Macroeconomía

El Mito de los recursos excedentes del petróleo

Francisco Rojas*

INTRODUCCIÓN

Pemex fue concebido como el instrumento del Estado para administrar los recursos de hidrocarburos y para contribuir al desarrollo del país, mediante el suministro eficiente y competitivo de los combustibles que México requiere, ahora y en el futuro.

Este concepto de Pemex fue desvirtuado. Hoy día Pemex es el elemento principal de financiamiento del gasto público. Con ese fin dedica a obtener la máxima producción posible de petróleo crudo, mientras que sus responsabilidades nacionales en materia de energía son atendidas solo de manera secundaria y con severas limitaciones que se manifiestan en tres vertientes: presupuestarias, normativas y de capacidad de ejecución.

 

1.Régimen Fiscal

 

El régimen fiscal que se aplica a las empresas petroleras comprende tres componentes: la captación de la renta petrolera, el impuesto sobre la renta y los impuestos indirectos a los combustibles automotores. En el caso de Pemex los impuestos no se definen con claridad, siguen un proceso oscuro denominado red fiscal que termina por privar a Pemex de los recursos necesarios para su modernización y expansión.

Los impuestos que se le extraen a Pemex constituyen la tercera parte de los ingresos fiscales del país. Esta situación refleja no solamente la alta dependencia del petróleo que tiene México, sino también, la escasa contribución de otros sectores al sano desarrollo del país y a su capacidad para atender las demandas sociales. Las finanzas públicas se sostienen gracias al petróleo.

Así, el gobierno presume de mantener una política fiscal prudente, pero esta se consigue a costa de la destrucción gradual y sostenida de Petróleos Mexicanos.

Los ingresos que Pemex genera también han servido para que se difieran las soluciones de fondo que México requiere. La necesaria reforma fiscal integral sigue esperando el momento en que los Poderes Ejecutivo y Legislativo cumplan su responsabilidad y adopten decisiones que necesariamente conllevan un costo político. El régimen fiscal al que Pemex está sometido es al causa fundamental de su deterioro financiero. Más aún, el ritmo de deterioro se ha acelerado en los últimos años debido a que Pemex ha ejercido un mayor nivel de inversión, la cual se financia íntegramente con deuda.

Cualquier nuevo sistema fiscal que se proponga deberá incluir al menos soluciones para garantizar un ritmo de incorporación de reservas semejante al de la producción, la recapitalización de Pemex, su autonomía de gestión y la constitución de un fondo de estabilización de precios no sólo para el gobierno federal, sino también para Pemex.

 

2. Relación Patrimonio / Activo

 

durante los últimos 10 años, y una vez pagados los impuestos, Pemex no ha tenido ingresos suficientes para cubrir íntegramente su gasto corriente y el servicio de su deuda. En consecuencia, se ha visto forzado a financiar el 100% de su inversión por medio de endeudamiento, ya sea tradicional o, de manera creciente, mediante Pidirgas.

Debido a la carga fiscal, los Estados de Resultados muestran pérdidas todos los años a partir de 1998.

Las pérdidas acumuladas en los seis últimos años alcanzan 117 mil millones de pesos.

Ello ha conducido a la destrucción sistemática del patrimonio del organismo, el cual, medido como porcentaje del activo, ha caído de 59% en 1994 a 27% en el año 2000 y a solamente 5% al cierre de 2003.

Al mismo tiempo, los pasivos del organismo aumentan aceleradamente, con la tasa de crecimiento de 35% anual en promedio durante la última década. Sin incluir la mal llamada deuda contingente provocada por la contratación de pidiregas, que ascenderán el próximo año a cerca de 50 billones de dólares.

Debido a este régimen fiscal oneroso Pemex se encuentra en situación de quiebra técnica y, más importante aún, Pemex ofrece vulnerabilidad, más política que financiera, ante los mercados de capital. La debilidad de Pemex ante la comunidad financiera internacional constituye una pérdida efectiva de soberanía.

