuando se le pague su deuda externa a Estados Unidos. Para eso está Carstens, él representa los intereses de Estados Unidos, no de México”.

Asegura Jalife que por eso se dijo que la elección de Calderón era un paso más en pro de la profundización en la anexión de México, y que será más notoria en materia energética. El estratega internacional agrega que el modelo globalizador fracasó en Europa, como lo demuestran las revueltas en París y Hungría; también en América, con Costa Rica.

El fondo de las revueltas sociales es la pobreza, “Fox ocultó desde el año 2000 el índice Gni -sobre el ingreso familiar de las clases medias-, seguramente estaremos peor que Namibia que era el último”, afirma Jalife.

Los primeros cien días

“Carstens va a venir a poner todos los puntos sobre las íes de lo que será la administración de Felipe Calderón. Sacará la reforma energética, que es la que más les preocupa, y si en noviembre pierden los republicanos en Estados Unidos -que cambiaría el panorama de la política interior y exterior-, en México se intentará avanzar en la reforma energética por si llegan los demócratas al gobierno en Washington”, anticipa García Reyes.

En los primeros cien días del gobierno de Calderón se negociarán la reforma fiscal y la energética. “Tienen las condiciones por el matrimonio PRI-PAN, y en caso de que salga bien lo de Oaxaca, Calderón tendría posibilidad de cambiar el balance de poder en ambas cámaras”.

Basta observar, refiere el catedrático, cómo el FMI se esforzó para integrar a su ex empleado (Carstens) al grupo de transición. “Él va con todo, para ello trabajaron en las elecciones; seguramente lo van a intentar, no nos debe sorprender la inmediata aprobación de la reforma fiscal, que el PRI pactará con el PAN en el Legislativo.

“Al amanecer del gobierno de Felipe Calderón, los mexicanos tendrán que erogar el pago por el Impuesto al Valor Agregado (IVA) en alimentos y medicamentos”, anuncia García.

Saxe Fernández estima que el Fondo colocaría a Carstens como titular de Hacienda, cuando en América Latina se abre la opción de impactar la estructura monetaria internacional a través del Banco Latinoamericano y un Banco del Sur, equivalentes regionales al BM y del FMI.

“Él sería la pieza central para neutralizar y cerrar esa opción; con él en Hacienda, México deja de ser esquirol en América Latina, para transformarse en esquirol de esquiroles en el continente. Es una especie de bombero que viene a apagar estas alternativas históricas sudamericanas impulsadas, entre otros, por el presidente Chávez, para tener un esquema monetario propio”, que reedite la iniciativa europea con el euro, subraya Saxe, estudioso de los organismos financieros multilaterales.

Hans Morgenthau, cuando fue secretario del Tesoro, decía: “estas son instituciones que deben ser manejadas por empresarios y con criterio empresarial”, por lo que Saxe concluye que organismos como el FMI fueron diseñados para proyectar el poderío estadounidense.

Alfredo Jalife aprecia que las primeras acciones de Carstens sólo beneficiarán a la plutocracia en detrimento del gran sector de la población.

Esas medidas irán en el sentido de continuar pagando el servicio de la deuda, que es lo que le importa a Estados Unidos, en lo que el experto en geopolítica global denomina “un triple juego: aplicar el presupuesto secundario, frenar a otros países de América Latina para que no hagan lo mismo, y por último, pavimentar el camino para entregar el petróleo, el gas, el uranio y el agua de México”.

Los primeros seis meses son vitales para el presidente electo, aprecia Jalife, “porque sabe que la cuenta va en su contra: viene la recesión en Estados Unidos, la devaluación del dólar, las crisis de las bolsas y de los mercados emergentes; eso arrastrará a su gobierno y se quiere adelantar vendiendo Pemex”.

Calderón, a través de Carstens, “va a hacer cosas de demagogia, de corrupción; va a ir a cosas pirotécnicas donde la Procuraduría General de la República -que se debe de ciudadanizar porque lo único que hace es perseguir a los enemigos del régimen y cobijar a los amigos- le servirá a sus fines: va a perseguir a los enemigos del régimen por la vía fiscal, y va a seguir con la política de que los amigos no pagan impuestos”.

Alfredo Jalife recuerda que hace tres años le filtraron información -que nadie le desmintió- de que los amigos empresarios de Gil Díaz, como Roberto Hernández y otros, tenían adeudos fiscales por 250 mil millones de pesos y no los pagaban. “No creo que Carstens se dedique a descubrir qué pasó en ISOSA”, desafió.

“Ya se descararon, antes eran esclavos del FMI, pero aquí mandan directamente a uno de los que hacen la política del Fondo, donde ya está el menú realizado”, y refiere que el 11 de octubre pasado, el organismo multilateral sacó a la luz las políticas que se van a aplicar en nuestro país.

La sentencia del estudioso de la geopolítica es rotunda: “la política hacendaria ya no se hace en México; desde la crisis del 'efecto tequila' o 'doble error de diciembre', se maneja en Washington. Hoy directamente viene y captura la Secretaría de Hacienda”.

Dique internacional

Agustín Carstens, sin duda, reforzará el proyecto neoliberal que se sigue desde el gobierno de Miguel de la Madrid. ¿Por qué no se mantuvo a Francisco Gil, quien realizó un buen trabajo en Hacienda para la tecnocracia nacional e internacional y mantener esa estrecha colaboración con Carstens desde su posición en FMI? preguntó Arturo Ponce Urquiza, experto en temas de seguridad nacional de la FES Aragón.

Para el catedrático la decisión obedece a la profunda preocupación de los organismos financieros de la forma en que México mantendrá el ritmo de las políticas neoliberales frente a los procesos de los países del Mercosur, y de su defensa de política fiscal frente a lo que representa el FMI.

