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Los empresarios esperan que la próxima reforma fiscal contenga incentivos para invitar a los grandes inversionistas a apostar en México para la instalación de sus plantas productivas, señala la consultoría Levin Global.

Para la empresa especialista en gestión y valuación de activos tangibles e intangibles, el contenido de la reforma fiscal mantiene en alerta a los fiscalistas de todas las empresas, sin importar su tamaño o industria.

Apunta que los responsables de la elaboración de esta reforma deberían pensar en el diseño de un esquema de incentivos relacionados con grandes empresas con fuertes inversiones en Propiedad, Planta y Equipo (PPE), para que México sea más atractivo en términos estructurales.

“Durante el desarrollo de proyectos de consultoría de administración de bienes, hemos encontrado simples casos de inversiones importantes de maquinaria capitalizadas en edificaciones, lo cual se arrastra hasta la base fiscal”, afirma Miguel Camacho, analista de Levin Global.

“Este tipo de situaciones deriva en establecer un horizonte de depreciación fiscal del doble de largo que el que la ley por default nos permite realizar, lo cual conlleva a un costo de oportunidad en deducciones de la compañía. Si aparte de reconocer en su momento estos elementos básicos, somos capaces de establecer las pautas para diferenciar otro tipo componentes tecnológicos y aplicarlos a la categoría que les compete, estaríamos frente a una atractiva oportunidad para aprovechar al máximo nuestras deducciones”, asegura Camacho.

La consultoría Levin Global indica que la reforma fiscal, que presentará en los próximos días el gobierno federal, está considerando ampliación de la base tributaria, modificaciones en los regímenes de los impuestos al Valor Agregado, Sobre la Renta y Empresarial de Tasa Única, así como una simplificación del trámite para cumplir con las contribuciones reglamentarias.

De acuerdo con esta empresa, la intención de esta reforma es dotar de recursos y margen de maniobra al sector público para financiar “los ambiciosos proyectos de inversión que se han presentado, así como resolver añejos problemas estructurales como la seguridad, la salud y la educación”.

Señala que el marco fiscal actual, “parece no establecer los incentivos suficientes, en comparación de otras economías, para invitar a los grandes inversionistas de Propiedad Planta y Equipo (PPE) a apostar en nuestro país para la instalación de sus plantas productivas. Parte de esta situación la podemos observar en un elemento tan básico como las tasas de depreciación fiscales”.

En México, explica, las tasas de depreciación vigentes por tipo de activo, no consideran la constante y acelerada evolución que han sufrido los diversos procesos productivos con la incorporación de tecnologías de punta en el mercado industrial y las compañías se ven en una constante reinversión derivada de las oleadas de tecnologías que cada vez se hacen más cortas y generan obsolescencias de gran impacto para el capital fijo de las empresas.

Los parámetros de depreciación fiscales parecen estar desfasados de la realidad tecnológica, ya que en su mayoría fueron creados durante el auge de procesos puramente mecánicos o poco automatizados. La última modificación a las depreciaciones establecidas en la Ley del Impuesto Sobre la Renta data de 2001 y entró en vigor para la declaración del año siguiente y sólo incorporó algunos detalles menores en lo referente a maquinaria y equipo.

Los procesos productivos de hace 30 años, no contemplaban los niveles de instrumentación que actualmente ofrece el mercado. Hoy en día, el porcentaje de la inversión atribuido a las redes de instrumentación para la automatización de los procesos, sin duda es representativo.

La consultoría destaca que el mundo financiero en materia de activos fijos a nivel internacional, por medio de las Normas Internacionales de Información Financiera (IFRS, por sus siglas en inglés), fue puesto a prueba por la obligación de reconocer componentes de inversión con base a la diferencia de vida útil que presentan con respecto al total del proyecto, por lo cual resultaría atractivo analizar esta posibilidad para efectos fiscales.

Aunque reconoce que la revisión de las categorías actuales no es algo que sea una prioridad para la agenda fiscal, considera importante que las compañías cuestionen la forma en la cual sus financieros o fiscalistas definen los rubros sobre los cuales recaen sus inversiones, ya que el hecho de que una parte de la inversión sirva para el funcionamiento de la maquinaria, no significa que tenga que ser categorizada como tal y más bien podría ser atribuido a elementos de cómputo o electrónicos.

Por ello, sugiere una categorización con base en la naturaleza de las inversiones, para establecer una administración fiscal eficiente que impacte en los flujos de efectivos de una compañía.

ppc

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