Dinero llama Dinero

La bendita maldición del petróleo

 

 


Edgar Amador*

Llevamos cerca de dos años de jauja. Cerca de dos años en que los precios del petróleo han estado considerablemente por encima de lo que se contempló en el Presupuesto de Egresos. Tal bonanza petrolera ha significado para el país una mayor recaudación fiscal, tasas de interés bajas, y un tipo de cambio estable, y para los estados y municipios una cantidad considerable de recursos para ser aplicados a proyectos de infraestructura y obra pública. ¿Pero qué pasaría si en el corto plazo los precios de la energía se derrumban súbitamente?

Tal posibilidad no es descabellada, de hecho, los dos grandes gigantes del mercado de derivados de energía del mundo: Goldman Sachs, y Morgan Stanely, se encuentran perfectamente divididos respecto de la situación de los precios de los energéticos en el mediano plazo. Goldman Sachs está convencido de que los precios del petróleo no nada más se sostendrán, sino que podrían subir todavía más en los próximos meses, alcanzando nuevos récords históricos. Pero su archirival en este mercado, Morgan Stanley, está convencido de lo contrario, y dice que es probable que en el corto plazo veamos un colapso de los precios del petróleo.

Si Goldman Sachs tiene razón, entonces México debe de prepararse para un peso muy fuerte, una inflación muy baja, y un crecimiento moderado, basado en el mercado interno, de alrededor de 4.0% en los próximos meses, y mientras dure el auge de precios petroleros. Pero si Morgan Stanley tiene razón, entonces podríamos ver una reversión, más o menos abrupta, del actual panorama de estabilidad financiera y monetaria: es decir, podríamos ver una depreciación rápida del peso, alza en las tasas de interés, y dependiendo de la magnitud de la caída en los precios del crudo, recortes presupuestarios.

En la segunda quincena de junio, los precios del petróleo escalaron hasta nuevos récords históricos, luego de conocerse una seria de datos que mostraron unos inventarios menores a los esperados en los Estados Unidos, y evidencia de que los productores de petróleo no podrán afrontar la demanda de energía en el corto y mediano plazo. Es ese el escenario base para el pronóstico de Goldman Sachs: una demanda pujante, y una oferta poco elástica en el corto y mediano plazo, lo que empujaría al alza a los hidrocarburos.

Por su parte, Morgan Stanley parece estar del otro lado de la apuesta, y algunos datos parecen confirmarlo. Repasemos la evidencia: en el corto plazo, China se convertirá en un exportador neto de acero, dejando de ser el gran importador que es ahora. Este hecho revela un patrón muy claro: China está buscando ser autosuficiente en materias primas, hasta donde le sea posible, y por supuesto, buscará en el corto plazo hacer lo mismo en materia de energéticos. A finales de junio, la petrolera china, CNOOC (en la cual el legendario Warren Buffet tiene una participación modesta), hizo una oferta en efectivo, por 18.5 mil millones de dólares, por la petrolera estadounidense Unolocal, sobrepasando la oferta inicial hecha por Chevron Texaco.

Hasta el momento de escribir esta nota, no era claro si Unolocal aceptaría la propuesta, o más aún, si por cuestiones de seguridad nacional, los Estados Unidos objetarían la compra, pero en todo caso, lo propuesta de adquisición de Unilocal revela claramente la estrategia de China de buscar reservas petroleras en el mundo, y desarrollarlas en el corto y mediano plazo, para dejar así de ser un dependiente neto del resto del mundo en materia de hidrocarburos.

El mismo patrón está siguiendo la India y, si en el corto plazo, los dos gigantes de Asia logran su propósito, entonces probablemente veamos, más temprano que tarde, una reversión de la actual burbuja especulativa en el mercado petrolero. Si la perspectiva de Morgan Stanley es correcta, entonces los actuales niveles de inventarios de petróleo subirán repentinamente en los próximos meses, y en cualquier momento, los precios del petróleo podrían colapsarse.

Tristemente, el futuro económico de México de los próximos doce meses, no está en nuestras manos, sino en las manos de China, la India, los Estados Unidos, y los traders del mercado de petróleo. Ni la maquila, ni nuestras empresas exportadoras, ni nuestro mercado interno, nos podrían aislar de un escenario en donde los precios del petróleo se colapsan. Si eso ocurre, veríamos una depreciación aguda del peso, y dependiendo del tamaño de la caída, recortes en el presupuesto federal y en las participaciones a los Estados y municipios.

Pero si los precios del petróleo siguen subiendo, nos enfrentamos a un reto, que si bien no es trágico, es incómodo. Podríamos vernos ante la ironía de hacernos ricos sin trabajar. Sin esforzarnos muchos los mexicanos por serlo, por estar sentados aquí en esta cornucopia, no necesitamos trabajar demasiado para mantener a flote nuestra economía: recibimos más de 16 mil millones de dólares al año por remesas, más de 14 mil millones al año por inversión extranjera directa, y ahora estamos sentados en una bonanza petrolera.

No necesitamos exportar mucho para balancear nuestras cuentas externas, no necesitamos esforzarnos demasiado para mantener la estabilidad. Esa es una suerte, pero también puede ser una maldición en el largo plazo. El crecimiento tiene un costo, en el sentido de que se debe de sacrificar tiempo libre para trabajar, se debe de sacrificar consumo presente por bienestar en el futuro. Si la bendición petrolera nos ha regalado riquezas sin necesidad de esforzarnos, corremos el riesgo de rendirnos a la complacencia, y no esforzarnos, mientras que los países que tienen que exportar, innovar, crecer, para importar el petróleo que a nosotros nos sobra, están sentando las bases de la economía del futuro.

*Director de la consultoría Portafolios

(www.portafolios.com) y comentarista de Monitor.

 

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