 

3. Inversión

 

Durante 20 años, entre 1982 y 2002, Pemex padeció severas restricciones presupuestales que le obligaron a ejecutar niveles de inversión muy inferiores al óptimo.

En estos años se privilegió la producción de petróleo crudo constituyéndose las divisas de su exportación en elemento necesario para atender los pagos de la deuda pública y, particularmente, para hacer frente a las crisis financieras de los años 80 y 90.

Durante más de 20 años la inversión ha sido insuficiente para que Pemex satisfaga cabalmente las necesidades de combustibles del país. Por tal motivo México ha perdido competitividad, se han acumulado obsolescencias en los procesos productivos y han aumentado las importaciones de combustibles y petroquímicos.

Cabe añadir que tampoco se ha dado mantenimiento adecuado a los campos en explotación ni a la infraestructura de producción, transformación, transporte y almacenamiento de hidrocarburos.

Este período prolongado de inversión insuficiente ha dejado una huella profunda en Pemex. El avance tecnológico ha sido más lento y limitado que el de la industria petrolera mundial; al paso de los años México acumula un mayor retraso en materia de tecnología y habilidades especializadas. Se han perdido, y se han dejado de adquirir, talentos especializados en las diversas disciplinas que comprenden la industria de los hidrocarburos, en las calidades y cantidades que se requieren. La brecha entre recursos requeridos y disponibles se sigue ampliando.

A la debilidad financiera de Pemex se suman rezagos en tecnología y en aptitudes especializadas. Se conservan algunos nichos de excelencia, pero al nivel de la industria los retrasos se acumulan y los técnicos sobresalientes son claramente insuficientes para hacer frente a los retos actuales. Esta situación es fuente de pérdida de soberanía.

Finalmente, las ineficiencias e insuficiencias de nuestra industria petrolera se traducen en mayores costos de suministro de combustibles, lo que a su vez resta competitividad al aparato productivo del país. Esta es otra manifestación más de pérdida de soberanía para México.

La inversión ejercida por Pemex aumentó a partir del año 2000, siendo ligeramente superior a los 8 mil millones de dólares entre 2000 y 2002.

Si bien estos montos son sustancialmente superiores a los de años anteriores, siguen siendo insuficientes no solamente para hacer frente a la demanda futura de hidrocarburos, sino también para corregir rezagos y obsolescencias, y para eliminar ineficiencias en procesos productivos.

La inversión ejercida en 2002 fue únicamente el 65 por ciento de lo aprobado. El subejercicio es un reflejo de las restricciones normativas que impiden a Pemex efectuar el gasto con agilidad, pero también se debe a que se ha llegado al límite de capacidad de ejecución de proyectos.

En estas condiciones los incrementos acelerados en niveles de inversión a menudo se traducen en una menor eficiencia en el gasto por lo cual la solución no está simplemente en incrementar las inversiones. Recordemos que ya vivimos esta experiencia hace más de veinte años y la experiencia resultó muy amarga. En 2003 la inversión fue superior a los 11 mil millones de dólares y continúa aumentando sustancialmente en 2004 por lo que se hace necesario incrementar la vigilancia interna de la eficiencia del gasto.

 

4. Proyectos Pidiregas

 

A partir de 1997 la inversión es financiada cada vez en mayor proporción por medio del esquema pidiregas. Durante 2003 Pemex invirtió 115.8 miles de millones de pesos, de los cuales 36.8 correspondieron a inversión presupuestaria y 79 a Pidiregas. Para 2004 la inversión aprobada alcanza 161.9 miles de millones de pesos, de los cuales 38.2 son presupuestarios y 123.7 son Pidiregas. Únicamente durante 2003, Pemex captó 10.9 miles de millones de dólares para fondear proyectos Pidiregas.

Los Pidiregas que han sido contratados por Pemex representan porcentajes crecientes del PIB desde 9.9 por ciento del PIB en el año 2000, hasta 16.8 por ciento en 2003. Además, los flujos anuales de los Pidiregas también expresados como porcentajes del PIB se han duplicado desde el año 2000, cuando representaron el 0.8 por ciento hasta llegar a 1.2 por ciento en 2003 y se espera que alcancen 1.7 por ciento del PIB en este año.