“México debe asumirse como el fiel amigo del FMI, en concordancia con su membresía en el TLCAN y la OCDE. Esa situación lo convierte en el dique de las finanzas internacionales de un proyecto como el ALCA, liderado por EU para evitar que otra nación latinoamericana, asuma el rol que México ha asumido en los más recientes gobiernos frente a su postura en Latinoamérica”, reveló el experto en relaciones México-Estados Unidos, Ponce Urquiza.

Considera sintomático que persista la percepción de que tanto Carstens, como Arturo Sarukan, ambos egresados del ITAM, busquen reducir a su mínima expresión las funciones del Estado, cuando en Europa, Estados unidos y Sudamérica se hace una firme defensa de las empresas estratégicas.

En España, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, prohibió que los extranjeros compren las empresas petroleras, aun cuando éstas sean privadas, pues existen elementos claves: la soberanía y el de seguridad nacional que se privilegian y a su vez impiden que se entregue a intereses extraños lo que le corresponde a los nacionales para su propio funcionamiento, explica Ponce, quien agrega el caso Renault en Francia y el de Airbus.

“Ninguna de esas políticas está contemplada en el Decálogo 20/30, elaborado por el equipo de transición, donde figuran los personajes ya mencionados. Finalmente, advierte Ponce Urquiza, podemos esperar que se acentúe el programa económico del presidente electo con la firme intención de dar paso a la última pero más importante privatización: la de los recursos naturales”.

 

 

 

La deuda que México pagó dos veces

México pagó de 1992 a diciembre de 2005, más de dos veces en saldos de intereses y amortizaciones de capital su deuda externa, sin lograr reducir el monto de ésta, el cual contrariamente subió, de acuerdo con datos de la Federación de Economistas de México.

Esa enorme sangría de la riqueza nacional reveló que el indicador de deuda creció de 117 mil 600 millones de dólares, en 1992, a 120 mil millones a fines de 2005.

José Manuel Rodríguez, presidente de la Federación, informó que de cada 100 dólares llegados por concepto de inversión extranjera directa, en los últimos tres años se transfirieron al exterior 71,38 dólares sólo para el pago del servicio de la deuda.

El país pagó de 1992 al 2002, un total de 135 mil millones de dólares para cubrir exclusivamente intereses de la deuda externa; esa cantidad por sí sola superó ampliamente la cifra del índice existente al inicio de ese período que era de 117 mil 600 millones, según datos oficiales.

En esos 10 años, México destinó, además, 152 mil millones de dólares para amortizar la deuda y el capital. En esa década, la nación erogó 287 mil millones de dólares por deuda externa, sin reducir el monto total de ésta.

Para Rodríguez, en los últimos tres años, México transfirió a los centros financieros de los países desarrollados, principalmente Estados Unidos, 41 mil 766 millones de dólares para cubrir los intereses de la deuda.

Para el académico Miguel García Reyes, la deuda de México con el FMI sería de 40 mil millones de dólares, pues con Zedillo y Fox se hicieron pagos sustantivos. Rusia busca pagar toda su deuda con el Fondo y esa es la línea de los países que vivieron el neoliberalismo salvaje: pagar su deuda y emprender políticas económicas más moderadas. “Siguen siendo neoliberales pero con moderación”, expresa.

 

 

 

 

La balcanización de México

 

García Reyes, académico en geoestrategia y geopolítica, esboza un escenario a corto plazo del país. Dependiendo de lo que ocurra en Oaxaca, el PRI y el PAN, avalarán en el Legislativo las reformas, aunque las rechace la sociedad.

En caso de que Calderón no pueda gobernar en el Distrito Federal, ellos -el gobierno federal- podrían balcanizar al país, de hecho ya lo hicieron: el norte es panista y todo el sur perredista. Podrían llevarse los poderes de su gobierno al norte, a Monterrey, y acusar a la parte sur del país de ser ingobernable “con gente salvaje, violenta, etcétera”.

Recuerda este analista que los organismos financieros multilaterales intentaron cambiar las capitales en Kazajastán y Argentina, por la oposición social a sus reformas económicas. Tuvieron éxito en Kazajastán, que cambió su sede de poderes a Uzbekistán, pero no en Argentina, por la movilización social que evitó el cambio de capital a la Patagonia.

Sin embargo, advierte, la balcanización es un plan de Estados Unidos de llevarse la capital mexicana al norte. ¿“Por qué balcanizar? Porque la superpotencia necesita el gas natural de México, y las mayores reservas están al norte, “por eso su afán por los contratos de servicios múltiples en Burgos y Sabinas”, subraya.

Si hay ingobernabilidad en el D.F., se llevarían la capital a Monterrey y entonces sí balcanizar al país. Crear un Pemex-gas en el norte, dejar un Pemex-petróleo, en el centro-sur, al tiempo en que impulsen la reforma fiscal.

La balcanización no es una idea peregrina. Parte de toda una estrategia que manejan las cúpulas económicas internacionales. El esquema que utilizan con México, el FMI y el BM, ya lo utilizaron en los países socialistas y latinoamericanos: los debilitan con la deuda y las reformas, luego avivan el caos político (ya estamos en esa etapa); y después, viene la balcanización. Así lo hicieron con la URSS y la República Federativa de Yugoslavia. Nosotros estamos ya en la tercera etapa de debilidad económica, sería muy posible que actuaran para la balcanización.

Ese escenario es posible políticamente. Socialmente no, pues el gobierno enfrentaría a grandes grupos de la sociedad y a la oposición, por lo que la situación del país -que ya es bastante compleja- se agravaría, concluyó Miguel García Reyes.

 

 

Año IV No. 46 Noviembre 2006

 

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