Negocios

Accidentes laborales: el costo humano en las empresas

Claudia Adita Ruiz

Diariamente, al menos un millar de trabajadores sufren algún accidente durante el desempeño de sus labores; no obstante, la mayoría de ellos no tiene acceso a servicios de salud o pago por incapacidad. Las enfermedades, lesiones y muertes, de origen laboral ocasionan pérdidas económicas para todas las empresas y, lo más importante, un grave detrimento en la calidad de vida de miles de mexicanos.

Según las estadísticas oficiales, México tiene una de las tasas más bajas de accidentes de trabajo; estos números colocan a nuestro país en una situación que envidiarían potencias como Francia y Canadá, en cuanto a salud de sus asalariados. Sin embargo, estas cifras no son reales.

A decir de los especialistas, la baja en la tasa de accidentes laborales durante los últimos años, tiene que ver más con el subregistro de las incapacidades que con la eficacia en las políticas de prevención de los encargados de cuidar la salud de los trabajadores; es decir, faltan programas de prevención por parte de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, empresarios y sindicatos.

Desde el inicio del Tratado de Libre Comercio en América del Norte, en México han ocurrido más de 5 millones de accidentes de trabajo y 57 mil enfermedades, lo que demuestra la precarización de la salud de los trabajadores, según Raúl Lescas, investigador en asuntos laborales.

El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), señala que hasta el año pasado, 6 mil 828 trabajadores murieron en accidentes de trabajo o relacionados con el mismo. Tan sólo en 2004 se registraron 282 mil 469 accidentes, es decir, aunado a los bajos salarios, los despidos y la violación a los derechos humanos y laborales, mil trabajadores mexicanos se accidentan todos los días.

Según la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), para muchos trabajadores mexicanos existe el riesgo de dañar su salud con enfermedades como el cáncer si se expone a productos químicos; además de enfermedades de la piel y de las vías respiratorias, así como efectos adversos sobre la función reproductiva.

La exposición combinada de ruido, radiación no ionizante y otras condiciones insalubres perjudican la salud de los trabajadores en distintas áreas de trabajo.

El daño, sin embargo, no se registra sólo de manera física. Sin saberlo, las empresas pueden perder hasta un 20 por ciento en su productividad debido al síndrome de Burnout, conocido como el Síndrome del Desgaste del Profesional Quemado.

El trabajador o empleado que lo empieza a padecer puede disminuir en un 25 por ciento su rendimiento; quien está en una fase media un 40 por ciento y quien ya lo adquirió por completo, hasta en un 90 por ciento.

Este síndrome, conocido también como de Desgaste Profesional Quemado, es la fase avanzada del estrés laboral que puede llegar a desarrollar una incapacidad total para trabajar.

Un estudio realizado por el departamento de medicina del trabajo del IMSS a 228 trabajadores de una industria textil, detectó que la presencia del síndrome de Burnout está presente en el interior de las empresas en sus diversos niveles: bajo, medio y avanzado.

La muestra examinada refleja que 23 por ciento del total de la población tiene un agotamiento emocional en la categoría media y alta. En cuanto a la despersonalización, el 29 por ciento se ubica en el nivel medio y alto, y en cuanto a la insatisfacción laboral que permite comprobar la presencia del síndrome, 26 por ciento la experimenta.

El análisis concluye que 26 por ciento de los trabajadores están tocados por alguna de las tres dimensiones del síndrome de Burnout; mientras que en la categoría baja, es decir los no quemados, oscila entre 35 y 70 por ciento de la población, pero, advierte el estudio, este padecimiento se concibe como una variable continua que puede aumentar.

 

Subregistro, problema mundial

 

Los accidentes en el trabajo y el grave subregistro que impide tener datos exactos al respecto, son un problema en todo el mundo.

En su más reciente informe la Organización Internacional del Trabajo (OIT), reconoce que cada año fallecen por lo menos 2.2 millones de personas a causa de accidentes y enfermedades laborales, pero, esa cifra puede encontrarse en gran medida subestimada debido a los deficientes sistemas de información y cobertura que existe en casi todos los países.

México es ejemplo de ello. Mientras que la tasa de accidentes que ocurren en el trabajo era – en 2004– de 2.3 por cada cien trabajadores registrados ante el IMSS, en Francia la tasa era de 4.43; en Dinamarca 1.8 y en Canadá de 3.14.

Considerando, dice un reporte del Instituto Nacional de Salud Pública, que las condiciones de seguridad e higiene de las empresas de estos países son mejores que las nuestras, estos números hacen suponer que hay un subregistro de los accidentes de trabajo de los afiliados al Seguro Social.

Son diversas las causas de esta falta de datos: las empresas no dan de alta a sus trabajadores ante el Seguro Social, hay médicos particulares que atienden las lesiones sin registrarlas como accidentes, y el desconocimiento de muchos trabajadores para hacer válido su seguro médico.

Estas carencias las reconoce la misma Secretaría del Trabajo. “En México tenemos un universo de empresas que van desde las más modernas que son eficientes en sus políticas de seguridad; pero también está el otro extremo donde muchas empresas no están registradas y a quienes todavía no llegamos de manera óptima”, señala Manuel Rodríguez Arriaga, director de Seguridad y Salud en el Trabajo de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.