En el proyecto de presupuesto de 2005 Pemex solicita ejercer inversiones por un total de 149.5 miles de millones de pesos. De esta cantidad el 84 por ciento (125 mil millones) corresponde a Pidiregas y solamente el 16 por ciento (24.5 mil millones) a inversión presupuestaria. Sin embargo, casi la totalidad de esta última cifra (24.2 miles de millones) se refiere a pagos de proyectos Pidiregas, quedando únicamente 299 millones de pesos para inversión física presupuestaria.

De aprobarse este presupuesto, al cierre de 2005 el saldo actualizado de inversiones Pidiregas por parte de Pemex sería de 594 miles de millones de pesos, y el monto total de compromisos, una vez sumados los de años futuros asciende a 1.2 billones de pesos.

¿Qué significa lo anterior? Significa que, cada vez que se discute cómo distribuir entre la federación y los estados los excedentes del precio del petróleo, lo que en realidad estamos repartiendo es la deuda a la que ha recurrido el Gobierno Federal para financiar no a Pemex sino a las finanzas públicas y que no ha sido regularizada como pasivos reales sino contingentes, nos hemos comido no sólo el patrimonio de Pemex sino un monto adicional de deuda externa semejante a la acumulada históricamente.

 

5. El Precio del Petróleo.

 

El petróleo es un bien estratégico con implicaciones geopolíticas de la mayor relevancia a nivel mundial.

Los acontecimientos ocurridos en Irak han puesto en evidencia este hecho sobre el cual conviene reflexionar. Actualmente, los precios reales del petróleo se encuentran en sus niveles más altos desde fines de 1990, soportados, en el lado de la demanda, por incrementos en los consumos de China y los Estados Unidos, y en el lado de la oferta, por el uso casi al tope de la capacidad de producción en los países de la OPEP.

Adicionalmente, el mercado añade un sobreprecio asociado a los riesgos potenciales de inestabilidad en distintos países productores (Rusia, Nigeria, Venezuela, Irán, etc.)

Es importante hacer dos reflexiones sobre el precio del petróleo.

1. debido a su carácter de bien estratégico con las reservas probadas mundiales concentradas en un puñado de países, el precio de petróleo es incierto y su volatilidad muy elevada. Expresado en dólares de 2003, durante la última década, el precio tuvo un mínimo de 11.48 dólares por barril en 1998 y casi el triple, más de 30 dólares, en 2004.

2. los elevados niveles de los precios del petróleo que actualmente prevalecen no son sostenibles en el largo plazo. Son transitorios, como lo son las circunstancias que los determinan.

Cuando, los precios vuelvan a niveles históricos las finanzas públicas se verán mermadas y, si no tomamos medidas correctivas ahora, es posible que el país enfrente una nueva crisis financiera.

Los precios actuales no deben servir de pretexto para que México entre, una vez más, en una actitud autocomplaciente; al contrario, abren un espacio de oportunidad y nos otorgan un margen de maniobra para actuar con responsabilidad, disminuyendo la dependencia del país de los ingresos del petróleo.

La renta petrolera está hipotecada en el pago de las deudas crecientes, ahora escondidas por el registro diferido de los compromisos Pidiregas.

 

6. La Balanza Comercial.

 

El saldo de la balanza comercial de Pemex, expresado en miles de millones de dólares, fue de 8.8 en 2001, ascendió a 11.4 en 2002, a 14.4 el año pasado y cerrará en cerca de 17.5 en 2004. Como porcentaje de las exportaciones nacionales, los hidrocarburos crecieron del 15.9 por ciento en 2001 al 21.1 por ciento en 2003 y serán del orden del 25 por ciento en 2004.

La economía se está petrolizando nuevamente. Sin embargo, el incremento de casi 13 miles de millones de dólares que ha generado la balanza comercial de Pemex en estos cuatro años no se ha traducido en beneficios tangibles; al contrario, han permitido incrementar la deuda del país a través de Pemex, en 28.7 miles de millones de dólares, tan solo entre diciembre de 2001 y diciembre de 2003, afianzando nuestra dependencia en las divisas del petróleo e incrementando la vulnerabilidad del país.

 

7. La situación Laboral y la productividad

 

La actual administración ha desatendido la productividad en Pemex. El número de trabajadores de por sí excesivo, creció, entre 2000 y 2003, de 136 mil 782 a 142 mil 725 trabajadores. Además, los gastos de administración han aumentado en 13.7 por ciento en términos reales. Es indispensable revertir esta tendencia, con el fin de reducir el gasto corriente y, de esta forma, disponer de recursos adicionales para la inversión productiva.

Partiendo de estudios de eficiencia comparada Pemex debe imponerse metas de productividad para reducir los costos unitarios en cada proceso productivo, disminuir el número de trabajadores y el uso de energía.

El país requiere que Pemex suministre los combustibles a costos competitivos con los de otros países; solo así podrá ser instrumento de desarrollo económico del país. Durante 2003 la reserva laboral aumentó 33 por ciento para alcanzar 283.7 miles de millones de pesos. Una vez descontados los efectos por cambios metodológicos, la tasa de crecimiento de las obligaciones laborales del organismo es de 13 por ciento.

En los próximos años va a aumentar significativamente el ritmo de jubilados, con lo cual, las obligaciones laborales crecerán aún más rápido.

Es necesario examinar los resultados del estudio actuarial correspondiente a la población de trabajadores de Pemex y adoptar un plan financiero para hacerle frente a las obligaciones laborales.

 

8. Normatividad

 

Un organismo público con las responsabilidades de Pemex no puede ser eficiente ni competitivo si sigue sujeto a las restricciones presupuestales y burocráticas de las entidades de gobierno federal. Debemos dotarle de los instrumentos para que las decisiones se tomen con la agilidad y la eficacia que requiere la participación en la industria mundial del petróleo y del gas natural.

Por ello, la autonomía de gestión se requiere en Pemex en dos vertientes:

-Autonomía en las finanzas y el presupuesto, y

-autonomía de la gestión administrativa y la toma de decisiones. 

Autonomía de gestión no significa independencia, significa un sistema adecuado de rendición de cuentas a un consejo de administración profesional; significa la atribución de los directivos de tomar decisiones estratégicas y logísticas con agilidad y eficacia; significa la habilidad modificar su estructura orgánica con agilidad para responder rápidamente a la dinámica de la industria mundial; significa la facilidad de adquirir bienes y contratar servicios especializados con rapidez, sobre todo en situaciones de emergencia.

9. Reservas de Hidrocarburos

 

Las reservas probadas de hidrocarburos han declinado significativamente. Al 1 de enero de 2002 las reservas probadas de hidrocarburos alcanzaban los 30.8 miles de millones de barriles equivalentes de petróleo; al primero de enero de 2004 la cifra correspondiente es 18.9 miles de millones; una caída de 39 por ciento.

En particular, las reservas probadas de gas natural seco cayeron de 28.1 a 14.8 billones de pies cúbicos, casi la mitad. La declinación tan pronunciada de las reservas en solo dos años se debe en parte a la aplicación de criterios más rigurosos para medirlas, pero también es consecuencia de un ritmo de reposición de reservas insuficiente.

Una vez ajustadas las reservas probadas por las revisiones metodológicas que se han instrumentado en los últimos años, la reposición de reservas como porcentaje de la producción de hidrocarburos fue inferior a 10 por ciento entre los años 2000 y 2002, y alcanzó únicamente el 27 por ciento en 2003.

Las relaciones entre reservas probadas y producción son, a enero de 2004, de 11.5 años para el petróleo y 12.6 años para el gas natural.