A decir del funcionario federal, la salud en el trabajo “es de suma importancia para este gobierno” y por ello ha crecido la inversión en el sector, sobre todo en la promoción y desarrollo de los sistemas de administración en seguridad y salud.

“No basta con que haya un marco normativo que responda a las realidades en la materia y que éste se conozca, también debemos apoyar a las empresas para desarrollar las prácticas que se demandan”, señala Rodríguez Arriaga.

Debido a que la dirección a su cargo trabaja para que las empresas cumplan de manera voluntaria y tengan programas que cuiden la salud de los empleados, el representante de la Secretaría del Trabajo señala que no hay sanciones para quienes incumplan las normas.

“Las empresas, dice el entrevistado, deben entender que dedicar dinero a la seguridad y salud en los centros de trabajo es una buena inversión e indispensable porque está en juego la integridad física de los trabajadores y esto redituará en beneficio de la empresa”.

Señala que no es realista pensar que la situación se convertirá de la noche a la mañana en algo obligatorio. “No es factible porque muchas empresas tienen dificultades para establecer los sistemas de seguridad, se necesita un grado de desarrollo en la organización de la empresa.

“Además –continua– la autoridad no tiene la capacidad coercitiva para ir a todas las empresas registradas en el Seguro Social que suman más de 800 mil. Ningún gobierno del mundo podría cubrir satisfactoriamente con visitas de inspectores a todas estas empresas”.

Aunque, la Secretaría del Trabajo no tiene la cifra exacta de las pérdidas económicas que generan las incapacidades e indemnizaciones por los accidentes laborales, la coordinación de Salud en el Trabajo del IMSS, señaló que de enero a noviembre del 2003, los accidentes y enfermedades laborales costaron 85 millones 406 mil 580 pesos sólo por pago de incapacidades.

Esta coordinación informó además, que la reducción del número de riesgos es evidente, aunque está motivada principalmente por la situación económica pues en un entorno como el actual, el trabajador opta por cuidarse más para no ver reducidos su ingresos.

 

Empresarios consentidos

 

El presidente de la Federación Nacional de Salud en el Trabajo, Fernando Araujo González, señala que las políticas públicas que tienen que ver con la seguridad y salud en el trabajo están en el olvido, sobre todo en este sexenio. “Tal parece que al presidente Vicente Fox se le olvido cuidar la salud de los trabajadores. Es una lástima porque no esperábamos esta actitud de parte de él, sobre todo porque presumía conocer y trabajar desde el sector empresarial, pero se le olvido lo más importante”.

Representante de una de las pocas organizaciones dedicada a la revisión científica y académica de la salud en las empresas, Araujo González señala que no se han podido frenar los accidentes de trabajo. “Hay un subregistro porque los empleadores no los reportan al Seguro Social, prefieren atenderlos por su cuenta”.

Esto es entendible, dadas las malas condiciones en que labora el IMSS. “Es tan deficiente el servicio por la falta de personal y medicamentos, que el padecimiento del trabajador se puede complicar y mantenerlo inactivo más de lo necesario”.

Además habla de una posible complicidad entre el gobierno federal y los empresarios: “esto lo podemos decir porque el mismo presidente Fox se ha caracterizado por proteger los negocios privados. Empresarios que habían entendido su responsabilidad en cuanto a las condiciones de los trabajadores, ahora quedaron sueltos porque desde el gobierno se pidió que no los molestaran porque era momento de invertir”. 

Los subempleados o trabajadores independientes, también son parte del subregistro. “De cien accidentes se reportan sólo 20 o 30 por ciento, queda un 70 sin conocerse”.

En abril del 2002 más de 20 mineros del pozo “La Espuela”, en el estado de Coahuila, murieron por la falta de estrictas medidas de seguridad y por las pésimas condiciones de trabajo en los pozos y minas del estado. Sólo fueron tomados en cuenta por las autoridades y por algunos diarios nacionales hasta el momento del irremediable accidente, mientras que el Sindicato Minero quiso descargar la parte de culpa que le correspondía al entregar ayuda financiera a los familiares de las víctimas.

Las malas condiciones del lugar o del equipo de trabajo es factor de riesgo para cualquier empleado, asegura Benedicto Martínez, dirigente del Frente Auténtico del Trabajo (FAT).

“En algunas empresas ante la exigencia de mayor protección le dan al trabajador equipos estorbosos u obsoletos que lo inutilizan y le crean un ambiente difícil para operar. Las empresas no corrigen de fondo el problema de la seguridad, sólo dan paliativos”.

El líder sindical asegura que es la corrupción el peor factor de riesgo en las empresas. “Los supervisores de la Secretaría del Trabajo acuerdan con el empresario el monto que le pagarán para que realice el recorrido sin problemas, con la anuencia del representante sindical. Prefieren mantener la empresa con deficiencias en su seguridad en lugar de detener las máquinas o cerrarla, todo bajo el argumento de que se perderán empleos que el país necesita”.

 

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