Sin embargo, la cantidad de reservas es menos importante que su composición y accesibilidad. De las reservas totales probadas solamente 15.1 por ciento corresponde a gas natural seco (una vez extraídos los líquidos del gas). A su vez, de este último, sólo poco más de la décima parte es gas no asociado al petróleo; escasamente un 1.6 por ciento de las reservas probadas de hidrocarburos totales.

En exploración se trabaja a un ritmo muy inferior al requerido y las actividades siguen encaminadas principalmente a la expansión y delimitación de campos en explotación. Se trata de exploración de bajo riesgo, pero también de bajo potencial de hallazgo. En 2003 la tasa de reposición de reservas probadas alcanzó el 26 por ciento del volumen extraído. La capacidad exploratoria de Pemex es muy reducida en comparación con las necesidades del país, principalmente en materia de gas natural.

 

10. Producción de Petróleo

 

La exportación de petróleo crudo creció casi 9 por ciento al pasar de 1.71 millones de barriles diarios en 2001 a 1.86 en 2003. Dicho incremento está sustentado casi exclusivamente en la explotación del campo Cantarell, cuya declinación, nos informa Pemex en el proyecto de PEF – 2005, podría iniciar el año próximo.

Excluyendo a Cantarell, la producción de crudo en México ha caído cada año desde 1997. En ese año se produjeron 1.85 millones de barriles diarios de petróleo pero solamente 1.32 millones el año pasado, una declinación cercana al 30 por ciento.

Más aún, el análisis de las regiones productoras indica que en 2003 solamente el complejo Ku – Maloob – Zaap y Puerto Ceiba, incrementaron su producción; algunas regiones la mantuvieron constante, pero la mayoría manifiestan declinaciones.

La administración de Pemex se impuso la meta de producir 4 millones de barriles diarios de crudo para el año 2006. Su cumplimiento está supeditado principalmente al sostenimiento de la plataforma de producción en Cantarell. Seguramente PEP estará sometido a grandes presiones externas para prolongar el ciclo de producción de Cantarell en los próximos años ya que, al iniciar la declinación de este campo, será mucho más difícil incrementar la plataforma de producción de crudo, e incluso sostenerla.

Pemex requiere un esfuerzo mucho mayor de reactivación de campos maduros y el desarrollo de varios campos que deberán reemplazar la próxima declinación de Cantarell. Se trata de una meta ambiciosa que recientemente ha sido puesta en duda por los propios funcionarios de Pemex.

 

11. Producción de Gas Natural

 

Las importaciones de gas natural se duplicaron entre 2001 y 2003, y seguirán creciendo aceleradamente en los próximos años.

La política seguida en México entre 1994 y 2001 consistente en estimular el crecimiento de la demanda de gas sin, al mismo tiempo, incrementar la oferta, es una política incongruente y riesgosa. Un elemento fundamental de la política energética es la seguridad de suministro; actualmente, México no cuenta con seguridad en el suministro de gas natural.

El gas natural representa actualmente el talón de Aquiles de la energía en México. Lo hecho en los últimos ocho años en materia de gas, a partir del desarrollo de la Cuenca de Burgos, aunque meritorio ha sido tardío e insuficiente.

La vulnerabilidad del país con respecto a este energético va a seguir aumentando en los próximos años, debido a que la capacidad de Pemex para aumentar la oferta de gas es limitada. Limitada, primero, por el reducido acervo de reservas de gas no asociado y, segundo, por la limitada capacidad de gestión de Pemex en materia de gas.

La producción de gas natural depende del gas asociado al petróleo en un 69 por ciento. Por lo tanto, la producción de gas no puede aumentar rápidamente, sino que depende a su vez de la evolución de la demanda mundial de petróleo.

Por primera vez en muchos años, la producción de gas natural aumentó en 2003, aunque solamente al 1.78 por ciento y lo hará en proporción similar en 2004. Sin embargo, el crecimiento de la demanda en México reclama tasas de expansión de la producción mucho más elevadas, sobre todo a la luz de la escasez del energético en la región de Norteamérica.

El panorama del gas natural en Norteamérica se ha deteriorado en los últimos años. A pesar de los precios elevados, no solamente no se ha equilibrado el mercado sino que el desequilibrio entre oferta y demanda se ha agudizado. Por el lado de la oferta, los avances en exploración y desarrollo de campos han sido decepcionantes en Canadá, Estados Unidos y México. Además, regulaciones de carácter ambiental, han retrasado y encarecido el desarrollo de nuevos proyectos en los dos primeros países. Mientras que en México, a pesar del incremento acelerado de las inversiones en años recientes, las limitaciones presupuestarias acumuladas, las restricciones normativas y la reducida capacidad de gestión, han dado por resultado que la producción total de gas natural en 2003 resultara ligeramente inferior a la de 2001.

La dependencia de las importaciones es adecuada en la medida que refleja las ventajas comparativas del país, pero es riesgosa en tanto que propicia vulnerabilidad en la seguridad de suministro interno de energía. En el mediano plazo Norteamérica dependerá más del gas importado de otras regiones ya que la región comprende más del 31 por ciento de la demanda mundial pero solamente el 4.6 por ciento de las reservas.

 

En materia de gas natural es necesario, en corto plazo:

u Aumentar y diversificar las fuentes de importación de gas natural, y u Dar prioridad al desarrollo de campos de petróleo con alta relación gas / aceite.

 

En el mediano plazo:

u Aumentar significativamente la capacidad y las habilidades de Pemex en materia de gas.

u Incorporar reservas de gas natural no asociado, que hagan viable una estrategia de largo plazo.

u Desarrollar proyectos de gas no asociado que den autonomía a la política de gas natural.

 

12. Productos Refinados

 

Entre 2001 y 2003, las importaciones de refinados bajaron de 335 a 200 miles de barriles diarios, particularmente en gasolinas y diesel. Esto es debido a la entrada en operación de algunos procesos de conversión y modernización en las refinerías de Madero, Tula, Salamanca y Cadereyta. Además, se está iniciando la modernización de Minatitlán.

Para los próximos años se espera un cambio en la mezcla de crudos que será posible procesar, incrementando la proporción de crudos pesados. Asimismo, hay proyectos para reducir el contenido de azufre en destilados ligeros. Sin embargo, en ausencia de inversiones en refinerías adicionales, la balanza comercial de refinados volverá a deteriorarse en los siguientes años.

Esto es preocupante ya que, a nivel mundial, la utilización de la capacidad de refinación está alcanzando límites elevados, lo que apunta a problemas de escasez y precios altos de los refinados para los próximos años.

Por otra parte, han quedado pendientes de ejecución los proyectos relacionados con el aprovechamiento de los fondos de barril (residuo de vacío) de las refinerías existentes. Adicionalmente, la infraestructura para el transporte y almacenamiento de crudo y refinados, así como para la distribución de estos últimos, requiere inversiones cuantiosas para su modernización y expansión.

En refinación se requiere:

u Incorporar una nueva refinería de conversión profunda, orientada al consumo de crudos pesados y a la producción de destilados ligeros de bajo azufre.

u Aprovechar los fondos de barril para cogeneración de electricidad y vapor de proceso.

u Ampliar y modernizar los sistemas de transporte, almacenamiento y distribución de refinados.

 

13. Petroquímica

 

La petroquímica de Pemex ha estado descuidada; solamente se han efectuado algunas inversiones menores en plantas existentes, destacadamente para la reactivación de la planta de paraxileno en Cangrejera, pero, tras años de abandono, priva un estado general de obsolescencia.

En producción se ha dado prioridad a las cadenas de mayor rentabilidad, como son los aromáticos, el propileno y sus derivados. Con ello, la balanza comercial de petroquímicos de Pemex tuvo un superávit de más de 100 millones de dólares en 2003.

 

14. Conclusiones

 

El objetivo de Pemex

Es necesario que Pemex cumpla con su objetivo fundamental consistente en: Suministrar los combustibles que México requiere, ahora y en futuro, con seguridad, con eficiencia económica y con el cuidado del ambiente. Subordinado a lo anterior, Pemex deberá generar la máxima renta económica para el Estado.

Resulta imperativo mantener la propiedad y el control de nuestros recursos naturales y propiciar el desarrollo equilibrado de la industria petrolera nacional.

 

Fondo de Estabilización del Petróleo

Parte indispensable de una solución sustentable para el país y para la industria petrolera es el manejo riguroso del fondo de compensación del petróleo, en el que se acumulan recursos cuando el precio del petróleo excede el límite superior de una banda de precios previamente establecida.

Solamente los países productores de petróleo que han sabido establecer y administrar un fondo de estabilización con controles rigurosos, han podido escapar de la inestabilidad y daño que produce la volatilidad de las divisas del petróleo.

Dicho fondo debe destinarse exclusivamente a mitigar el impacto de la reducción cíclica de los ingresos petroleros sobre los programas de inversiones de Pemex y sobre el presupuesto federal. Con ello disminuye la vulnerabilidad del país a la incertidumbre y volatilidad del mercado petrolero mundial y se fortalece la soberanía.

 

Reconstrucción de Petróleos Mexicanos

En los últimos años se ha atentado gravemente contra la viabilidad de Pemex por la descapitalización acelerada a que el gobierno federal ha sometido a la paraestatal; no es posible que ésta siga funcionando como ventanilla fiscal distorsionando su objetivo fundamental.

Los rezagos en Pemex son de tal magnitud que ni aún contando con toda la inversión y los proyectos necesarios podríamos equilibrar en los próximos años la oferta con la demanda de gas natural.

Se requiere que Pemex recupere su salud financiera, su capacidad para crecer y modernizarse y estar a la vanguardia de la economía. Pemex sigue siendo el pilar del desarrollo que México requiere; a menos que tomemos acciones para reconstruirlo, el país está condenado a caer en nuevas crisis financieras.

 

Reforma fiscal integral

Es preciso llevar a cabo una reforma fiscal del sector hidrocarburos que sin restar recursos fiscales al Estado, permita a Pemex retener capital suficiente para financiar una proporción sana de su inversión. Es por ello que la reforma fiscal de Pemex debe formar parte de una reforma fiscal integral.

La industria de los hidrocarburos de México debe estar sometida a un régimen fiscal competitivo en términos internacionales, de manera que pueda crecer vigorosamente y con salud financiera. Un Pemex vigoroso y de mayor capacidad productiva, habrá de generar más impuestos para el Estado y más y mejores productos, con costos más bajos, para los mexicanos.

Mucho se ha hablado, desde hace varios años, de la necesidad de modificar el régimen fiscal de Petróleos Mexicanos y otorgarle autonomía de gestión, pero nada se hace para lograrlo. Mientras el gobierno no encuentre fuentes alternas de ingresos, todo quedará en el discurso. Los cambios esenciales que el país requiere encuentran fuerte resistencia entre quienes viven de espaldas al futuro y se niegan a abandonar políticas que en el pasado funcionaron, pero que hoy nos condenan a la pobreza, a la falta de competitividad y al desperdicio de nuestros recursos.

Ni el gobierno ni los partidos políticos están dispuestos a pagar el costo que todo cambio implica. Nos movemos en medio de la mezquindad que obnubila la razón y ciega ante la realidad. Aún es tiempo, si tomamos las medidas adecuadas, de que rescatemos competitividad en la exploración y producción de crudo, aumentemos las reservas, cuando menos en el volumen extrído, e incrementemos nuestra capacidad de refinación, para abastecer cabalmente el mercado interno y exportar excedentes.

Es imperativo que el Congreso apruebe una reforma fiscal integral y en paralelo una reforma fiscal en Pemex. México tiene que resolver el financiamiento del desarrollo sin, al mismo tiempo, seguir con la destrucción institucional de Pemex.

es el momento en que el gobierno los partidos y todos los factores reales de poder asuman el compromiso de ver hacia adelante. No dejemos las decisiones para los que vienen atrás. No cancelemos el futuro.

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